Doctrina religiosa de Prisciliano

 
El primer acto de rebelión religiosa en la historia del pensamiento del Cristianismo fue el movimiento herético desarrollado a finales del siglo IV por el obispo de Ávila Prisciliano: una rebelión contra la Iglesia institucionalizada.

Prisciliano pertenecía a una familia aristocrática de Iria Flavia (Santiago de Compostela), en la provincia romana de Gallaecia, donde nació en el año 340. Viajó a Burdeos para estudiar con el retórico Delphidius y fundar una comunidad de tendencia rigorista. Hacia 379, regresó a Gallaecia para emprender una etapa de predicaciones. Fundó un movimiento ascético, rigorista y de carácter libertario, precursor del movimiento monacal. 


REPRESENTACIÓN DE PRISCILIANO


Inspirado por la Gnosis y el Maniqueísmo, arremetió contra la creciente opulencia del clero de su época y la autoridad de la Iglesia oficial. Rechazó a la unión de la Iglesia con el Estado imperial y a la corrupción y enriquecimiento de las jerarquías. Abogó por un Cristianismo ascético y riguroso basado exclusivamente en el culto al Espíritu Santo. Proclamó la igualdad de sexos y el derecho de la mujer a ejercer funciones eclesiásticas, destacando la presencia de ellas en reuniones de lectura. Y defendió el nombramiento de maestros a personas laicas. Sus ideas obtuvieron gran éxito y se propagaron con rapidez entre las mujeres y las clases populares. Las enseñanzas de Prisciliano alcanzaron todos los estratos sociales, incluyendo muchas familias influyentes de casi todas las provincias hispanas.

Sus adeptos de reunían en celebraciones nocturnas en bosques o cuevas y allí bailaban como parte de la liturgia, en la que participaban tanto hombres como mujeres. No comulgaban con pan y vino, sino con leche y uvas. Además, creían en el Emanantismo, idea por la cual el alma surge de una especie de almacén y desciende luego al mundo material donde, inevitablemente, es corrompida por el maligno.

Con el fin de condenar las ideas priscilianistas y erradicar la fuerte y rápida expansión del movimiento ascético de Prisciliano, el cónsul Itacio de Ossonoba convocó el Concilio de Zaragoza en 380. A este sínodo acudieron dos obispos aquitanos y diez hispanos, encabezados por Higinio de Córdoba y Hidacio de Mérida. Sin embargo, la ausencia de los dos principales obispos acusados de priscilianistas, Instancio y Salviano, evitó la condena en firme. Estos dos obispos nombraron a Princiliano obispo de Ávila.

Surgió entonces un duro debate epistolar entre priscilianistas y ortodoxos. Pero una carta de obispo Hidacio a Ambrosio, obispo de Milán, hizo que el emperador Graciano excomulgarse y desterrara de sus sedes a Prisciliano y sus seguidores. Tras un viaje a Roma y a Milán en 382, consiguió que el mayordomo mayor del emperador, Macedonio, anulase el anterior decreto imperial.

El nuevo emperador Magno Clemente Máximo quiso aliarse con la Iglesia católica en su lucha contra los numerosos movimientos disidentes que la asediaban: arrianos, binionitas, patripasianos, novacianos, nicolaías, ofitas, maniqueos, homuncionitas, catáfrigos, borboritas, y ahora los priscilianistas. Organizó un proceso judicial que acusaba de brujería a los obispos implicados, y cuya sentencia incluyó la requisa de todas las propiedades personales de los acusados, quienes pertenecen a pudientes familias hispanas, dejando libre a la jerarquía eclesiástica.
 
En el año 385 Prisciliano llegaba arrestado a Tréveris, en la Germania Superior, corte imperial de Máximo, donde fue acusado de prácticas heréticas (magia negra, gnosticismo, maniqueísmo, danzas nocturnas, hierbas abortivas y astrología cabalística) por el prefecto del emperador, Evodio. Fue decapitado junto a sus seguidores Felicísimo, Armenio, Eucrocia, Urbica, Latroniano, Aurelio y Asarino. Todos ellos se convertían en los primeros herejes ajusticiados por una institución civil (secular) a instancias de algunos obispos católicos. Pero la mayoría de los obispos católicos de Occidente con Martín de Tours a la cabeza protestaron contra tal decisión, y hasta el papa Siricio criticó duramente el proceso.

En el Concilio de Toledo celebrado en el año 400, muchos obispos se retractaron del Priscilianismo, pero la influencia de la doctrina perduró hasta el siglo VII.


JEAN-CLAUDE CARRIÉRE INTERPRETANDO A PRISCILIANO
EN LA PELÍCULA LA VÍA LÁCTEA POR LUIS BUÑUEL


El escritor Fernando Sánchez Dragó, gran estudioso de la vida y obra de Prisciliano, ha destacado la gran influencia que ejerció sobre un buen número de teóricos y místicos españoles, entre ellos Ramón Llull, Miguel Servet, San Juan de la Cruz y Miguel de Molinos. También fue importante su influjo ejercido en otros países de Europa, no sólo en Francia, donde predicó.

Historiadores como Menéndez Pelayo y Bonilla San Martín pusieron de manifiesto la importancia de la herejía priscilianista en la historia de las ideas religiosas. Lo mismo ocurrió con otros eruditos extranjeros, especialmente tras el descubrimiento de la biblioteca de la Universidad de Wurzburgo de 12 tratados atribuidos al predicador gallego. De hecho, Prisciliano fue el precursor de los movimientos quliásticos y milenaristas que a partir de los siglos X y XI aparecieron en casi toda Europa: cátaros,  albigenses, waldenses, husitas, etc.

