Características de la Ciencia ilustrada


A pesar de que la Monarquía hispánica y sus instituciones efectuaron una gran labor científica, los resultados científico-técnicos de la España ilustrada no consiguieron el nivel de éxito comparado con los obtenidos por las grandes potencias europeas. Aunque no faltaron individualidades de gran talla, la ciencia española fue más débil institucionalmente que las de otras monarquías. De hecho, este proceso científico y tecnológico dejó entrever cuáles fueron las características principales del desarrollo de la ciencia española dieciochesca: militarización, centralización, utilitarismo y americanismo.

En efecto, los diversos institutos militares de la monarquía tuvieron una actuación fundamental en el progreso científico español, de tal forma que en realidad se efectuó una militarización de la ciencia hispana, motivada esencialmente por cuestiones generales de carácter geopolítico. Los programas de renovación de las fuerzas armadas exigían técnicos cualificados en el terreno de la artillería y la marina. La guerra requería tecnología y ésta precisaba, a su vez, de investigación científica de base. Además, las fuerzas armadas eran las principales demandantes de productos manufacturados y, por tanto, estaban también interesadas en un abundante y barato aprovisionamiento.

Por otro lado, si algo era fácil de manejar por parte del poder real y de sus ministros eran las instituciones militares. La introducción de novedades era allí más fácil que en la universidad. Así que matemáticas, química, astronomía, metalurgia, medicina o náutica fueron en buena medida disciplinas que se cultivaron especialmente en las instituciones militares. La monarquía fue la que más se aplicó en la importancia de profesionales y científicos para la mejora inmediata de problemas prácticos que se iban planteando, política que a largo plazo supuso a veces una subordinación de las inversiones de base.


LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA


El progreso interés de los gobiernos por el desarrollo científico-militar y sus múltiples aplicaciones supusieron en la práctica una relativa centralización de la actividad investigadora. La monarquía pasó a impulsar y controlar instituciones dedicadas al desarrollo de disciplinas científicas concretas de las que a juicio de los gobernantes estaba falto el país. Las academias y colegios cubrieron la triple vertiente de ser centros dedicados a la docencia, a la actividad científico-técnica y a la protección profesional, entidades que, por lo demás, siempre estuvieron tuteladas por los gobiernos. El reformismo fue muy normativo y bastante celoso de guardar las competencias que le permitían asegurar un proceso uniforme y controlado de la actividad científica, por lo demás tan relacionada con la constante aspiración gubernamental al crecimiento de la economía.

Ahora bien, partieran las iniciativas del gobierno o de los particulares (sobre todo de la burguesía comercial), resulta a todas luces evidente que se pretendió dar un sentido eminente práctico a las instituciones científico-docentes: la ciencia debía tener una clara vertiente utilitaria. La química tenía que servir para la metalurgia y para los tintes; la náutica y la astronomía para la armada y el comercio; el diseño y el dibujo para los tejidos, al igual que la geometría; la botánica, la medicina y la farmacia debían procurar adelantos notables en la curación de los enfermos.

Esa necesidad práctica hizo que junto a la ciencia pura se buscara a la aplicada, junto a la conquista de conocimientos la divulgación de los mismos en los diversos centros de enseñanza. Y cuando la difusión tomaba forma escrita, la Imprenta Real tenía un importante papel en el desarrollo textual de algunas ciencias. Casi todo estuvo pensado al servicio de la utilidad: los científicos hispanos partían de las necesidades más inmediatas para girar su vista hacia la investigación. El objetivo preferente fue conseguir buenos técnicos capaces de solucionar problemas concretos aplicando conocimientos. Desde la segunda mitad del siglo, se asistió al triunfo de lo empírico por encima de lo teórico, que pasó a segundo plano aunque no desapareció. Y, según los expertos, no debió de ser extraño a este fenómeno la implantación del eclecticismo como filosofía oficial.


EXPEDICIÓN POLÍTICO-CIENTÍFICA ALREDEDOR DEL MUNDO
POR ALEJANDRO MALASPINA


América se convirtió en un excelente campo de actuación privilegiado. Se efectuó un americanismo de la ciencia española, fenómeno expresado a través del interés que gobernantes y científicos demostraron por aquel continente. Los virreinatos americanos eran parte esencial del plan de reforma ilustrada y todo lo referente a ella interesaba sobremanera.

Las diversas disciplinas y las diferentes instituciones científicas españolas se preocuparon de su agricultura, de su geografía, de sus minas, de su cultura y de su historia. Las secretarías de Hacienda o de Indias, el Jardín Botánico o el Real Gabinete de Historia Natural, por ejemplo, parecieron contribuir a un mismo fin: conocer mejor América para sacarle más adecuadamente sus frutos.

La meta a conseguir fue siempre la misma: explorar más racional y sistemáticamente el gran tesoro que las Indias atesoraban. La ciencia era, en este sentido, un elemento imprescindible en el conjunto de medidas que debían permitir tan importante objetivo de interés nacional. Las expediciones científicas o el viaje ilustrado a las Américas estuvieron en la agenda de los investigadores y políticos españoles.

Con estas características fundamentales, el Siglo de las Luces vio florecer en las diversas disciplinas científicas y tecnológicas una serie de significadas realizaciones que, sin llegar a resultar espectaculares y sin poder comparase con las que se estaban produciendo en los países más avanzados de Europa, sí que produjeron un doble efecto: primero, sirvieron para avanzar en determinadas parcelas concretas del conocimiento; segundo, en términos más generacionales, puede afirmarse que pusieron los fundamentos para que en algunas áreas científicas entraran incipientemente los rudimentos básicos de la ciencia moderna.

Ascetismo católico de Juan de Ávila


Una de las figuras principales de la Espiritualidad española del Siglo de Oro, especializado en el pensamiento ascético.


SAN JUAN DE ÁVILA


Juan de Ávila nació en 1500, en Almodóvar del Campo (Ciudad Real). En 1514, comenzó sus estudios en Derecho en la Universidad de Salamanca, hasta 1520, año en que continuó con Artes y Teología en la de Alcalá de Henares hasta 1526. Se había formado en un ambiente humanista y erasmista, teniendo como profesor a Domingo de Soto, y como amigos a Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada, a Francisco de Osuna y, tal vez, a San Ignacio de Loyola.

Después de ordenarse sacerdote en 1526, residió dos años en Sevilla, con pretensiones de marchar, junto al nuevo obispo del virreinato de la Nueva EspañaJulián Garcés, a las Indias para tomar parte en las misiones evangelizadoras.

El arzobispo Alonso Manrique de aquella ciudad le retuvo para ayudarle como predicador, una tarea que se convertiría en el eje central de su vida y su obra, hasta el punto de recibir el apodo de "Apóstol de Andalucía".

En 1532 fue denunciado a la inquisición sevillana y encarcelado durante un año en el Castillo de San Jorge, en Triana, como presunto adicto a la doctrina luterana. En realidad, fue por haber escrito el comentario al salmo XLIV Audi filia et vide, escrito a petición Sancha Carrillo, hija de los señores de Guadalcázar.

Este libro, de tendencia erasmista, fue un verdadero compendio de ascética, que marcó positivamente la posterior literatura y pensamiento de este género, de manera que no hay en todo el siglo XVI autor de vida espiritual tan consultado como Juan de Ávila. El comentario Audi filia llegó a publicarse en Alcalá de Henares en 1557, bajo el reinado de Felipe II, quien ordenó guardar un ejemplar en la Biblioteca de El Escorial por tenerlo en estima.

