Controversia del Adopcionismo hispánico


El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús fue un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte.


CRISTO DE OTERO (PALENCIA)


Antes del Cristianismo, ha habido al menos dos concepciones más o menos similares (no necesariamente excluyentes la una de la otra) de las cuales puede emanar esta idea:

1- En el pensamiento judío, el mesías es un ser humano elegido por Dios para llevar a cabo su obra espectacular: tomar a los hebreos (un pueblo hasta entonces frecuentemente sometido por otros más poderosos), rescatarlos de la opresión y llevar el Reino de los Cielos a la tierra trayendo paz y prosperidad. En este sentido, el mesías no es el Hijo de Dios tal como lo considera el Cristianismo.

2- En la tradición griega existían héroes elevados a la condición divina después de extraordinarias proezas o hazañas, por medio de la apoteosis. El más importante ejemplo de esto es Heracles, que después de haber sido quemado en una pira es tomado por su padre Zeus para gobernar a su lado. Debido al predominio del Imperio romano, cuya orientación cultural era predominantemente griega, en la época de los primeros cristianos es altamente probable que este ejemplo estuviera a su alcance, a la manera de una historia popular.

Al mismo tiempo, el adopcionismo era psicológicamente interesante para los primeros cristianos, y era fácil identificarse con un héroe como Jesús, un ser humano como cualquiera que es elegido ("adoptado") por Dios y que en consecuencia daba esperanzas de salvación a los propios cristianos, tan humildes ante Dios como su héroe máximo.

Uno de los adopcionistas más famosos fue Teódoto el Curtidor, habitante de Bizancio que llevó la prédica de esta doctrina a Roma en el año 190.

A medida que el cristianismo prendió en las capas superiores del Imperio romano, fue imponiéndose como doctrina el Encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios). El adopcionismo fue progresivamente arrinconado, a pesar de que teológicamente el encarnacionismo plantea una serie de dificultades que el adopcionismo no las ofrece (la mayor de ella: reconocer la existencia de varias personas divinas, y al mismo tiempo profesar el monoteísmo).

A lo largo de las llamadas disputas cristológicas, el adopcionismo volvería a ser resucitado, en una versión más refinada, por Pablo de Samosata (en el Siglo III) y por su discípulo Arrio. También fue adopcionista el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el Sínodo de Sirmio.

El Arrianismo se transformaría en la herejía más atosigadora que debería afrontar la joven Iglesia en sus primeros siglos. Finalmente, después de la formulación del credo en los Concilios de Nicea (325) y Calcedonia (381), el adopcionismo fue finalmente abandonado.

 
MAPA DE ESPAÑA AÑO 750


MAPA DE ESPAÑA AÑO 814


La querella del adopcionismo hispánico fue un debate que se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes. La convivencia entre las dos religiones y sus correspondientes culturas atravesó períodos de especial virulencia. Los pactos iniciales firmados entre los conquistadores y los visigodos permitieron una cierta autonomía religiosa. Pero la situación fue cambiando a contextos de incomprensión y enfrentamiento. La comunidad cristiana se mantuvo fiel a la fe de sus mayores, lo que suponía una incomodidad para las creencias de los nuevos titulares del poder político en la península.

Los cristianos sometidos al poder musulmán, mozárabes, habían establecido su capital en Córdoba, pero manteniendo su fe y sus costumbres, sus creencias y su liturgia. Aunque se influenciaran por ciertos usos orientales en el vestido y en la alimentación.

El rito mozárabe consiguió mantenerse en ciertos lugares de la ciudad de Toledo, era el llamado rito hispánico o visigótico. En la capilla del Corpus Christi de la catedral primada es obligatorio el uso de la liturgia mozárabe, permitida también en las iglesias mozárabes de la ciudad. Ciertos usos de la liturgia mozárabe pasaron de la romana en las reformas del Concilio Vaticano II. El detalle más significativo es el paso de las dos lecturas tradicionales romanas (Epístola y Evangelio) a las tres de la liturgia hispánica (Profecía, Apóstol y Evangelio).