Según Sánchez Dragó en su obra Del Priscilianismo al Liberalismo: “Por primera vez en la historia de la Iglesia se degollaba a un puñado de hombres por el delito de opinión”. Miguel de Unamuno escribió en Andanzas y visiones españolas que Priscialiano fue “el único gran hereje español de los primeros siglos cristianos”.

El I Simposio de Prisciliano celebrado en Santiago de Compostela a comienzos del siglo XXI por una decena de expertos, concluyó que el mártir de Iria Flavia no sólo fue un hereje sino el líder de un movimiento social, a medio camino entre la herejía, el martirio y la rebelión colectiva.

En un momento histórico en el que comenzaban a fusionarse el poder político y el poder religioso, el Priscilianismo se enfrentó a las estructuras cristianas y al estado romano. Posiblemente, el oficialismo católico del siglo IV sólo buscó una excusa para eliminar a un líder rebelde, con una gran influencia y numerosos seguidores por Hispania y Galia. De hecho, al final condenado por realizar magia negra y no por prácticas de herejía. Y es que el Cristianismo de Prisciliano arraigó en comunidades rurales y se vinculó a formas colectivas de organización social.

Según el teólogo Victorino Pérez Prieto, sus enemigos le acusaron de mujeriego y licencioso, pero Prisciliano en realidad trató de recuperar el papel de las mujeres dentro de las comunidades cristianas.

El académico Ramón Villares en su Historia de Galicia explicaba la relación entre las prácticas priscilianistas, el hábitat castrexo y las tradiciones religiosas indígenas.


LA VÍA LÁCTEA POR LUIS BUÑUEL


Prisciliano escribió mucho, pero sólo se conservan Noventa cánones. En 1885, Georg Schepss descubrió en la biblioteca de la universidad de Würzburg (Baviera) un manuscrito con once tratados, los Tractatus de Würzburgque su director Doellinger atribuyó a Prisciliano y publicó en 1889. También se asigna a Prisciliano los Cánones in Pauli apostoli epistolas, que ordena y sintetiza sus ideas. Sobre su vida y pensamiento han escrito Juliana Cabrera, Henry Chadwick y Virginia Burrus. 

Configuró su doctrina a partir de la instrucción o formación que recibió de la mujer noble Agape, mujer noble, y del retórico Helpidio. Forjó una doctrina sobre la que se basa el conflicto priscilianista y cuyas grandes líneas teológicas hacen referencia a la naturaleza de Dios y de Cristo, a la identidad Dios-Cristo a través de la Encarnación, a la concepción doxológica, a la Creación, a la escatología y al dualismo. El priscilianismo opone el principio material a la naturaleza divina, origen del bien y del mal, admite la preexistencia y transmigración de las almas, cree en la astrología y sostiene la existencia de libros de inspiración divina, al margen del canon oficial.

Como expresan los Tractatus y los Canones, la conducta religiosa priscilianista consta, en síntesis, de estos elementos:
1. la defensa del ascetismo y la continencia, que se manifiesta en el celibato
2. la renuncia a los bienes mundanos
3. la separación entre la Iglesia católica y el Estado
4. la negación de la existencia de la Santísima Trinidad
5. la defensa de la igualdad de sexos y estamentos sociales entre los creyentes
6. la abstención de la carne y del alcohol, y el apartamiento de la iglesia durante los períodos de Cuaresma y Navidad
7. el estudio de las Escrituras en un sentido amplio e incluyendo, a modo de soporte
doctrinal, textos apócrifos, cuya licitud defiende particularmente el Liber de
fide et de apocryphis
8. la importancia del don de la profecía carismática recibido sin mediación de la jerarquía eclesiástica, con especial énfasis en la figura del maestro (doctor) y en la existencia de grados entre los creyentes según el conocimiento
 
El contenido herético del priscilianismo está expuesto, básicamente, por Orosio, Agustín, León Magno y por la Regula fidei transmitida por la Colección Canónica Hispana dentro de las actas del concilio I de Toledo del año 400.

Epopeya de la Hispania romana


Objeto de deseo de las grandes potencias mediterráneas, la tierra ibérica recoge la sangre de las milicias de Cartago y Roma en su batalla por la supremacía del mundo conocido. Tras el triunfo de Escipión sobre el rival más poderoso de su tiempo, la lengua latina, el saber clásico, el derecho, los dioses del Olimpo, el cristianismo y los estandartes de los ejércitos unen las regiones peninsulares en su destino común.

De la mano del Imperio romano, la península Ibérica conocería la paz y el despertar de las ciudades con su red de alcantarillado y su estampa de anfiteatros, foros, termas, acueductos y monumentos. Como en el resto del universo romano, la urbe pasa a ser protagonista de la vida económica y política de Hispania y, allí donde no llega, las minas y los latifundios, las guarniciones militares y los viejos poblados indígenas ocuparían su lugar.

Así lo escribió en el año 98 d.C. el gran poeta bilbilitano Marcial:

Gloria de nuestra Hispania, Liciano,cuyo nombre enaltecen los celtíberos, ¿Por qué me llamas hermano a mí, que desciendo de celtas y de iberos y soy ciudadano del Tajo?