Recobrada la libertad, se instaló en Córdoba en 1535, por petición del obispo Álvarez de Toledo, aunque con frecuencia se ausentaría de esta ciudad para predicar en otras villas. Allí logró despertar la vocación religiosa del duque de Gandía y marqués de Lombay, futuro San Francisco de Borja; llegando a ser el padre espiritual de Juan Ciudad Duarte, futuro San Juan de Dios, de Luis de Granada, y de Sancha Carrillo. Predicó en la Sierra de Córdoba, como amigo del obispo Cristóbal de Rojas, también anduvo por el sur de La Mancha y Extremadura. Fundó numerosos seminarios y colegios y organizó la Universidad de Baeza. Y mantuvo correspondencia con Teresa de Ávila y con Ignacio de Loyola, con el que colaboró. Si finalmente no ingresó en la Compañía de Jesús fue por cuestiones de edad y de salud, porque enfermó en 1554, hasta que murió en 1569 en Montilla, donde está enterrado.


SAN JUAN DE ÁVILA


De una influencia notable, sus palabras fueron fuente de inspiración para muchos escritores sacerdotales coetáneos y posteriores: Antonio de MolinaLuis de la PalmaLuis de la PuenteCarlos BorromeoBartolomé de los MártiresDiego de EstellaPierre de BérulleAlonso RodríguezFrancisco de SalesAlfonso María de LigorioAntonio María Claret, entre otros.

Tradujo la Imitación de Cristo de Kempis (1536), y su pensamiento, resumido en su Tratado sobre el amor de Dios, fue reconocido como propio por Ignacio de Loyola.

Fray Luis de Granada re redactó la primera biografía del sacerdote manchego en 1588, titulada Vida del Padre Maestro Juan de Ávila y partes que ha de tener un predicador del evangelio. Fue beatificado por León XIII en 1894, declarado Patrono del clero secular español por Pío XII en 1946, canonizado por Pablo VI en 1970, y proclamado doctor de la Iglesia por Benedicto XVI en 2012.

Juan de Ávila ha pasado a la historia del pensamiento cristiano como un escritor ascético. Gran conocedor de la Patrística, fue influenciado sobre todo por San Agustín, que fue el autor a quien más citaba en su obra. Pero también dejó patente la influencia del Idealismo Platónico y Neoplatónico. Su doctrina se caracteriza por la radical subordinación del Yo a la Fe. Para Juan de Ávila, amar verdaderamente a Dios, suponía renunciar a toda exigencia autocéntrica, como escribió en su Epistolario espiritual:
"Demos, pues, nuestro todo, por el gran todo, que es Dios."
Y en una de sus cartas escribió: "Quien a Cristo ama, a sí se ha de aborrecer"; y en otra:
"Pongámonos en Dios, no hagamos caso de nos, mas de Dios; no nos duelan nuestras pérdidas, mas las de Dios, que son las ánimas que de Él se apartan."
El pensamiento místico y ascético de Juan de Ávila fue toda una contradicción en la Europa moderna de su tiempo. El movimiento del Renacimiento, que proclamaba al hombre como centro del universo, chocaba de frente con su sumisión del hombre hacia Dios. No solo anticipaba la posición de los demás místico españoles, sino también la de autores extranjeros como Pascal, Soren Kierkegaard o Karl Barth.

Su estilo oratorio y literario era propio del Renacimiento, utilizando un lenguaje claro, concreto y cercano, pero haciendo uso de refranes y dichos populares, también un vocabulario tosco, característico del castellano de su tiempo, pero alcanza en ocasiones una belleza excepcional.

La obra más representativa de su pensamiento fue el anteriormente citado Epistolario espiritual para todos los estados, publicado en Madrid en 1578. Se trata de una colección de cartas ascéticas dirigidas a todo tipo de personas humildes y poderosas, religiosas y profanas, pero también a San Ignacio de LoyolaSan Juan de Dios, y sobre todo monjas y devotas como Sancha Carrillo.

Escribió unos Memoriales para el Concilio de Trento, para el arzobispo de Granada, Pedro Guerrero; y unas Advertencias al Concilio de Toledo, para el obispo de Córdoba Cristóbal de Rojas, que habrían de presidir el Concilio de Toledo de 1565 para aplicar los decretos tridentinos. La doctrina de san Juan de Ávila acerca del sacerdocio quedó esquematizada en un Tratado sobre el sacerdocio.

También compuso un libro acerca del Santísimo Sacramento y otro Del conocimiento de sí mismo, y un Contemptus mundo nuevamente romançado (Sevilla, Juan de Cromberger, 1536).

Otras obras suyas son el Comentario a la Carta a los Gálatas (Córdoba, 1537), Doctrina cristiana (Mesina, 1555 y Valencia, 1554), Memorial a Trento (1551 y 1561) y Dos pláticas a sacerdotes (Córdoba, 1595).


SAN JUAN DE ÁVILA


Aunque Juan de Ávila no alcanzó en Europa el reconocimiento de otros literatos de mística y ascética española como Santa Teresa o Juan de la Cruz, pero sus obras fueron prontamente impresas en Italia, Francia y Alemania.

Según escribió Pierre Pourmat en el tercer volumen de su obra La spiritualité chretienne:
"Juan de Ávila se elevó a los estados místicos más sublimes."
Los tratadistas extranjeros elogiaron sobre todo el Epistolario del Beato, siendo uno de ellos E. Allison en sus Studies of the Spanish Mystics:
"Ninguna de las obras de Juan de Ávila, ni por su estilo ni por su contenido, es tan notable como sus Cartas."
De manera parecida hizo el alemán Ludwig Pfandl, quien señaló en su Historia de la literatura nacional española en la Edad de Oro, que las Cartas de Juan de Ávila son junto a las de Santa Teresa "los mejores modelos del arte clásico epistolar en España".

Mentalidad católica en la Edad Moderna


La portentosa expansión de España en el siglo XVI se debió a que estaba de cruzada y cada español estaba convencido de su misión trascendente: la unificación del mundo bajo la fe católica. España era un país poco poblado y no especialmente rico, y el resultado de su hegemonía fue alcanzada gracias a que se hizo en nombre de Dios. En este sentido, la historia dejó de ser política, económica o bélica para ser historia de la religión, de la cultura y del pensamiento. Como dijo Menéndez Pelayo, España era esencialmente un "pueblo de teólogos".

La España de los Reyes Católicos no sólo fue un territorio unificado y acrecentado bajo la misma Corona, ya que dejó también un ambiente de reforma social que afectaba a todos los estamentos y sectores (la administración, la nobleza, las órdenes religiosas, la universidad, etc.) y que hacía de la España del Renacimiento la sociedad más moderna de su época.

En el origen de esas grandes reformas estuvo el cardenal Cisneros, un franciscano natural de Torrelaguna (Madrid), arzobispo de Toledo, confesor de la reina Isabel I, responsable de la evangelización de los moros de Granada, y regente de Castilla tras la muerte de la reina. Reformó las órdenes religiosas, y con ello consiguió que mientras que en otros países de Europa la decadencia eclesiástica generaba la reforma protestante, en España la Iglesia estaba mucho más sana, y en cierto sentido, se había convertido en la columna verbal del país.



EL CARDENAL CISNEROS DIRIGE LA CONSTRUCCIÓN DEL HOSPITAL DE LA CARIDAD DE ILLESCASPOR ALEJANDRO FERRANT (1892)


Dentro de esa política reformista se encontraba la fundación de la Santa Inquisición, que fue un imperativo de la política moderna habitual en todos los países de Europa con el Renacimiento. Su cometido era conseguir sociedades homogéneas y pacificadas. En una época donde la paz social dependía de la unidad religiosa, asegurar la ortodoxia es un objetivo de primera importancia. Pero la Inquisición fue una institución creada por primera vez en el siglo XII por órdenes de los reyes de Francia para perseguir a cátaros y albigenses.

En la España renacentista, la Inquisición se fundó para combatir las prácticas judaizantes de los conversos. La leyenda negra anti-española ha exagerado mucho la crueldad represiva, que para nada es cierta si se compara en el siglo XVI con las matanzas anabaptistas en Alemania y Holanda, con las hogueras de Calvino en Suiza, con las cruentas persecuciones de católicos bajo Enrique VIII e Isabel I de Inglaterra. Cualquiera de estos desafortunados episodios fueron en menos tiempo más crueles que dos siglos de Inquisición española.