La antigua liturgia hispánica (visigótica) poseía textos que se remontan a Isidoro de Sevilla y a otros grandes teólogos hispanos. Tenía una gran fuerza hasta que las reformas cluniacenses influyeron en su decadencia, a la que se resistieron los mozárabes toledanos y los de otros lugares. Desde mediados del siglo XI los dos ritos compitieron abiertamente. A pesar de las presiones, el rito hispánico no desapareció del todo, sino que pervivió unido a determinadas comunidades mozárabes.

Fue precisamente el recelo originado por ciertas expresiones de la liturgia lo que representó una dificultad grave a la hora de aceptar como ortodoxo el rito hispano-mozárabe. Daba la impresión de que no era clara la confesión de la filiación divina de Cristo por naturaleza, sino que su relación con el Padre se reducía a la mera adopción.

 
ELIPANDO DE TOLEDO


El Adopcionismo español se sitúa en el intento de acercamiento interconfesional de la Iglesia mozárabe con la cultura árabe, desde el ámbito de la doctrina Cristológica.

El vocablo "adopción" fue importado de Oriente a Occidente por Teodisco, obispo de Toledo y sucesor de San Isidoro de Sevilla. Teodisco fue depuesto por afirmar que Jesucristo no era Dios con el Padre y el Espíritu Santo (Santa Trinidad), sino adoptivo. Posteriormente, el vocablo pasó a los árabes.

El principal defensor del Adopcionismo fue el monje Elipando de Toledo. Nacido el año 717, se educó en una escuela monacal y pronto se dedicó al estudio y profesión monástica. Se cree que pudo haber recibido influencias de escuelas religiosas sirias. Los sirios habían llegado a la península procedentes del norte de África en la temprana juventud de Elipando, durante la invasión islámica. Entre el 754 y el 800 rigió la sede de Toledo. Combatió contra los intentos de Carlomagno de someter la Iglesia española a la franca.

Elipando, con un arzobispado cuyo vasto territorio estaba bajo el influjo de los árabes, intentó pactar con los mahometanos para quien Jesús era solo un profeta y por lo tanto mero hombre. La doctrina proclamada por el obispo de Toledo es que Cristo, según su naturaleza humana, es hijo adoptivo de Dios. Por lo tanto, en diálogo con los hijos de Mahoma convenía sostener la filiación adoptiva en cuanto hombre, y con los cristianos la filiación natural en virtud de su naturaleza divina.

Para los musulmanes había en el Cristianismo un motivo de escándalo en la Trinidad, ya que parecía incidir en el politeísmo, tres dioses, y así acusaban a los mozárabes. Elipando trató de hacer frente a la acusación acudiendo de algún modo a las raíces arrianas del goticismo. Más tarde, en el Sínodo celebrado en Sevilla el 784 propuso una modificación del Credo en el sentido de que no pudiera decirse que las dos naturalezas se identificaran en la segunda Persona de la Trinidad: Cristo habría “adoptado” la carne como una especie de revestimiento, nada más, sin quebrantar en modo alguno la unicidad divina que Muhammad con empeño había defendido y enseñado.


CARLOMAGNO


La exposición de la doctrina de Elipando también aparece en relación a la refutación de Migencio, predicador que sembró ideas confusas en algunas regiones de la Bética. Su doctrina se conoce por una carta que le escribe Elipando, en contestación a una especie de carta circular, método propagandístico usado por Migencio. Decía el arzobispo de Toledo:
Leímos tu carta sin poder contener la risa. En ella aparece tu fatua e ignorante locura de tu corazón. Vimos la carta y la encontramos ridícula por la falta de consistencia de tus afirmaciones y no sólo nosotros, sino toda la catolicidad te desprecia por tu pútrida doctrina y te declara digno de anatema... No se puede curar tu enfermedad con fomentos de vino y aceite, sino con un cuchillo de doble filo ha de amputarse podredumbre tan Antigua.