Y siglos más tarde Agustín de Foxá en su Iberia romana:
Roma nos trajo el árbol e impreso en la columna,los dispersos instintos sujetos al Derechoy sometida el agua salvaje al acueductoy el grifo al alfabeto.Nos diste la medida, el número, la forma;el verso, que la espuma del aullido en la caza,y rosa de pudores nos desnudaste a Venusentre las pieles ásperas.Trajiste la comedia, la noble agricultura,el arado y la estatua, la oratoria y el vino;nos diste emperadores y en germen nos trajisteoculto a Jesucristo.

 
ACUEDUCTO DE SEGOVIA


La Hispania romana sufriría una guerra civil entre César y Pompeyo. Este conflicto interno fue tratado como una epopeya por Marco Anneo Lucano, nieto de Marco Anneo Séneca. Son diez cantos de contenido histórico y político y de calidad poética que sitúan como héroe al republicano Catón de Útica. Posiblemente, Lucano fue el primer hispano en cantar a los vencidos en una guerra civil, temática que se ha mantenido hasta nuestros días.

El siglo IV conocería la poesía del calagurritano Prudencio. Derrocho más de veinte mil versos con los que ensalzar las tierras y las ciudades de Hispania, reunidos en el Cathemerinon liber (Libro de los himnos), y en el Peristephanon (Libro de las coronas de los mártires). La influencia de Prudencio se mantuvo en la Edad Media y llegó hasta el Barroco, donde se percibió en los autos sacramentales o en la obra de Calderón de la Barca.


RUINAS ROMANAS DE BAELO CLAUDIA (TARIFA)


A esta Hispania fecunda en literatos y emperadores como Trajano, Adriano y Teodosio elogió en prosa el poeta romano Claudiano:
¿Qué podrá decir la voz humana digno de tus tierras, oh Hispania? Rica en caballos, fértil en cereales, preciosa en minas, y sobre todo fecunda en Píos Príncipes. De ti los siglos recibieron a Trajano; de ti a Adriano, fuente de donde por adopción fluyeron los Elios, Antonino y Marco Aurelio, de ti nacieron Teodosio, y los dos jóvenes hermanos Arcadio y Honorio. Cada Provincia conquistada por Roma entregó sus dones para el Imperio: Egipto y el África, trigo para los campamentos; la Galia, fuertes soldados; la Iliria, sus caballos; cosas todas que se hallan por todas partes. Sólo Iberia dio un nuevo tributo a la Lacio: Los Augustos. Ella engendra los que han de regir el mundo.
TEATRO ROMANO DE MÁLAGA


También la decadencia de las ciudades hispanas sería objeto de literatura poética. A principios de del siglo V el edificio político de Roma se resquebraja. Hispania se convierte en una hoguera de pillaje y luchas entre rivales bárbaros por el control de los antiguos territorios de las metrópolis. Atrás van quedando las urbes con cultura clásica esculpida en monumentales estaturas y con su historia de trágico teatro. A esta urbe hispana en decadencia Dionisio Ridruejo dedica En Mérida:
Fuiste en la tierra creación conclusay libertad del hombre edificada,distinta y sin futuro, al fin pasaday desterrada al fin y al fin ilusa.De un tiempo usó la eternidad tu musa,mas fuiste con el tiempo amortajaday la materia fue materia de naday ni aun recuerdo la razón confuse.

RUINAS ROMANAS DE ITALICA (SANTIPONCE)


El derrumbe del Imperio y las ruinas de Itálica, donde las manos del tiempo esculpirían el fracaso de Roma, inspiraron en el siglo XVII estos versos a Rodrigo Caro:
Este llano fue la plaza; allí fue templo; de todos apenas quedan las señales. Del gimnasio y las termas regaladas leves vuelan cenizas desdichadas; las torres que desprecio al aire fueron a su gran pesadumbre se rindieron. Este despedazado anfiteatro,impío honor de los dioses, cuya afrenta publica el amarillo jaramago, ya reducida a trágico teatro,¡oh, fábula del tiempo!, representa cuánta fue su grandeza y es su estragon.

RUINAS ROMANAS DE AMPURIAS (GERONA)

Grandes filósofos de la Hispania romana

No puede haber pensamiento español anterior a la existencia de la nación España, pero la España histórica comenzó con iberos y celtas, y por tanto la Hispania romana es el embrión de la plena España. La Hispania de la Edad Antigua no solo aportaba emperadores a Roma como Trajano, Adriano y Teodosio, además intelectuales de primer nivel como Marco Valerio Marcial, Moderato de Gades, Calcidio, Quintiliano, Lucano, Prisciliano y, sobre todo, Séneca.


TEATRO ROMANO DE MÉRIDA

El primer filósofo español de rango universal fue sin duda el cordobés Lucio Anneo Séneca, nacido en Córdoba (4d.C.-65d.C.). Fue la gran figura hispano-romana en el ámbito del pensamiento y representante de una filosofía específicamente hispana. Era romano de provincia, aunque vivió la mayor parte de su vida en Roma, ocupando altos cargos de su administración. Su filosofía escrita en latín pertenece a la corriente del Estoicismo, una de las principales de la filosofía romana de su época. Además de filósofo, estadista y dramaturgo, destacó por ser un moralista.