Además, la Inquisición española era bastante más permisiva que muchas otras europeas, ya que en la España del siglo XVI se podía estudiar a Maimónides, Averroes, Copérnico, Giordano Bruno, etc. y la lista de autores prohibidos era realmente escasa. Por otra parte, entre los inquisidores generales abundaban auténticos mecenas: fray Diego de Deza protegió a Colón; Cisneros fundó la Universidad de Alcalá de Henares, editó a Ramón Llull y protegió a Antonio de Nebrija; Alonso Manrique que era amigo de Erasmo, etc.

La imbricación entre política y religión fue del todo determinante para la creación del concepto de España en la memoria colectiva. La Inquisición era la única institución de la Monarquía hispánica con atribuciones en cualquier parte de España, fuera en la Corona de Castilla o en la de Aragón. Tal como afirma Bartolomé Bennassar, "la Inquisición penetró en la estructura mental de todos los españoles", por lo que podría afirmarse que este perverso tribunal consolidó la idea de España como una unidad.

Consciente de la importancia de la unidad religiosa para la consecución de la unión política, el papa Alejandro VI, un español oriundo de Játiva, llamado Rodrigo de Borja, otorgó el título de Católicos a Isabel y Fernando en una bula de 1496, aduciendo la expulsión de los judíos del territorio peninsular, la conquista de Granada o la promesa de iniciar una cruzada contra los ejércitos otomanos. Aquella bula hizo más patente que nunca la unión entre Iglesia y Estado.

De esta forma, se puede afirmar que la religión católica ha representado un papel protagonista en la forja de España como nación, si bien, en no pocas ocasiones, se han instrumentalizado los principios religiosos para conseguir fines políticos.



FELIPE II OFRECIENDO AL CIELO AL INFANTE DON FERNANDO,
POR TIZIANO (1573)


La teoría del poder en la España del siglo XVI era inseparable del triunfo de la religión. El objetivo era la unidad del mundo en torno a la fe. El poeta Hernando de Acuña lo expresó así:
"Ya se acerca, Señor, o ya es llegadala edad dichosa en que promete el cielouna grey y un pastor en suelo,por suerte a nuestros tiempos reservada.Ya tan alto principio en tal jornadanos muestra el fin vuestro celo,y anuncia al mundo más consueloun monarca, un imperio y una espada."
En este contexto de valores, de principios, de creencias, los españoles del siglo XVI se ven a sí mismos como portadores de una misión. Dentro de la composición social, los porcentajes de militares y de religiosos fueron elevadísimos. Unos y otros afrontaban la vida con ese espíritu de misión. El fervor religioso era una señal de identidad y existía una conciencia muy aguda de la virtud, y también por eso pudo haber una extraordinaria generación de religiosos que alcanzaron la santidad. Los valores máximos del caballero cristiano hispánico eran el amor, el honor y la religión.

Esta mentalidad de entrega de la vida por un ideal religioso no surgió espontáneamente, sino que fue forjándose durante duros siglos de Reconquista contra el sarraceno islámico. Esta misión de llevar el Cristianismo hacia el sur peninsular fue completada a finales del siglo XV con la toma de Granada, pero abrió la puerta a nuevas empresas y misiones con la toma de algunas plazas norteafricanas, las islas Canarias y el descubrimiento del Nuevo Mundo.



EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS, POR EMILIO SALA CLAIM (1889)


Con esta mentalidad, Santa Teresa de Jesús entregó su vida a la consecución de una misión. Su hermano Rodrigo falleció en América luchando contra los araucanos, y Teresa lo consideró un mártir por morir en defensa de la fe. Cuando afrentó la reforma del Carmelo en 1560, lo hizo en términos de un endurecimiento de la autoexigencia. Ese mismo año fue el Concilio de Trento y también la entrada del duque de Alba en Flandes.

Ese era el espíritu de la España de esa época, porque todo en la España del siglo XVI apuntaba en la misma dirección: un solo rebaño y un solo pastor; una autoridad política, que es el emperador, bajo una autoridad espiritual que es la Cruz, y un pueblo decidido a ser espada y brazo de Dios, un Dios que se entiende necesariamente como soberano. La propia Santa Teresa expresó esa idea del Dios Soberano en uno de sus poemas, Pastores que veláis, desde una perspectiva enteramente religiosa:
"¡Ah, pastores que veláis,por aguardar vuestro rebaño,mirad que os nace un cordero,hijo de Dios soberano!Viene pobre y despreciado,comenzadle ya a guardar,que el lobo os le ha de llevar,sin que le hayamos gozado.Gil, dama acá aquel cayadoque no me saldrá de mano,no nos lleven al cordero,¿no ves que es Dios soberano?"
Como Dios es soberano, es de ley que reine, y que reine a través de la espada del rey. Es la misma idea medieval del Imperio, trasladad a una estructura política ya moderna y renacentista. Y quien no aceptase ese reinado de Dios soberano, o se levante contra él, tendrá que habérselas con la espada del rey en la tierra, es decir, con los españoles. Las guerras de religión, la lucha contra el turco, las querellas con los protestantes, el avispero de Flandes o el sistema de colonización en América son fruto de esta concepción religiosa.



CARLOS V DOMINA EL MUNDO, POR PETER PAUL RUBENS (1604)


Para Carlos I, como para cualquier príncipes de aquel tiempo, la libertad religiosa no era un concepto importante por sí mismo, porque no se pensaba en términos de libertades individuales, sino en términos de orden colectivo. Si el orden del mundo se basaba en la unidad del orbe cristiano, tolerar disidencias equivalía a que el orden del mundo se rompiera, y eso era tenido por obra claramente diabólica. Por eso hubo que hacer una guerra en Flandes contra los calvinistas, y por eso hubo esos enfrentamientos con la Inglaterra de Isabel I, que perseguía a los católicos. No era posible permitir que la herejía se expandiera, y quienes lo permitiesen cometían un pecado atroz. El propio emperador, en sus últimos años, meditaría hasta el infinito sobre sus responsabilidades en no haber podido acabar con la herejía luterana. Lo que le movió no fue el odio a Lutero, sino el sentimiento de culpa por no haber cumplido enteramente lo que él consideraba como su deber más sagrado. Así hablaba el anciano emperador con los monjes del monasterio de Yuste:
"Mucho erré en no matar a Lutero, y si bien le dejé por no quebrantar el salvoconducto y palabra que le tenía dada, pensando de remediar por otra vía aquella herejía, erré. Yo no estaba obligado a guardarle la palabra, porque la culpa del hereje contra otro señor mayor, que era Dios. Y yo no debí guardarle la palabra, sino vengar la injuria hecha a Dios."
Es esa mentalidad, esa convicción, la que explica el impresionante movimiento religioso en la España del siglo XVI. San Ignacio de Loyola, un militar guipuzcoano que defendió Pamplona contra el asedio de los franceses, fundó en 1534 la Compañía de Jesús, que muy pronto se convirtió en la más formidable organización misionera de la Iglesia católica. Santa Teresa de Jesús, abulense, fundó hacía 1560 la Orden de las Carmelitas Descalzas. San Pedro de la Cruz, en la estela de Santa Teresa, reformó a su vez la rama masculina de los carmelitas. El portugués Tomás de Jesús reformó la Orden de los Agustinos Descalzos antes de morir mártir en Marruecos. San Juan de Dios, también de origen portugués, soldado en los ejércitos de Carlos V, se entregó a la vida religiosa y fundó en Granada hospitales para pobres que serán el origen de la Orden de los Hospitalarios. El aragonés San José de Calasanz fundó escuelas para niños pobres, las Escuelas Pías.