Migencio afirmaba que la
 Trinidad estaba compuesta de tres personas: el padre David, el hijo Jesús de Nazaret y el Espíritu Santo que era el apóstol San Pablo. Decía también que los sacerdotes mienten cuando se confiesan pecadores siendo en realidad santos y si no lo son ¿porqué se atreven a celebrar los sagrados misterios? Roma, para Migencio, era el único lugar santo, ya que allí habitaba Cristo.

Según Elipando:
Dios Padre no engendró la carne […] A la manera que ningún hombre engendra el alma de su hijo, sino la carne, a la que se une el alma, Dios Padre, que es espíritu, engendra el espíritu, no la carne. El Padre divino engendra la naturaleza y la persona; el padre humano la naturaleza, no la persona. En el Hijo de Dios subsistía la naturaleza divina antes que tomara la naturaleza humana. […] En una sola persona hay dos substancias: una producida por generación, otra no engendrada. La carne nace de la carne; el alma es propagada por Dios. Si a alguien le place dividir a Cristo en hijo propio y adoptivo, divida de una manera semejante a todo hombre. Pero como repugna a la razón suponer ni en el Hijo de Dios ni en el hijo del hombre dos padres, reconozcamos en uno y otro unidad de personas.

El error adopcionista de Elipando se encuentra en la refutación de la doctrina sobre la segunda persona de la Trinidad, que para Migencio era de la descendencia de David, pero no la engendrada por el Padre. Elipando enfurecido contestó que cómo puede ser el Hijo de Dios, nacido únicamente de la madre y no engendrado por el Padre sin principio. Y, si en la Trinidad nada puede haber que sea corpóreo ni mayor ni menor, cómo se atreven a decir que aquella forma servil es la segunda persona de la Trinidad, ya que el mismo Hijo de Dios, con relación a esta forma por la cual es criatura del Padre dice de sí mismo el "Padre es mayor que yo" (Jn.4,28).

El
 error de Elipando, admitiendo una diversidad de hijos, uno según la naturaleza divina que es igual al Padre, y otro (inferior) según la natura humana que era hijo de María y siervo de Dios, era una clara herejía.


BEATO DE LIÉBANA


Los primeros en responder y poner en duda la doctrina del metropolitano de Toledo fueron Beato de Liébana, abad de Santo Toribio de Liébana, y Eterio de Osma, obispo de Osma. Pertenecían al Reino de Asturias y, por tanto, a la Iglesia libre de la invasión musulmana. Por medio de su rey Alfonso II, acudieron al emperador Carlomagno para que condenase esta herejía. Y así, en un Concilio, presidido por legados del Papa, condenó el adopcionismo. 

En torno al 785 escribían a Elipando manifestando sus dudas por la doctrina expuesta. El escrito lleva el nombre de Apologeticus, más conocido como Los comentarios sobre el Apocalipsis de Beato.

Sólo uno de los obispos hispanos, Félix de Urgel, se atrevió a defender la doctrina de Elipando. Félix era de carácter más razonador e inteligente que el primero y, de hecho, hubo de retractarse. Estando su diócesis en la Marca hispánica (condado de Urgel bajo el dominio de Carlomagno), la doctrina traspasó el territorio peninsular convirtiéndose en una disputa de toda la Iglesia universal. Félix estuvo muchas veces solo frente a escuelas de teólogos que discutían sus tesis y las clasificaban con la etiqueta de heréticas.

La herejía fue condenada solemnemente durante el II Concilio Ecuménico de Nicea del año 787.

Entre los años 786 y 787, el papa Adriano I dirigía una carta a Ascárico, metropolitano de Braga, y a Elipando, llamándolos a que abandonen su doctrina. Al no lograrse ninguna retractación, el Papa convocó en unión con Carlomagno (temeroso éste por la ruptura de la unidad del Imperio) un concilio en Ratisbona (792). Allí compareció Félix, quien expuso sus tesis. Habiendo sido convencido de sus errores, Félix marchó a Roma donde compuso una profesión de fe en la que condenaba la doctrina del hijo adoptivo y profesaba que Jesucristo est proprius et verus Filius Dei.