Sobrino de Séneca fue Marco Anneo Lucano, también nacido en Córdoba (39d.C.-65d.C.). Pasó a la historia por ser uno de los grandes poetas épicos y dramaturgos de su tiempo, y que su obra siga reeditándose en toda Europa. Su major obra fue Farsalia, un poema narrative muy realista que comenta la guerra civil entre César y Pompeyo, aunque el protagonista es Catón de Utica, un heroe republican que representaba las virtudes del Estoicismo.


BUSTO DE MARCO ANNEO LUCANO EN CÓRDOBA


Lucio Junio Moderato Columela de Gades nació en Cádiz (4d.C.-70d.C.). Aunque sus grandes ibros han estado dedicados a la agricultura y la botánica, también escribió obras filosóficas, que fueron Vida de Pitágoras, Vida de Plotino y Lecciones pitagóricas. En ellos atribuía símbolos místicos a los números, y escribía sobre la trascendencia, la inteligencia, las ideas y el alma.


ESTATUA DE COLUMELA EN CÁDIZ


Quintiliano y Marcial no son estrictamente filósofos, pero su obra poética y literaria contiene abundantes elementos de carácter ético-pedagógico, especialmente en los 12 libros que componen las Instituciones del primero y los 15 Epigramas del segundo.

Marco Valerio Marcial, nacido en Calatayud (40d.C.-104d.C.), fue protegido de Séneca en Roma. Compuso 15 libros de versos más un prólogo, que reunían más de 1.500 poemas pertenecientes al género literario Epigrama. 

Los Epigramas de Marcial se caracterizaron por su ingenio satírico y por documentar la sociedad romana de su época, por eso ha sido considerado como el primero de los conceptistas españoles. Toda la comedia humana de la metrópoli romana fue descrita y criticada en sus poemas, extrayendo la miseria oculta de personajes desde su aparente grandeza, combinando la sátira, la lírica y hasta la obscenidad. 

Marcial superó a sus antecesores y modelos, y no tuvo rival en su época. Sus epigramas leían en todo el Imperio romano y su influencia se mantuvo hasta finales de la Edad Media. Tras la invención de la imprenta se multiplicaron las ediciones de su obra en París, Amsterdam, Leipzig y otras capitales europeas. Influenció a Góngora, Quevedo, Boccacio, Voltaire y otros autores extranjeros.

En el cuadro renacentistas Retrato de Giovanna Tornabuoni, pintado por Domenico Ghirlandaio en 1488, aparece escrito uno de sus epigramas en el fondo de la escena que dice: "ARS VTINAM MORES ANIMVMQUE EFFINGERE POSSES PVLCHRIOR IN TERRIS NVLLA TABELLA FORET" (Arte, ojalá pudieras plasmar la conducta y el espíritu, no habría en la tierra pintura más hermosa).

EPIGRAMA DE MARCIAL EN EL RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI


Marco Fabio Quintiliano, nacido en Calahorra (35d.C.-95d.C.), fue abogado y profesor de retórica de la Roma de Vepasiano, Tito y Domiciano. Junto a Isócrates, está considerado como el mejor profesor de retórica de la Edad Antigua. 

Los 12 libros que componen sus Instituciones oratorias son una enciclopedia para la formación de un orador, tratando la educación elemental y métodos aprendizaje de la retórica, técnicas de oratoria, beneficios de la lectura, cualidades del buen orador, y un estudio de grandes escritores en griego y latín. Basándose en el estilo de Cicerón y con una gran lucidez y originalidad, esta obra defiende la formación integral del orador como ser humano y como hombre público. 

Durante el Renacimiento, ejerció una gran influencia a las teorías pedagógicas que sustentaron la corriente del Humanismo, como por ejemplo al español Luis Vives. 

ESTATUA DE QUINTILIANO EN CALAHORRA


Calcidio nació en Córdoba (siglo IV). Fue filósofo neo-platónico, continuista de la tradición exegética inicidad por el estoico Posidonio. Como comentarista de las obras de Platón consiguió gran relevancia en la posterioridad a su época. Escribió el Timeo, dedicado al obispo de Córdoba Osio, una traducción latina comentada que llegó a ser la más utilizada por la intelecualidad europea de Occidente durante el Medievo y parte de la Modernidad para entender las doctrinas platónicas.

Fue un neo-pitagórico, que cita a Filón y Orígenes. Considera la filosofía el mayor beneficio que ha recibido el ser humano, y la divide en teorética y práctica. Distingue las ideas, las cosas sensibles y la materia.

Sobre cosmología, Calcidio considera que el universo está rodeado de una esfera envolvente, dentro de la cual existen esferas móviles, en las que se ubican los astros; bajo el cielo hay cuatro regiones: la del fuego, la del éter, la del aire y la húmeda, con la Tierra en el centro.

Siguió el modelo aristotélico, visión dual del hombre, adaptándolo al pensamiento cristiano. El hombre está compuesto de alma y cuerpo. Su Dios es Sumo Bien, con proceso descendente y ascendente; creación eterna y mundo de las Ideas, ejemplares eternos de lo sensible.

RESTOS DEL TEMPLO ROMANO DE CÓRDOBA


Como la fuente narrativa más antigua de la Historia de España se puede considerar a la descripción del viaje de circunnavegación de un viajero massaliota, es decir, un griego de la colonia focense de Massalia (Marsella), escrita en el siglo V a.C. y recogida en el poema latino de Ruño Festo Avieno (siglo I a.C.) titulado Ora marítima. Este periplo massaliota describe las costas levantinas y meridionales de la península y con menos precisión las occidentales, y proporciona ya algunos datos sobre sus habitantes. 