LA RELIGIÓN SOCORRIDA POR ESPAÑA, POR TIZIANO (1571)


En América y en las islas Filipinas se desarrollaron una multitud de obras misioneras. Se levantaban iglesias y catedrales y se fundaban universidades dirigidas por eclesiásticos, en el virreinato de Nueva España el guipuzcoano Francisco de Zumárraga fundó la Universidad de México, instaló la primera imprenta y se dedicó a impartir justicia entre nativos y colonos. El navarro San Francisco Javier fue denominado el "apóstol de Asia", el paradigma de misionero moderno. Cofundador de la Compañía de Jesús junto a su amigo Ignacio de Loyola, estuvo realizando una labor de evangelización y fundación de iglesias y centros de beneficencia por Filipinas, China y Japón hasta que la muerte le convirtió en un mártir por llevar el Cristianismo hasta los confines del mundo desconocido.

Se realizaban estudios antropológicos sobre la cultura y modos de vida de las etnias pero con una finalidad: conocer mejor a los nativos para introducirles de forma más efectiva y pacífica en el Cristianismo. En aquellos primeros estudios de la etnografía moderna destacaron religiosos como el leonés Bernardino de Sahagún o el burgalés José de Acosta.

Hay que tener en cuenta que las Bulas Alejandrinas otorgadas en 1493 por el papa Alejandro VI a los Reyes Católicos permitía el derecho a conquistar América, pero a cambio tenían la obligación, convertida en una misión, de evangelizar a los nativos americanos.

En América no se llegó a implantar un sistema de colonias comerciales nutridas con mano de obra esclava, al estilo portugués o inglés. Lo que se consiguió fue una colonización y una organización territorial acorde con la evangelización, un sistema de ciudades estables y encomiendas, y el establecimiento de una ley que protegió a los nativos de los abusos y excesos que cometieron los primeros colonizadores. Incluso sometió a juicio la propia legitimidad moral de la Conquista, como ocurrió en la Controversia de Valladolid.

En aquella Junta de Valladolid convocada por el emperador Carlos I en los años 1550 y 1551, se estableció el primer debate entre teólogos y juristas para analizar el modo en que se estaba realizando la colonización de las Américas, la licitud de la empresa y los derechos de los indígenas americanos, que dio lugar al primer debate sobre los Derechos Humanos. Supuso el triunfo de las tesis iusnaturalistas y los principios del Derecho Internacional de Gentes del alavés Francisco de Vitoria, cuya puesta en práctica fue la aprobación de las Leyes de Indias.

El pensamiento teológico de Vitoria estableció las bases por las que un Estado puede iniciar el dominio de las tierras descubiertas, desarrollando siete Justos Títulos:

1. Los españoles tienen el derecho de propagar la religión cristiana en América.

2. La protección de los naturales convertidos al cristianismo cuando sean perseguidos por otros pueblos paganos.

3. Si los indios ya son cristianos, el Papa puede darles como señor cristiano a los Reyes Católicos.

4. Cuando hay delitos contra-natura, los españoles están obligados a intervenir.

5. Los indios libremente toman como rey al rey de España.

6. En las guerras indias, si los españoles actúan como aliados de unos u otros, también participan de los beneficios.

7. No podía ser afirmado con certeza, pero sí traerse a discusión. La consideración de los indios con su atraso, rústicos, discapacitados... deben ser protegidos.

En el pensamiento, la Escuela de Salamanca desarrolló toda una corriente filosófica-teológica a partir de la obra de Francisco de Vitoria. Fue la primera corriente de pensamiento de carácter económico, moral y jurídico que debatió los problemas y dilemas morales derivados del innovador sistema comercial y de la mentalidad neo-mercantilista generada en Europa durante la Modernidad y el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Este movimiento fue llevado a cabo por un grupo teólogos escolásticos de la Universidad de Salamanca, durante los siglos XVI y XVII, con novedosas aportaciones de Francisco de Vitoria, Matín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Domingo de Soto, Luis de Molina y Domingo Báñez. Tuvieron una importancia decisiva en el Concilio de Trento, donde impusieron con argumentos las tesis de la Contra Reforma religiosa, ya que el Pensamiento español estaba a la cabeza intelectual de Europa.

En la misma ola, toda la cultura española del periodo transmitió sentimiento religioso, especialmente en las artes y las letras. En la literatura mística, además de Santa Teresa y San Juan, estaban fray Luis de Granada y fray Luis de León. Pero también en la obra de literatos como Garcilaso, Alonso de Ercilla o Cervantes transpiró su mentalidad católica. En la música destacaron Juan de la Encina, en la pintura y la escultura, Pedro y Alonso Berruguete, Juan de Juanes, Alonso Cano, Sánchez Coello, El Greco, Juan de Oro: un Siglo de Oro español que, en realidad, fueron dos: XVI y XVII. Fueron los siglos de la conquista del espíritu.

Mentalidad católica en la Reconquista


El proceso que realizaron los Reinos cristianos hispánicos frente al islam durante ocho siglos de nuestra historia, denominado Reconquista, se trató de una Restauración de la España perdida, del extinto Reino Hispanovisigodo. Fruto de este esfuerzo surgió durante la Edad Media una nueva mentalidad en la Cristiandad que legitimaba su lucha, que repoblaba el territorio recuperado, que recobraba el Derecho romano, o que idealizaba la España cristiana de su patrón el apóstol Santiago. Una creencia en la necesidad de Reconquista y Restauración.

EL TRIUNFO DE LA SANTA FE, POR MARCELINO SANTA MARÍA


1. LA LEGITIMIDAD DE RECONQUISTA

Desde mediados del siglo IX, Europa se hallaba sometida al empuje de las llamadas "segundas invasiones", ejecutadas por los vikingos (normandos), magiares (mongoles) y sarracenos (musulmanes mediterráneos). A los reinos y condados cristianos que se formaron al norte de la península Ibérica le correspondió el protagonismo en este tercer frente.

Así fue como surgieron los primeros focos de resistencia y poder territorial, que derivaron en los condados y reinos cristianos hispánicos. Los monarcas asturianos iniciaron la marcha instalándose en la línea del Duero, con tres reinos bien definidos: Portugal en el Oeste, León en el Centro y Castilla en el este. En la otra mitad del norte peninsular, en la línea del Ebro los francos eran dueños de la antigua provincia de Septimania, una larga franja de condados, desde Pamplona a Barcelona, que restablecían el nombre común de Hispania: Marca Hispánica. Fue en el Pirineo en donde se empleó por primera vez el término "espanyol". Esta serie de condados se unieron formando el Reino de Navarra al oeste del Ebro y la Corona de Aragón en el centro y este del valle del mismo río.

La gran resistencia comenzó en el año 920 y duró algo más de ochenta años. Abd al-Rahman III controlaba las dos terceras partes del territorio hispano, quedando el Sistema Central como línea fronteriza. En un principio la superioridad numérica de los musulmanes hicieron creer en la victoria, pero ya en dos fechas clave 932 (Osma) y 939 (Simancas/Alhandega), las fuerzas califales sufrieron terribles derrotas. Los cristianos consiguieron avanzar sus líneas hasta la cordillera fronteriza.

La resistencia continuó con la llegada al poder califal de Al-Mansur el Victorioso, que contrató mercenarios de diversos países adeptos a sus jefes antes que a una comunidad, rebasando las posibilidades de la economía andalusí.

Durante veinte años Almanzor asentó terribles golpes sobre la España cristiana. Sólo Burgos y Oviedo se libraron de los musulmanes. Compostela fue saqueada, llevándose a Córdoba las campanas que guiaban las horas de los peregrinos. Pero la España cristiana resistió, los campesinos volvían a la tierra después de que los depredadores se retiraran.

El impulso árabe se frenaba en buena medida a finales del siglo XVIII y principios del IX. Los reinos cristianos peninsulares resistieron al empuje del islam. Y es, precisamente, como consecuencia de presión del Islam el nacimiento de conciencia de frontera cristiana, de valladar, y de defensa de la fe católica que unificarían a los pueblos resistentes. Durante los siglos IX y X se forjó la mentalidad de Reconquista en los reinos cristianos peninsulares, herederos de la España perdida, ya que todos sabían que provenían del extinto Reino Hispano-visigodo.


