Aristotelismo judío de Maimónides

Filósofo, médico, matemático y físico hispanojudío, está considerado como la expresión más alta del Judaísmo medieval.

MOISÉS BEN MAIMÓNIDES

Moisés ben Maimónides, conocido también como Rabí Mosheh ben Maimon, nació en 1135, en Córdoba, la capital de la España árabe. Su familia era de confesión judía, pero bien asentada porque su padre ejercía como de un juez rabínico de la judería.

En la escuela sinagogal recibió su primera educación, realizando estudios bíblicos y talmúdicos, así como en matemáticas y medicina, en una escuela de lengua árabe. Tuvo una amplia formación tanto en la tradicional cultura judía como en la árabe profana, enriquecida con aportaciones de la griega.

En 1148, cuando Maimónides tenía 13 años de edad, una invasión de almohades conquistó Córdoba e impuso la más ortodoxa ley islámica tanto a islámicos como judíos. Al no querer convertirse al Islamismo, la familia de Maimónides sufrió persecución y cambiar a menudo de residencia por al-Ándalus. Vivió en la ciudad de Almería durante cinco años, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes.

Tras una década de peregrinaje, la intransigencia almohade le obligó a exiliarse definitivamente fuera de la España islámica. Primero se asentaron en Fez en 1558, donde permanecieron siete años, después dos más en Palestina, Alejandría, y finalmente fijaron su residencia en El Cairo en 1165. En esta metrópoli, Maimónides trabajó de médico en la Corte de los visires Saladino y de al-Fádil, sultanes de Egipto y Siria, asentando durante el resto de su vida con su familia. Además fue, desde 1177, guía espiritual de la comunidad judía de Egipto, gracias a la gran fama y admiración popular. Murió en esta ciudad en 1204 y su tumba fue trasladada a Tiberiades, en el actual estado de Israel. A pesar, de vivir gran parte de su vida fuera Al-Ándalus, siempre se consideró un sefardita, un hispanojudío.

 
ESTATUA DE MAIMÓNIDES EN CÓRDOBA


Fue el promotor del Movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV, que se extendió por España y el sur de Francia. Debido a su contribución a la evolución del Judaísmo, está considerado como la principal figura posbíblica del Judaismo después de Moisés, por lo que se ganó el pseudónimo de “segundo Moisés”. Y esta fama la consiguió a pesar del rechazo de los judíos tradicionalistas, que renegaron de su tendencia racionalista, de su fuerte oposición al Misticismo de los cabalistas y de su influencia del Aristotelismo. Por eso, los judíos más conservadores llegaron a acusarle de hereje ante la Inquisición al objeto de condenar sus obras. Otro hecho imputable fue haber convencido a los caraístas de abandonar sus prácticas originarias por las del Judaísmo rabínico.

También sufrió persecuciones por parte de un sector de musulmanes egipcios, los mutallajim, que no permitían un reinterpretaciones del Corán y lo acusaban de ser un apóstata del Islamismo y un racionalista. La protección personal del visir al-Fádil, le salvó de la pena de muerte.

Su pensamiento filosófico era partidario del Realismo teológico y estaba basado en las enseñanzas del clásico Aristóteles, por lo que no se le ha considerado muy original, apartándose de él en puntos contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Pero consiguió una gran repercusión e influencia en teólogos cristianos, especialmente en escolásticos, como santo Tomás de Aquino, y precursor de las ideas de Spinoza.

Escribió obras tanto en hebreo como en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

 
GUÍA DE PERPLEJOS
 
 
De su extensa obra escrita en hebreo y árabe destaca la Guía de los perplejos (Dalatat al-Hairin), publicada en 1190, donde condesó todo su pensamiento filosófico. En ella intentó armonizar fe y razón, asentando la teología judaica sobre los principios de la razón según la filosofía aristotélica, como previamente lo había hecho Averroes con el Islamismo y posteriormente lo haría santo Tomás de Aquino con el Cristianismo.

Esta armonización entre el sentido literal de las santas escrituras y las verdades racionales trataba de demostrar que las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica no eran antagónicas. Para conseguir esta conciliación, utilizó un método alegórico, aplicable a la interpretación bíblica, que minimizaba el antropomorfismo.

La base de su doctrina es el Antiguo Testamento, pero se documentó del Aristotelismo, del Neoplatonismo (Hipócrates, Galeno) y de la cultura árabe (Rhazes de Persia, al Farabi, y el médico hispano-árabe Ibn Zhur).

El pensamiento cosmogónico de Maimónides hacía distinción entre tres grupos de seres creados compuestos de materia y forma perecederas: los minerales, las plantas y los seres vivos, está última incluye al ser humano. Solo las esferas y las estrellas son materia con forma permanente. Los ángeles son seres con forma pero inmateriales.