En general, hay referencias a España en un gran número de obras de la Antigüedad clásica, y los pasajes relativos a la península, su geografía, etnografía, costumbres e instituciones de los pueblos indígenas y a la historia de las guerras con cartagineses y romanos pueden verse en la colección de Fontes Hispaniae Antiquae, publicadas bajo los auspicios de la Universidad de Barcelona por A. Schulten, P. Bosch Gimpera y L. Pericot.

Los principales historiadores y geógrafos de la Antigüedad que han dedicado en sus obras mayor atención a España son los griegos Polibio (200-120a.C.), Estrabón (63a.C.-19d.C.), Diodoro de Sicilia (siglo I d.C.) y Apiano (siglo I d.C.), y los latinos Cayo Julio César (100-44a.C.), Tito Livio (59a.C.-17d.C.), y Cayo Plinio el Viejo (24-79d.C.).


Estoicismo moralista de Séneca


El primer filósofo español de rango universal fue sin duda el cordobés Lucio Anneo Séneca, que vivió entre los años 4 y 65 d.C. Fue la gran figura hispano-romana representante de una filosofía específicamente hispana.
Hijo del retórico Marco Anneo Séneca y natural de la ciudad de Córdoba, estudió gramática, retórica y filosofía en Roma. Allí tuvo por maestros y compañeros al estoico Atalo, al cínico Demetrio, al ecléctico-pitagórico Sotión, a Metronax y a Fabiano Papiro, cuyos aprendizajes influenciaron su filosofía estoica.

Se distinguió desde muy joven como orador en el foro, y empezó a participar en política. Acompañó al cónsul Vestrasio Polión en sus viajes por Egipto y Oriente. A su regreso fue nombrado cuestor, pretor y senador del Imperio romano durante los gobiernos de TiberioCalígulaClaudio y Nerón, además de ministro, tutor y consejero del emperador Nerón, del que más tarde renegó.




Destacó como pensador, tanto como intelectual y político, y como un consumado orador. Fue una figura predominante de la política romana durante la era imperial, siendo uno de los senadores más admirados, influyentes y respetados.

A causa de este extraordinario prestigio e influencia política, fue objetivo tanto de enemigos como de benefactores. En el año 41 d.C., fue condenado por el emperador Claudio a ocho años al destierro en Córcega tras el infundio de haber cometido adulterio con Julia Livilla, hermana de Calígula.

Cuando el emperador Nerón fue coronado en el 54 d.C., olvidó las enseñanzas de su preceptor cordobés dando muerte a su madre Agripina, a su hermano Germánico y a su esposa Octavia. A partir de entonces Séneca se alejó de la Corte romana, para vivir el 62 d.C. en una de sus fincas en la periferia de Roma. Acusado por conspiradores, Nerón le creyó implicado en la conjuración de Pisón y ordenó su ejecución. Pero, antes de ser arrestado, prefirió el suicidio. Su muerte, ejemplo de serenidad estoica, le reconcilió con los que habían reprobado sus riquezas.

Su filosofía escrita en latín pertenece a la corriente del Estoicismo, una de las principales de la filosofía romana de su época, pero en sentido amplio, pues no se ciñó a principios firmes. Perteneció a la stoa nueva, junto con Epicteto y Marco Aurelio.

Aceptó la división de la filosofía en lógica, ética y física, y la concibió como un camino a la sabiduría, como studium Virtutis. Pero no es un estoico más, pues prestó poca atención a la lógica, e incluso a la física.

Además de filósofo, estadista y dramaturgo, destacó por ser un moralista, un rasgo común a la filosofía española, y por sus costumbres de vida austeras, que nada tenían que ver con la acumulación de una gran fortuna como político. Su sabiduría es felicidad, Bien Sumo. Practicó indiferencia ante los bienes temporales, incluyendo la muerte. Amó la naturaleza y la razón, fue imperturbable respecto a las pasiones, y quiso trato humano a los esclavos. De tendencias moralistas, Séneca pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo y moralismo romano tras la plena decadencia de la república romana. La sociedad romana había perdido los valores de sus antepasados y degenerándose en turbulenta, amoral, antiética e interesada únicamente en la búsqueda del placer material, que la condujo a su propia decadencia.

RETRATO DE SÉNECA DESPUÉS DE LO ANTIGUO,
POR LUCAS VORSTERMAN


El pensamiento senequista pertenece a la tradición de la filosofía fundada por Zenón y sus discípulos, pero diferenciándose de los maestros griegos por su menor dogmatismo y su mayor amplitud práctica. A pesar de su elevada espiritualidad, persiguió fines prácticos, recurriendo con frecuencia a la retórica y virtuosismo literario para realzar sus ideas. Por ello, se atrevió a escribir hasta nueve tragedias para enseñar sus ideas filosóficas al público profano.

El objetivo del pensamiento senequista es el de ayudar al hombre a encontrarse a sí mismo, condición previa para comprender lo que es la Verdad, la Felicidad y el Sentido de la vida. Al comienzo de su obra De la vida bienaventurada, explicó que todos los hombres deseaban ser felices, pero sin conseguir el camino que llevase a esta meta, que es el de la Verdad: “Nadie que viva al margen de la Verdad puede ser feliz”.