CONDADOS DE LA MARCA HISPÁNICA, SIGLO IX


La Reconquista no es un mito ni una leyenda, existió como que una realidad. Los cristianos de aquellos reinos del norte peninsular participaron en la gesta de manera muy consciente y sentida de lo que estaban haciendo: ocupar unos territorios que no eran suyos en titularidad, pero que tomaban de su consideración.

La mentalidad de Reconquista estuvo formada por dos motivaciones:

1- La voluntad política, el derecho a recuperar unas tierras legítimas. Cada reino sentía la legitimidad de reconquistar un viejo reino, el Reino Hispano-visigodo, la diferencia entre ellos era el uso de la potestad.
2- El espíritu religioso, la llamada de Dios a recuperar para la Cruz unas tierras ganadas por el Islam.

En el siglo XI, se empleó, por primera vez, el término cruzada: lucha en defensa de la Cruz. Fue en 1064 y se refirió a la expedición que tenía como objetivo la conquista y conservación de Barbastro.

Las élites de los reinos cristianos, tanto nobles como clérigos, tomaron conciencia de realizar esta misión, y miles de familias decidieron lanzarse a la aventura de la repoblación territorial tras la reconquista militar.

Esta conciencia no sólo se vivió en las iglesias, también en los palacios, en los campos y en los pueblos, alcanzado a todos los estamentos sociales.

Estimulando estos procesos, hay unas sociedades expansivas, bien organizadas, con fuerte demografía, que encontraron en la repoblación una vida con nuevas expectativas. Miles de familias de los montes cantábricos, gallegos y vascos se fueron instalando en el valle del Duero, siempre cada vez más al sur, de mismo modo que, algunos años más tarde, otras familias del Pirineo irán bajando hacia el valle del Ebro y hacia la plana de Vic, tomando posesiones de tierras y, en definitiva, poniendo carne y espíritu a la Reconquista.


CABALLEROS CRISTIANOS


2. LA VOLUNTAD DE RESTAURACIÓN

La tarea de Reconquista y Restauración consistía ante todo en estas dos operaciones: ocupar primero la tierra y luego defenderla. Para hacer realizable esta empresa, era necesario contar con más personas de las disponibles. La ética cristiana de aquella época se oponía radicalmente a la contracepción, por ello no tuvo más remedio que abrirse a las nuevas necesidades de favorecer el número de nacimientos y permitir la descendencia ilegítima.

Para conseguir que los campesinos se instalasen en la tierra vacía y la defendiesen después, era necesario concederles condiciones jurídicas más soportables que las de sus lugares de origen. Surgieron aquí dos condiciones pioneras en Europa: dar calidad de beneficio a la tierra que directamente se trabajaba y otorgar a los pequeños propietarios, cada vez más numerosos, los privilegios de la nobleza (caballería villana).

Estos fueron los alicientes que consiguieron que numerosos cristianos del norte peninsular participaran tanto en la lucha militar, principalmente, de Castilla y Aragón como en la fundación de villas. Y estas circunstancias fueron configurando una mentalidad de campesino-soldado hispánico muy particular.

Los reinos cristianos peninsulares se expandieron hacia el sur como espacios de libertad para el campesinado, mientras que en zonas del norte como en Galicia, en el norte de Cataluña o en las Provincias vascongadas la servidumbre se mantenía.

Este modelo de avecinamiento mediante fundación de villas y la asignación de Fueros privilegiados y ventajas fiscales y sociales para sus moradores fue establecido por los reyes de Castilla en los territorios que fueron reconquistando.

Por otra parte, con Abd al-Rahman II comenzaron las persecuciones contra los mozárabes. El islam revelaba cuál era la verdad de su política: los cristianos renegados debían abandonar su error para sumarse a la doctrina verdadera: la fe cristiana. Muchos mozárabes huyeron, con sus libros científicos y conocimientos culturales hacia las tierras del norte. Otros cristianos, en cambio, prefirieron resistir a las persecuciones, fueron los mártires de la Toledo y de la Córdoba del siglo IX o de la Ceuta del siglo XIII.


REINOS Y CONDADOS CRISTIANOS HISPÀNICOS
A PRINCIPIOS DEL SIGLO X


3. LA RECUPERACIÓN DEL DERECHO ROMANO

Desde comienzos del siglo X, una profunda revolución social se estaba produciendo, con distancia en relación con el feudalismo francés, que sólo en los Condados catalanes hizo acto de presencia. En todos los demás territorios (reinos, condados y señoríos) el vasallaje no pasaba de ser una relación de fidelidad, anclada precisamente en la lealtad, que garantizaba la benefactoría o behetría a la que podía acogerse también los simples propietarios. Todo esto servía de plataforma a una nobleza de dos niveles: una alta, formada por magnates o potentes directos del rey; y otra baja, formada por simples infanzones, que más tarde serían llamados hidalgos. De todas formas, seguían siendo numerosos los no propietarios que estaban sometidos a condiciones semejantes a las de los siervos, pero la libertad avanzaba.

La gran operación repobladora, frente a un enemigo que obligaba a recurrir constantemente a las armas, cambiaba muchas de las condiciones sociales. Junto a los nobles que participaron en la cruzada y repoblación con sus campesinos para llenar el espacio reteniendo la propiedad o al menos la administración, aparecieron comunidades administradas directamente por los propios repobladores que, al ser propietarios libres, recibían en título de vecinos. En muchas villas la administración recaía sobre un colegio de propietarios que solía ser un convento o iglesia denominada “conventus publicus vicinorum”, y que restablecía el viejo derecho de los ciudadanos romanos.

Se trataba de un nuevo modelo social y administrativo que se estaba implantando en los reinos cristianos peninsulares, y que sería también contagiado a los otros reinos de Europa.


SIETE PARTIDAS DE ALFONSO X


4. LA RENOVACIÓN DE LA SOCIEDAD FEUDAL

La sociedad medieval española, como la europea, se estructuraba en estamentos; era un orden social jerarquizado y segmentado. La concepción de la sociedad como articulación de estamentos era una constante de la cultura política europea desde Sócrates, que ideaba la República como un cuerpo dotado de una cabeza, un pecho y un vientre.

Cada parte del cuerpo representa un estamento social:
- la cabeza (la razón, el pensamiento) la forman las clases rectoras
- el pecho (la fuerza, el coraje) la forman los soldados
- el vientre (el alimento, el trabajo, la reproducción) la forman los trabajadores o productores

Esa estructura jerárquica determinaron la formación de los estamentos medievalesoratores, bellatores, laboratores. La división en estamentos era una plasmación, en lo social, de ese orden ideal: los religiosos, los nobles y los campesinos. A cada uno de estos estamentos se le reconocía una función social específica y, en consonancia, una condición jurídica singular.

Este orden no se tradujo en instituciones representativas generales, donde cupieron todos, hasta que el estado llano entró en las asambleas, gracias a la aportación intelectual de la Iglesia. Son los teólogos quienes, hacia los siglos XII y XIII, reactualizan la visión socrática de la comunidad política y la compaginan con el concepto latino de bien común. Santo Tomás de Aquino lo expresa de manera inmejorable: "a la hora de garantizar el bien común, será bueno hacerlo por gobernantes elegidos por el pueblo de entre el pueblo". Así aceptaron junto a los magnates y caballeros del estado nobiliario, junto a los prelados y abades del estado eclesiástico, los patricios de las villas y ciudades.

Las circunstancias de la Reconquista determinaron aquella efeméride. Los reinos cristianos hispánicos fundados después de la invasión musulmana empezaron a construir su estructura de poder sobre bases muy elementales: el rey, los nobles y los clérigos. Pero a medida que la Reconquista fue tomando impulso, se fueron formando nuevos núcleos de población y grupos humanos con una personalidad política singular: hombres libres que han construido ciudades autónomas, con un gobierno propio y tierras cultivadas para sí, que organizan mercados, y que poseían una vida económica y social independiente del poder feudal. Esa libertad implica el reconocimiento de un cierto número de derechos de naturaleza colectiva. Y como estas comunidades de hombres libres son la base de los reinos de la Reconquista, los reyes no tardan en convocarlos a las Cortes.