Dios forma una unidad inmaterial, de cuya existencia originó la creación, abarcando a todos los seres. Esta esencia divina no tiene otro fin que a sí mismo y, por lo tanto, su duración es ilimitada. Maimónides trató de argumentarlo mediante argumentos aristotélicos.

El alma humana es una en esencia divina, inmortal y separada del cuerpo, que posee cinco facultades: la fuerza vital, los sentidos, la imaginación, el apetito (pasiones y voluntad) y la razón (libertad y entendimiento). El hombre está dotado de razonamiento, facultad que le diferencia del resto de seres vivos (plantas y animales), pero las otras cuatro cualidades también le son comunes.

 
GUÍA DE PERPLEJOS
 
 
La capacidad de raciocinio permite al hombre ser libre y tomar decisiones en libertad, hacerse el bien y el mal, por eso es plenamente responsable de sus actos, por los que tiene que ser juzgado. La Ley es la instancia suprema para ordenar la conducta humana. En este aspecto se mantuvo fiel a la tradición judía. Saliendo al paso de los teóricos que realzaban sobre todo la dimensión sombría de la existencia humana, señaló que si el hombre se queja tanto, es por pura egolatría.

El peor pecado u más extendido era la concupiscencia. Lo que los hombres consideran a menudo como bienes (poder, riqueza) se revelan finalmente como males, pues conducen a la deformación del alma y el cuerpo. De ahí que el hombre deba aprender a renunciar a lo superfluo y a conformase con lo necesario: “Pues cuando se busca lo que no es necesario, difícilmente se encuentra lo necesario”, escribe en Guía de los perplejos.

El camino para encontrar la paz y el sosiego interior es el de reconocer que los bienes de este mundo, incluidos los mejores, son fugaces y carecen de valor intrínseco. Maimónides enjuiciaba la vida no sólo como filósofo, sino también como médico, lo que explica el gran número de consejos prácticos que su obra contiene. En aspectos esenciales, su crítica al Hedonismo y al Materialismo es perfectamente aplicable a la actual sociedad del consumo.

Para conseguir esa paz interior, el hombre utiliza la facultad del entendimiento, que puede ser pasivo (entendimiento material que sufre la acción de la vida orgánica, es inseparable del cuerpo e individual) o activo (adquirido o comunicado, separado del cuerpo).

La meta más alta de la vida humana es el conocimiento de Dios. Así, el entendimiento es la verdadera razón de ser del hombre, el cual debe destinar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios.

Pero el conocimiento de Dios por parte del ser humano es limitado, no pudiendo alcanzar por sí mismo el Estado profético. Este consiste en una iluminación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después sobre la facultad imaginativa.

MISHNEH TORAH

Su gran obra en el campo de la legislación judía (jurisprudencia talmúdica) es el Mishneh Torah, desarrollada en 14 libros y escrita en hebreo entre los años 1170 y 1180 bajo diversos títulos: El Luminar, Libro de la elucidación, Segunda ley, y Repetición de la ley. Es una amplia y detallada recopilación por materias de todas las leyes y normas, tanto religiosas como jurídicas, de la cultura judía, es decir del Talmud. Esta obra alcanzó bastante repercusión y le numerosos discípulos.

Además escribió sobre medicina, astronomía, lógica y matemáticas. Su fama como médico igualaba a la de filósofo y autoridad en la ley judía, dejando un importante legado en la tradición popular. Dedicó casi toda su vida al conocimiento de la medicina: "Si Doctores más sabios que yo quieren ayudarme a entender, concédeme Señor el deseo de aprender de ellos, pues el conocimiento para curar no tiene límites." 

Entre las grandes obras médicas de Maimónides destaca un grupo de libros destinados a comentar, divulgar y polemizar, a veces, las obras de sus antecesores, Algunas de estas obras fueron escritas por directa petición del sultán Saladino o miembros de su familia. Entre ellos están: Extractos de Galeno, Comentarios sobre los aforismos de HipócratesAforismos médicos de Moisés, Explicación de las alteraciones, etc.

Escribió un Tratado de los venenos y sus antídotos, de 1199, sobre los síntomas de envenenamiento causado por diferentes productos tóxicos y los tratamientos contra las mordeduras de serpiente. Fue uno de los códices de toxicología más utilizados durante toda la Edad Media.

En su extenso Tratado sobre las relaciones sexuales describió drogas útiles como afrodisíacos, aconsejó moderación en la actividad sexual y analizó la fisiología de los sexos, entre muchos temas.

En El Régimen de la salud, de 1198, prevenía de las enfermedades mediante consejos como el equilibro en la alimentación, vida sana, higiene corporal, y costumbres saludables. Además, escribió tratados sobre las hemorroides y el asma.
También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos escrito en 1191. También formuló los Trece artículos de fe.


MOISÉS BEN MAIMÓNIDES