El fundamento de toda verdadera felicidad es la Virtud, un ideal representado por la figura del sabio: El hombre es un animal racional, y la Razón el medio más idóneo para alcanzar el summum bonum. Vivir bajo la dirección de la Razón significa vivir de acuerdo con las leyes de la Naturaleza, secundum naturam vivere, dado que las leyes naturales son las que más convienen y mejor sirven al hombre.

Para Séneca, los valores que el hombre desea son la Amistad, la Paz, el bienestar de la patria y la alegría interior que acompaña a todo ser virtuoso. Por el contrario, consideraba nocivos, indiferentes o superfluos los valores que el hombre común más suele codiciar, especialmente el lujo y la riqueza. Así adoctrinaba a Lucilio en una de sus últimas cartas: “Aprender a estar satisfecho con poco” y “Basar una vida feliz en el oro y la plata es vergonzoso”.

La cosmovisión senequista es panteísta: Dios y el cosmos son uno y lo mismo, como demuestra la belleza de toda la Naturaleza orgánica e inorgánica. Dios es causa y principio espiritual de todas las cosas, increado, imperecedero, omnipotente, inmutable y providente. El ser humano está compuesto de cuerpo y alma. El alma es inmortal y es la parte superior y más noble del hombre que, al igual que Platón, consideraba de origen divino. El cuerpo es lo inferior, aunque no por ello haya que despreciarlo y descuidarlo.




La ética de Séneca es optimista ya que asume la capacidad natural del hombre para hacer el bien. Pero la experiencia de su vida le fue llevando hacia una concepción cada vez más realista y escéptica de la moral, así en el número 103 de sus Epístolas afirma que los “peligros más corrientes que amenazan al hombre proceden del mismo hombre”, ya que al hombre le gusta destruir al hombre. Los hombres son como animales salvajes porque no atacan por necesidad, sino por vocación. Hobbes repitió a Séneca cuando afirma que el hombre es un lobo para el hombre, y lo mismo hizo Freud cuando introdujo el principio tanático en su concepción antropológica.

Para Séneca, el hombre es un animal político y social por naturaleza, porque busca por instinto de salvación la compañía y ayuda de los demás. El hombre en su estado natural vivió sin leyes, pero a medida que se fue socializando surgió la necesidad de fundar un Estado que organizase su convivencia. Sin el Estado, la sociedad se destruiría a si misma.

Tuvo una concepción altruista de la sociedad y de sus ciudadanos: el bien común de un pueblo es la base del bien particular de los individuos. Pero los pueblos e individuos son todos iguales por naturaleza y están unidos entre sí por su condición humana. Por eso rechaza cualquier idea de tipo nacionalista, etnocentrista y racista. Es un pionero iusnaturalista: establecer diferencias étnicas entre hombres significa atentar contra el principio de igualdad de seres humanos. Es, por tanto, un innovador en Derechos Humanos, quince siglos antes que los escolásticos de la Escuela de Salamanca. Así reconoce su biógrafo Salomón Rubin en su obra Senecas Ethik: “Frente a Posidonio y todo el estoicismo antiguo y medio, empezó a proclamar el carácter irreversible de los derechos humanos y la igualdad moral de todos los ciudadanos”. Basándose en esta tesis, condenaba la esclavitud, así como las diferencias legales que el poder romano había establecido entre caballeros, libertos y esclavos. Por eso, atacó al sistema legal que eliminaba cualquier derecho a los esclavos y permitía la propiedad de los mismos a sus amos. 

En De la tranquilidad de ánimo, desarrolló un pensamiento político contra la guerra y el militarismo, considerando que son igual de criminales los actos de guerra ordenados el Senado y ejecutados por soldados uniformados, como los homicidios cometidos por individuos. Junto a Epicteto y Marco Aurelio, fue precursor de las teorías anti-belicistas que el pensamiento universal fue elaborando durante toda su historia hasta la actualidad. Su crítica a la corrupción y arbitrariedad de la política llevan sus ideas hasta el siglo XXI, recomendado apartar de la administración pública a quienes ejecuten esta praxis.

En De la divina providencia, proclamó el principio de autodeterminación del hombre, según el cual posee la capacidad para vivir en dignidad y decidir en libre albedrío. Pero su concepción fatalista de la existencia le hizo desarrollar la idea de la supeditación del hombre al azar o providencia. Creyó también en el Hado, una ley eterna e inmutable que rige el universo, afirmando que “los hados nos guían”.

El aspecto central de existencia humana es la mutación y cambio, siendo la muerte lo único cierto. Así escribió en De la tranquilidad del ánimo: “Advierte, pues que “naciste para la muerte”; un tema que abordó desde varias perspectivas, anticipándose al “ser-para-la-muerte” de Martín Heidegger, eje central de su filosofía que elaboraría de veinte siglos después. Por eso, el hombre debe enfrentarse a las adversidades con fortaleza.

La ética de Séneca infunde un espíritu de resistencia: moral defensiva tan habitual en la conducta del homo hispanus. Como explicó Ángel Gavinet en su Idearium, el senequismo es la expresión filosófica de una cosmovisión profundamente arraigada en el alma popular española. También Menéndez Pelayo escribió en sus Ensayos de crítica literaria que en Séneca “están apuntados ya los principales caracteres del genio filosófico nacional”.