El rey era definido como el que ejerce una potestad plena que debe considerarse absoluta, no porque sea infinita, sino porque es independiente de cualquier otra potestad. La dependencia, en cambio, se reconocía en relación con el orden moral, ya que las leyes o fueros debían someterse a su vez a la ley divina que está establecida por Dios. De cuando en cuando, imitando la norma de los antiguos concilios, el rey convocaba una Asamblea o Curia a la que acudían los nobles y grandes eclesiásticos. En ocasiones se la denominaba Aula Plena, Curia o Corte Plena.


ESTRUCTURA FEUDAL EN LA ALTA EDAD MEDIA


5. LA POTESTAD DEL "PRÍNCIPE" CRISTIANO

Los reinos cristianos hispánicos que se constituyeron durante la Reconquista abandonaron definitivamente el sistema electivo en el siglo X para la designación de sus soberanos. Por ejemplo, en este mismo reino, León, la corona sería de transmisión electiva hasta el reinado de Ramiro I (842-850); posteriormente, fue de carácter hereditario.

El reino pasaba a definirse como una comunidad de bautizados que ocupaba un determinado territorio todavía no muy rigurosamente delimitado. El rey era definido como el que ejerce su potestad plena, que debe considerarse absoluta, no porque sea infinita, sino porque es independiente de cualquier otra potestad. La dependencia, en cambio, se reconocía en relación con el orden moral, ya que las leyes o fueros debían someterse a su vez a la ley divina que está establecida por Dios.

De cuando en cuando, imitando la norma de los antiguos Concilios del Reino Hispano-visigodo, el rey convocaba una Asamblea a la que acudían los nobles y grandes eclesiásticos. En ocasiones se la denominaba Aula Plena, Curia o Corte. Estas asambleas estaban constituidas por el brazo militar (Alta Nobleza) y religioso (Eclesiásticos), bajo la potestad del rey.

En 1188, el Reino de León convocó por primera vez en Europa al estamento civil a sus Cortes, que pasaron a denominarse Cortes Parlamentarias. Se trataba de representantes de las ciudades principales villas del reino, llamados procuradores. En ellas se reconocieron por primera vez importantísimos derechos civiles para los ciudadanos. Este importante conjunto de decretos ha sido calificado con el nombre de Carta Magna Leonesa.

En el año 1202, en las segundas Cortes Parlamentarias leonesas, y aún las segundas que se celebran en Europa, reunidas en la localidad de Benavente, se crea el primer impuesto territorial aprobado por un Parlamento, fue denominado como la "moneda forera", y es considerado antecedente también de los presupuestos generales de los estados modernos.


REAL COLEGIATA DE SANISIDORO DE SEVILLA,
SEDE DE LAS CORTES PARLAMENTARIAS DE LEÓN DE 1.188


6. LA REUNIÓN DE REINOS BAJO LA MISMA CORONA

La formación y desarrollo de los reinos cristianos hispánicos durante la Reconquista estuvo marcada por una serie de uniones dinásticas y lazos parentales entre las familias reales, siempre para sumar esfuerzos e intereses en la lucha contra el invasor y la unidad católica peninsular.

Hacia el año 1000, más de un tercio peninsular ya era cristiano. Una diagonal trazada desde Lisboa hasta Barcelona separaba la España cristiana del Califato de Córdoba. A partir de aquí la marcha hacia el sur se fue complicando, por la falta de población y la fragmentación de los reinos y condados.

Durante esta etapa de la Reconquista, los reinos cristianos luchaban contra otros cristianos y contra los moros. Reyes cristianos se aliaban con moros para luchar contra cristianos y se aliaban con cristianos para luchar contra moros, los cuales, a su vez, también se aliaban con cristianos para luchar contra otros moros, los cuales también gastan mucho tiempo y recursos en rivalidades internas que en combatir al cristianismo.

Lo que sucedió fue que el poder se dividió tanto en el sur como en el norte. El Califato, que aportaba cohesión político-religiosa al conjunto, se hundió y todo el Al-Ándalus se fue rompiendo en pequeños reinos de Taifas, bastante débiles y enfrentados mutuamente. Estos reinos sobrevivieron pagando a los cristianos para su protección.

Los reinos cristianos han detenido la marcha por falta de población para ocupar nuevas tierras, pero militarmente son más poderosos que los musulmanes, por eso los musulmanes deben comprar su independencia. Es el Régimen de parias, común a los reinos cristianos, que enriquece sus arcas en espera de reanudar la cruzada. Los reinos cristianos también se han fragmentado. Del reino de León, anteriormente de Asturias, surgieron el condado de Castilla y el de Portugal.

Por otra parte, los cristianos parecen pensar que los reinos moros de taifas ya estaban bastante hispanizados y que no eran un enemigo exterior propiamente, por lo que tampoco era cuestión principal combatir inmediatamente. Pero, por el contrario, cada vez que llegaba una invasión de un ejército africano, considerado realmente exterior, entonces todos los reinos cristianos olvidaban sus diferencias y hacían causa común, lo mismo frente a la invasión de los almorávides en el siglo XI como frente a los almohades en el siglo XIII.

La tendencia fue siempre la progresiva expansión de la cristiandad hacia el sur y, al mismo tiempo, la progresiva unificación de los reinos cristianos frente al moro.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR VICTOR MORELLI


La soberanía del territorio se encarnaba en la persona del rey, territorio que ganada en combates o por uniones matrimoniales. Este fue el caso de Sancho III el Mayor de Navarra, que gracias a las uniones dinásticas consigue reunir bajo su soberanía casi la totalidad de los territorios cristianos denominándose Hispaniarum Rex. Pero ocurría que a su muerte, la soberanía regia se dividía y repartía entre sus hijos, fragmentándose los territorios en varios monarcas, suceso que se repitió también a la muerte de Sancho III de Navarra y de Fernando I de Castilla y León.

El caso de este rey pamplonés un ejemplo de la conciencia común de pertenencia a una realidad superior llamada España, por encima de las de su reino, ya que consiguió extender su dominio político por toda la Hispania cristiana.

Si desde Alfonso II el Casto de Asturias, se empieza a gestar en España una conciencia espiritual y moral común a todos los reinos, condados y señoríos cristianos, con Sancho III el Mayor de Pamplona se concibe un mismo origen parental. Desde entonces, los reyes hispánicos se consideraron una misma familia, con un objetivo político y religioso común, a imagen de sus pueblos, que se iría consolidando con nuevos enlaces matrimoniales.

El matrimonio entre el rey de Aragón y la reina de Castilla y León, Urraca, sentó un precedente en la unión definitiva que tres siglos más tarde realizaron los Reyes Católicos. Finalmente la unión política entre estos dos reinos no se consumó por cuestiones referidas a las formas y los tiempos de esa unidad indiscutible en su legitimidad.

Durante toda la Reconquista siempre existió una unión estrecha entre los diferentes reinos castellano, leonés, aragonés y navarro, con momentos puntuales de enfrentamientos internos pero con acuerdos, colaboraciones y relaciones familiares también. Por encima de estas diferencias los reinos cristianos hispánicos tenían la conciencia de participar en un proyecto común y de recuperar la unidad política y religiosa. El deber y la obligación de combatir unidos contra el islam fueron puestos de manifiesto cuando algún ejército proveniente de África amenazaba con invadir de nuevo la península.

Así ocurrió en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa de 1212 contra la invasión de los Almohades. Los tres reyes que participaron eran todos primos: Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra, Alfonso VIII el de las Navas, rey de Castilla, y Pedro II, rey de Aragón. El rey que faltó a la cita fue Alfonso IX de León, también era primo de los otros tres, pero además era yerno de Alfonso VIII. Alfonso II de Portugal, aunque no estuvo presente en la contienda, también aportó tropas de su realengo para combatir contra los almohades y cuya vanguardia de ataque estuvo dirigida por el señor de Vizcaya, Diego II López de Haro que comandó las huestes vascongadas.