ESTATUA DE SÉNECA EN CÓRDOBA


Séneca no escribió un sistema filosófico de forma estructurada, sino que ha ido expresando su pensamiento estoico a la largo de su extensa obra. Escribió un libro sobre ciencias naturales (Naturalium quaestionum libri septem ad Lucilium), tragedias (Medea, Phedra, Hércules furens, Oedipus, Agamenon, Las troyanas, Hipólito, Tiéstes, Hércules, Las fenicias y Octavia), tratados morales y diálogos (Dialogorum libri duodecim, De Providentia, De Constantia sapientis, De Ira, De Consolatione, De Vita beata, De otio, De Tranquillitate animi, De brevitatae vitae, De beneficiis, De clementia, Epistolae morales ad Lucilium), cartas, epigramas y otras obras que se han perdido.

Su pensamiento filosófico se ha irradiado a lo largo del tiempo por todo Occidente, siendo uno de los pocos filósofos romanos que siempre ha gozado de gran popularidad. Hoy en día, es uno de los eruditos españoles más reeditados, traducidos y comentados, y su obra ha sido admirada por algunos de los pensadores e intelectuales occidentales más influyentes: Erasmo de RotterdamMichel de MontaigneRené DescartesDenis DiderotJean-Jacques RousseauFrancisco de QuevedoThomas de QuinceyDantePetrarca,San JerónimoSan AgustínLactancioChaucerJuan CalvinoBaudelaireHonoré de Balzac, etc.


PLATÓN, SÉNECA Y ARISTÓTELES
 

Una de los mejores investigadores de la obra senequista, Ilsetraut Hadot, escribió que “son oeuvre de moraliste a exercé une influence capitale sur la formation de la pensée occidentale”.

Como la filosofía senequista es compatible con la doctrina cristiana, fue conocido por los pensadores de la Edad Media. San Agustín lo citó con frecuencia; Tertuliano asumió que muchas de las doctrinas morales de Séneca tenían gran parecido con las expuestas en la Biblia; y lo consideró “a menudo uno de los nuestros”; y San Jerónimo llegó a incluirlo en su Catálogo de santos.

Su tratado de ciencias naturales Naturales quaestiones fue alabado por Plinio el Viejo y referencia clave en los naturalistas de la Edad Media. Sólo las enseñanzas de Aristóteles en esta materia tuvieron mayor importancia.

La doctrina senequista ejerció gran influencia en el Renacimiento, especialmente en la corriente humanista: la igualdad de todos los hombres, la felicidad mediante una vida austera y moderada, el rechazo a la superstición, las ideas antropocéntricas, etc.

Erasmo de Rotterdam fue el primero en escribir una crítica de sus obras en 1515; Calvino redactó una edición de De clementia en 1532; Robert Burton lo nombró en su Anatomía de la melancolía; Juan Luis Vives y Tomás Moro lo tuvieron en gran consideración especialmente por sus ideas éticas.

Diderot escribió que “Sénéque n´est Estoicien que par la téte; a tout momento son coeur l´importe hors de la secte”. Otro adepto francés fue Michel de Montaigne, quien reconoció la influencia senequista en su obra magna Essais, tanto en forma como en crítica, muchas de las cuales son comunes en ambos pensadores. Las Cartas a Lucilio se asemejan bastante a la estructura formal desarrollada en los Ensayos de Montaigne.

Estas Cartas a Lucilio han sido reconocidas como un antecedente claro del ensayo moderno y han sido comparadas con un libro de autoayuda. De hecho, tras la película Gladiator, tanto estas cartas como las Meditaciones de Marco Aurelio fueron reeditadas con gran éxito en el mundo anglosajón.


EL SUICIDIO DE SÉNECA, POR MANUEL DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ

Sistema jurídico de la Hispania romana

1. ROMANIZACIÓN JURÍDICA DE HISPANIA

La conquista de la península Ibérica por la República de Roma y en consiguiente proceso de Romanización fue el hecho histórico más importante de la Edad Antigua, por lo que afectó a la sociedad y a la economía, a la cultura y la derecho, con la fusión de pueblos, la conformación de un nuevo modo de vida, de construcción de edificios públicos y vías romanas, por la expansión del uso de la lengua latina y el consiguiente debilitamiento de la lengua y las formas culturales de los pueblos primitivos.

La constitución política de Roma pasó por distintas formas de gobierno: Monarquía (753 a.C. - 510 a.C.); República (510 a.C. - 27 a.C.); Principado (27 a.C. – 248 d.C.); y Dominado (248 d.C. – 476 d.C.)

El proceso de Romanización fue lento, abarcado desde el 218 a.C. hasta el siglo III d.C. Al principio subsistió la primitiva organización política, pero pronto se organizaron colonias: establecimientos de ciudadanos romanos. En tiempos de Augusto, había en la Bética 9 colonias romanas, 10 municipios romanos y 27 latinos, y algunas instalaciones menos en la Tarraconense y en Lusitania.

En el reinado de Vespasiano (69-79 d.C.) se realizó la concesión del Ius Latii a todas las ciudades de Hispania, produciéndose merced a esta medida un poderoso impulso a la romanización política y administrativa. La decisión tuvo rápida realización, y en la misma época de Vespasiano se aplicó el Derecho latino a más de noventa ciudades. Como consecuencia de estas concesiones, se dictaron normas especiales para algunas ciudades, como Málaga, Osuna y Salpensa.

El proceso romanizador culminó en el año 212 con la promulgación de la Constitutio Antoniana del Emperador Caracalla, por la que se concedía la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio, y por tanto también a las provincias de Hispania, suponiendo, en teoría, la consumación final de la territorialidad del Derecho Romano.

La Romanización Jurídica vio reforzada su influencia a partir del siglo III por la extensión del Cristianismo, que difundió nuevos valores religiosos y morales que afectaron al matrimonio, a la condición de la mujer, a la patria potestad, a la dignificación del trabajo, y a gran número de relaciones sociales y jurídicas.


MAPA POLÍTICO DE LA HISPANIA ROMANA


2. FUENTES DEL DERECHO ROMANO

El Derecho Romano es producto de un lento proceso de elaboración en el largo período que se extiende desde la fundación de Roma, tradicionalmente asignada al 754 a.C. hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, que se produce en el 476 d.C.

El Derecho más antiguo de Roma está formado por las mores maiorum o costumbres de los antepasados, cuyo sentido religioso permite a los pontífices ejercer el monopolio jurídico. A fines del siglo VI a.C. se atribuyen a los reyes una serie de leyes, llamadas Leyes Regias, y hacia el 451-449 a.C. aparece una nueva vía de creación del Derecho con la Ley de las XII Tablas, iniciándose la labor de interpretación de las mores maiorum a cargo de los “prudentes” del Derecho, la Jurisprudencia.

En el período del Principado, que finaliza a principios del siglo III, dominó la actividad legislativa de los Príncipes a través de las Leges y Constituciones Imperiales. La Jurisprudencia clásica consagró las figuras de Gayo, Papiniano, Ulpiano, Paulo y Modestino, cuyas obras fueron reafirmadas por la famosa Ley de Citas, una Constitución de Teodosio II de Oriente y de Valentiniano II de Occidente, del año 426, que señalaba dichos textos como autoridad de ius, así como las opiniones de los jurisconsultos más antiguos.

El Ordenamiento Jurídico del Dominado, que comienza con Diocleciano en el 286 y dura hasta el final del Imperio en el 486, conocería las recopilaciones jurídicas: Codex Gregorianus y Codex Hermogenianus, siendo la más importante de las recopilaciones de las leyes imperiales el Codex Theodosianus, promulgado con carácter oficial por Teodosio II de Oriente y Valentino III de Occidente ante el Senado de Roma en el 458, restableciéndose la unidad jurídica del Imperio.

El Codex Theodosianus consta de 16 libros, divididos en Títulos y distribuidos por materias, y permaneció en vigor en Oriente hasta la obra de Justiniano, quedando en Occidente como la fuente esencial del Derecho Romano hasta la Recepción.



CODEX THEODOSIANUS (CÓDIGO TEODOSIANO)


3. IMPLANTACIÓN DEL DERECHO ROMANO EN HISPANIA

El Derecho Provincial de Hispania hubo de configurarse a través de una Ley (Lex Provinciae) o estatuto, en el cual el Senado Romano establecía la situación jurídica de las ciudades y pueblo sometidos a Roma, ley la que existe referencia en un pasaje de Alejandrino que fue promulgado en el 133 a.C.

Tras la Ley Provincial se otorgaron numerosas leyes especiales, entre las que destacan las Leyes de Colonias y Municipios (Lex datae provinciarum) como la Ley de Osuna (Lex Ursonensis Lex Coloniae Genetivae Iuliae); la Ley de Salpensa (Lex Salpensana) o la Ley de Málaga (Lex Floviae Malacitane) y la Ley Irnitana.

Otro grupo de leyes provinciales es el que afecta los distritos mineros imperiales, de los que se conservan los Bronces de Vipasca (en la provincial de Lusitania) de la que proceden algunos fragmentos en el anverso y reverso de una tabla de bronce, y que contienen normas sobre cuestiones públicas, así como el régimen jurídico de la explotación.

Otro tipo de disposiciones son los Senadoconsultos y las decisiones de los Magistrados, de las que se conocen algunas, como el Edicto del pretor Lucio Emilio Paulo del año 189 a.C. por el cual concede la libertad a los siervos de Hasta que habitaban en la Torre Lascutana, entregándoles la propiedad de las tierras que antes cultivaban como esclavos.

Pro último, es significante la existencia de documentos públicos o privados de aplicación del Derecho, como los contratos de hospitalidad y Patronato. Se conservan unos treinta, tales como el encontrado en Clunia concertado en el año 40 (reinado de Claudio) entre los clunienses y un personaje que ostenta el mando del escuadrón de caballería, el Ala Augusta, cuya fórmula incluye la extensión del pacto a los hijos y descendientes.

Especial importancia tiene la llamada Formula Betica, que se refiere a una “mancipatio fiduciae causa” de una finca rústica y de un esclavo, otorgada por el propietario a un esclavo del acreedor, que puede datarse en el siglo I. Este Bronce fue hallado cerca de Bonanza, en la provincia de Cádiz.

Entre las Fuentes Indirectas se señalan las que proporcionan los escritores griegos y latinos como Apiano, Tito Livio, Plinio, Polibio, Séneca y Cicerón. Las inscripciones recogidas por Hübner en sus Corpus Inscriptorum Latinarum, permite conocer numerosos datos sobre el Derecho y las Instituciones de la Hispania Romana.



DIVISIÓN PROVINCIAS DE HISPANIA