Heredero de Alfonso VIII de Castilla y de Alfonso IX de León fue Fernando III, quien unificó definitivamente ambos reinos. Mientras tanto, el rey aragonés Jaime I el Conquistador, fue suegro de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla.

Juan I de Castilla se convirtió en el primer rey de Castilla en ser señor de Vizcaya. La esposa de Enrique II Trastámara era señora de Vizcaya por derecho propio. Las Juntas de Vizcaya aceptaron que su hijo Juan I de Castilla fuera señor de Vizcaya en 1371, y desde entonces Vizcaya fue parte de Castilla, aunque conservando sus fueros y privilegios, y sus instituciones de gobierno propias, nunca implicó una unificación.


FUNDACIÓN DEL FUERO DE BRAÑOSERA


7. EL IDEAL DEL ORIGEN APOSTÓLICO

Desde la época de Dionisio el Exiguo una noticia venía circulando por Europa: el origen apostólico de España, lo mismo que Roma. El apóstol Santiago, el hermano de Juan, había viajado hasta la Hispania romana antes de su muerte para sembrar las primeras raíces cristianas.

La mentalidad católica de la época y el espíritu de cruzada ante el invasor musulmán hizo creer entre los cristianos peninsulares en la ayuda de Santiago, por la cual, desde el cielo acaudilló a los combatientes cristianos.

El mito del apóstol Santiago surgió durante el reinado de Ramiro I, a mediados del siglo IX cuando se enfrentó con su ejército al de Abderramán II en la legendaria batalla de Clavijo. Fue el 25 de mayo de 844, cuando el rey asturiano soñó su visión a todos los caballeros y obispos: el apóstol Santiago, armado con espada y escudo y montando un caballo blanco descendía de los cielos para encabezar el ataque cristiano contra el ejército sarraceno. Tras la victoria, el rey dictó en acción de gracias el voto de Santiago, que comprometía a todos los cristianos de la península a peregrinar a Santiago de Compostela para realizar ofrendas.

Aquella batalla nunca existió, pero se sabe perfectamente que en la zona de Burgos, La Rioja, Álava y el sur de Navarra se combatió durante esa época y mucho. Pocos años más tarde, durante el reinado de Ordoño I, sucesor de Ramiro I, y cerca de Clavijo, en Albelda, hubo dos batallas, una en 852 y otra en 859.

Pero lo cierto es que aquella ilusión se convirtió en una creencia: todo cristiano tenía el deber de luchar por la Restauración de la España cristiana que se había perdido frente al islam, pero no actuaría solo, ya que Santiago le acompañaría en el combate.


SANTIAGO MATAMOROS EN CLAVIJO


El lema de guerra fue "Santiago y cierra, España!!!!" . Una arenga militar pronunciada por los ejércitos cristianos justo antes de entrar en contienda contra el invasor musulmán durante la Reconquista.

El nombre de Santiago (San Iago en castellano antiguo) revela encomendarse a la suerte de Santiago (patrón de España), era una petición de protección al santo a la vez que sirve de señal a todos los contendientes cristianos para que inicien el ataque.

El verbo cerrar en aquellos tiempos significaba entablar batalla, embestir, acometer. Seguido de una coma.

El nombre de España, sustituye a Hispania o Reinos cristianos peninsulares, es un vocativo, una petición u orden de que cierre, embista, ataque. El rey o caballero ordena, pide, exhorta a España que cierre, que embista, que ataque.

La frase nunca puede significar que Santiago cierre España, pues si cerramos antes de que salgan mal pretenden echar a los invasores. Por eso es necesaria la coma de forma escrita, ya que España es vocativo, voz de llamada, sujeto que inicia la acción de cerrar, embestir, atacar.

Durante las contiendas de la Reconquista se pronunciaron estos gritos que continuaron en las batallas del Imperio en época moderna, tanto en los Tercios como en las Armadas.


SANTIAGO MATAMOROS, CATEDRAL DE BURGOS


8. LA REVITALIZACIÓN RELIGIOSA Y CULTURAL

A lo largo del siglo IX la sociedad cristiana establecida por toda la línea pirenaica comenzó a estructurarse, principalmente, en el ámbito de los diferentes conventos y monasterios que se fueron levantando en las proximidades de núcleos urbanos y fértiles valles: Oviedo, Pamplona, Leire, San Juan de Peña, San Pedro de Siresa, Ripoll, etc. Estos núcleos religiosos se confirman como catalizadores culturales de su época y cuya labor resulta fundamental en la concepción de sus respectivos reinos.

Alfonso II buscó en las raíces góticas el esfuerzo moral para su pueblo; vigorizó el uso del Liber Iudiciorum, texto legal que le permitía un mejor gobierno sobre las gentes asturianas. Se reivindicó Oviedo como la nueva capital de los cristianos, en detrimento de la perdida Toledo.

El descubrimiento de las tumbas de Santiago el Mayor y sus discípulos fomentó el auge de las peregrinaciones y el establecimiento del Camino de Santiago que favorece el desarrollo económico, religioso, político y cultural de los nacientes reinos cristianos hispánicos. Con todo ello, empezaba a recobrarse la idea de reconquistar el antiguo Reino Hispano-visigodo.

La vinculación entre los reinos cristianos de la península Ibérica con los reinos europeos permitió la circulación de corrientes de pensamiento y movimientos literarios y artísticos. La comunicación se dio también a la inversa y, gracias al Camino, la Europa cristiana pudo enriquecerse con la aportación hispánica a la cultura.

Los peregrinos llegados de todas partes de Europa convirtieron al Camino en un catalizador para el desarrollo artístico, social y económico. Por otra parte, la Corte carolingia incluyó en su Renacimiento el culto a Santiago, sentando las bases de la Europa Medieval.

La consolidación del Camino durante los siglos XI y XII coincidió con el máximo desarrollo del arte Románico, primer estilo artístico unitario y común de la Cristiandad europea de la Edad Media, acorde con la unificación de la liturgia que entonces demanda la Iglesia. En las iglesias del norte peninsular imperaba el arte románico, por lo que Roma renacía también en las piedras monumentales.


ITINERARIO DEL CAMINO FRANCÉS DE LA RUTA JACOBEA


Los intercambios culturales surgidos de la peregrinación provocaron que este movimiento artístico, con sus variantes regionales, se extendiera por toda Europa. Sus dos focos difusores fueron la abadía y Orden del Cluny, en el centro de Francia, y la iglesia de Lombardía, en el norte de Italia. El arte cluniacense se difundió por los territorios del Camino francés (principal itinerario del Camino), mientras que el románico lombardo tuvo una gran implantación en el Reino de Aragón y en los valles pirenaicos de los Condados catalanes. La liturgia romana se fue imponiendo sobre la hispánica, y el estilo mozárabe es vencido por las nuevas corrientes europeas.

Las antiguas construcciones cristianas de techumbre de madera y reducidas dimensiones se transformaron en otras más resistentes y monumentales. En la Hispania cristiana desaparecía el eclecticismo imperante hasta ese momento, que mezclaba detalles bizantinos con influencias locales, paleocristianas o godas. Aunque sí se siguió cultivando algún componente local como los arcos fajones.

El templo románico se caracterizaba por la utilización de la planta de cruz latina, provista de cimborrios y ábsides. Su característica fundamental es la sencillez, el purismo en sus líneas y formas, que sirven como afirmación del poder político y espiritual.

La catedral es la gran creación del arte románico. Tomando sus fundamentos arquitectónicos de las basílicas romanas y bizantinas, ingenia un edifico de gruesos muros y potentes columnas. Las catedrales de peregrinación del Camino francés fueron 7: Jaca, Pamplona, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, León, Astorga y Santiago de Compostela, originalmente construidas en estilo románico. De estas siete, las de Pamplona, Logroño, Burgos y León, fueron reconvertidas en templos de estilo gótico y renacentista.

El románico de peregrinación se materializó brillantemente en lugares como Leyre, Jaca, Frómista, León y Santiago.

En el siglo XIII, la ruta jacobea se convertía en una vía de recepción de un estilo mucho más impresionante: el arte Gótico. Surgido del románico, y con los mismos planteamientos y símbolos, crea un nuevo espacio arquitectónico, un nuevo lenguaje plástico de espectacular belleza.


CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA


9. LA CONCIENCIA DE ARREPENTIMIENTO Y PEDONANZA

Los monjes de la reforma gregoriana que sustituirían a los monjes mozárabes, dieron vigor a los movimientos de paz y tregua de Dios. Los reinos necesitaban paz entre sus moradores para atacar con todas las fuerzas a los musulmanes. Se trató de acabar con los enfrentamientos feudales prohibiendo a los caballeros cristianos combatir los jueves, viernes, sábados y domingos, días de fiesta y llevar las represalias sobre los hombros de inocentes. Esto originó la reunión frecuente de Asambleas o Cortes, así como el establecimiento de una norma para el derecho de guerra.

La reforma gregoriana puso especial énfasis en uno de los logros fundamentales de la doctrina cristina: el perdón y la penitencia para los pecados. La Iglesia católica insistía en que los pecados obtuvieran de Dios su perdón siempre que a cambio de ellos se ofreciese una adecuada y fructuosa penitencia, tras el recto arrepentimiento.

En el siglo XI, y bajo el impulso de la reforma y de la doctrina de la paz de Dios, se admitió que la lucha contra el infiel en defensa de la cruz podía ser una adecuada vía para esa penitencia. La primera vez se usó el término cruzada fue en 1064 y se refiere a la expedición que tenía como objetivo la conquista y conservación de Barbastro.


PÓRTICO DE LA GLORIA DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA


10. EL CASTILLO COMO BASTIÓN DE PODER

Los Castillos son el símbolo por antonomasia de la Edad Media española. Entre los años 722 y 1422 el paisaje ibérico se llenó de estas monumentales construcciones de piedra que se alzaban poderos en enclaves estratégicos. Su número aumentó espectacularmente en esta época gracias a la expansión económica que se vivía, y a la recuperación de territorios en manos de los árabes durante centurias.

Esta coyuntura socio-económica favorable le debe mucho al Camino de Santiago. El constante trasiego de peregrinos trajo consigo movimiento de capital y población venida de otras regiones de Europa, gente que llegó cargada de conocimientos y dinero.

Alrededor de los castillos se levantaron pueblos y en su interior se formaron pequeñas y bulliciosas ciudades con molinos, herrerías y pequeños mercados. Estas fortalezas se constituyeron en los núcleos sociales más relevantes del medioevo y cuando había peligro sus gentes se refugiaban en ellos.

La sociedad de entonces era básicamente rural: la tierra suponía el elemento económico más importante, a ella se destinaba la casi totalidad de la mano de obra disponible, que muchas veces se veía obligada a coger las armas para defender las posesiones de sus amos. El castillo se erigió en elemento catalizador de todas las actividades de la sociedad, agrícolas, gremiales, militares, etc.

Las ciudadelas estuvieron, también, relacionadas de manera muy directa con la consolidación y extensión de los feudos en los territorios reconquistados a los musulmanes. El castillo solía ser la recompensa o botín por los servicios prestados en una guerra al señor, era el centro de una naciente y boyante propiedad rural, y también la primera víctima de las revueltas populares y campesinas que se sucedieron en esos siglos.

Los peregrinos realizaron su marcha hacia Compostela al abrigo de estas magníficas construcciones que se alzaban en elevadas colinas oteando el horizonte. En el camino pudieron admirar castillos como el de Javier en Navarra, el del Temple en Ponferrada, el Castillo-Palacio de Villafranca del Bierzo, etc.


CASTILLO TEMPLARIO DE PONFERRADA


11. TEXTOS HISTÓRICOS SOBRE EL ESPÍRITU DE CRUZADA

Vicens Vives en Aproximación a la historia de España:
"Con el despliegue de la contraofensiva musulmana en la Península… se desarrollará el espíritu de Cruzada, que imbuye desde entonces el ideal castellano."
"En esta época, al filo del siglo XII, surge el ideal de Reconquista como eliminación violenta de los musulmanes de las tierras de España, tanto por su calidad de "usurpadores" de lo visigodo, como, y este hecho es esencial, de adversarios de la fe católica. Europa, llevada por la misma vía en el empeño místico de rescatar los Santos Lugares, no sólo no detiene a la Cristiandad hispánica, sino que la alienta en sus aspiraciones. Por esta causa la Santa Sede adquiere desde esta centuria un papel relevante y a veces decisivo en el hacerse de España."

Para Claudio Sánchez Albornoz, en España, un enigma histórico:
"La Reconquista no fue ni guerra santa ni cruzada, como la entendió la Cristiandad occidental durante los siglos XI al XIII. Porque no se llevó a cabo con fines religiosos, como se acometieron las cruzadas ni se buscó la extensión de un credo religioso por la espada."

Sin embargo concluye diciendo que:
"... fue una guerra divinal porque no puede equipararse... con las otras contiendas que conoció Europa durante el Medioevo."

En cambio, Menéndez Pidal defiende la Reconquista como cruzada al escribir en La España del Cid:
"Los españoles… eran perfectamente conscientes de que trabajaban su Reconquista en cumplimiento de un deber respecto a la Cristiandad occidental; por eso se tenían por "mártires en la guerra" como dice don Juan Manuel. La vieja concepción de la Reconquista como misión histórica de España se robustece desde el siglo XII, afirmando que la expulsión de los infieles es empresa exclusiva de los españoles en beneficio de toda la Cristiandad."

 No obstante, niega la importancia que pudiera tener en ello la influencia extranjera:
"Las cruzadas de España fueron siempre movimientos pobrísimos, y tan subordinados al esfuerzo español, que no tienen individualidad alguna. La razón de la insignificancia de estas segundas expediciones peninsulares es muy clara. El papado no tenía fuerza para formar en España, frente a los intereses españoles, un patrimonio de San Pedro."

Por el contrario, Bevan en su Historia de la arquitectura española concede la medida de la importancia de estas expediciones al reseñar su cantidad:
"Los benedictinos de Cluny no solamente reorganizaron la Iglesia española, sino que fueron en gran parte autores del apoyo militar otorgado a los reinos españoles, porque invocaron la ayuda del papa predicando la guerra contra los musulmanes y organizando una serie de “cruzadas”. Antes del año 1100, catorce expediciones salieron de Francia para ayudar a los cristianos contra los musulmanes. Quince más, antes de mediados del siglo XII."

Y Ramos Loscertales en su obra El reino de Aragón bajo la dinastía pamplonesa indica cómo el espíritu de cruzada llegó incluso a influir en la estrategia militar:
"Se desechó ahora la táctica lenta y segura de Sancho Ramírez del cerco a distancia, adaptando la del ataque directo y fulminante contra el objetivo, impuesta a aquel rey (Alfonso I de Aragón), y acaso a su sucesor, por la influencia europea de cruzada."

En lo que respecta a la influencia del papado, el mismo Sánchez Albornoz la reconoce como mucha en España, un enigma histórico:
"En 1068 Sancho Ramírez se declara "miles Sancti Petri", y en 1071 acepta la sustitución del rito hispano o mozárabe por el romano. Contrastan el choque violento entre el Pontificado y el Imperio y la reverente resistencia de Alfonso VI a las desorbitadas pretensiones pontificias al señorío de España. Dos reinos peninsulares, Portugal y Aragón, buscan el patrocinio del pontífice y le obedecen sumisos; el portugués Alfonso Enríquez reconoce la soberanía de la Santa Sede, y el aragonés Pedro II le infeuda sus Estados. Y hasta León y Castilla se someten a los dictados de la política papal. En contradicción con la tradición hispana de más de seis siglos, el papado empieza a pesar decididamente en la España Cristiana."