Vuelto Félix a su sede en Urgel, por invitación de Elipando, volvía a caer nuevamente en el adopcionismo, trasladándose a Toledo, donde tenía mayor apoyo.

Elipando replicó con menosprecio a sus adversarios del norte: "Cómo puede permitirse un monje de Liébana enseñar doctrina a un arzobispo de Toledo". Y a ello pudo Beato replicar con una noticia que desde la época de Dionisio el Exiguo venía circulando por Europa: "... lo mismo que Roma, España tenía un origen apostólico, ya que Jacobo (Santiago), hermano de Juan, había viajado hasta ella antes de su muerte para sembrar allí las primeras raíces cristianas". 

En vista de la persistencia, y de las cartas que Elipando había dirigido a muchos obispos germanos y franceses, Carlomagno convocaba otro concilio general con el consentimiento del papa en Francfort en el 794. Asistieron unos 300 obispos y una representación pontificia. Elipando expuso en un magnífico discurso la fe en litigio. Al terminar preguntó "¿cuál es vuestra opinión?". Las conclusiones dicen que la frase "hijo adoptivo" no solo es desconocida en la antigüedad, sino falsa, porque induce a creer que Cristo no es propio hijo de Dios. 

Elipando y Félix no reconocieron el Libellus Sacrosyllabus compuesto por el concilio. Por ello el nuevo papa León III reunió un sínodo romano en el 799 que pronunció un anatema contra Félix. Este fue convocado nuevamente por Carlomagno en Aquisgrán, donde después de haberle expuesto varios obispos la falsedad de su doctrina, con razones de la Sagrada Escritura, renunciaba a ellas. Elipando murió obstinado en sus doctrinas al parecer en Lyón, donde el emperador había mandado que permaneciera.
 
 


APOCALYPSIS DE BEATO DE LIÉBABA


Una discusión provinciana llegó a implicar a los grandes teólogos de la época como a Alcuino de York y a Paulino de Aquileya, y a turbar la paz del Imperio carolingio y de la Curia romana.

La serie de concilios convocados para abordar el problema planteado por los españoles, así como las cartas de los Papas que denunciaban el peligro demuestran con evidencia que no se trataba de un problema baladí: concilios de Ratisbona (791), de Francfort (por Carlomagno, 794), de Aquisgrán (799), de Roma (799), de Fréjus (799), etc. Los papas Adriano I y León III y los consejeros de Carlomagno comprendieron la magnitud del peligro y trabajaron para doblegar a los españoles que, con argumentos teológicos y con el acostumbrado recurso a la Sagrada Escritura, a los Santos Padres y a los textos litúrgicos, defendían con sus puntos de vista.

Pero todos pretendían purificar la fe y acomodarla a las exigencias del dogma. Tiene, por lo tanto, razón J. C. Cavadini cuando afirma que lejos de ser esta controversia una señal de la decadencia de la Iglesia visigoda, como algunos han insinuado, es una prueba de su vitalidad y de su apertura hacia el futuro. Es difícil aceptar la opinión del atraso de la teología española del siglo VIII.

En el último cuarto del siglo VII se habían celebrado en Toledo varios concilios entre los que destacaron el XI (675) con un preclaro Símbolo de la fe sobre la Trinidad y la Redención, el XV (688) con doctrinas sugestivas sobre la Trinidad y la Encarnación, y el XVI (693) en el que los padres conciliares abundan sobre la Trinidad. Del texto de este concilio son las palabras con las que Alcuino de York pretendía explicar su idea de la Trinidad en su carta a Elipando. Según aquel concilio, las personas de la Trinidad entre sí no son aliud, sino alius. No son distintas en naturaleza o sustancia, sino en las personas. Son una misma cosa, pero personas distintas. Los teólogos españoles del siglo VIII, sucesores de los grandes escritores eclesiásticos de siglos anteriores como Isidoro, Eugenio, Ildefonso, Julián, etc. contribuyeron positivamente al avance de la reflexión sobre la fe en los temas cristológicos.

 


ALCURNIO DE YORK


El cisma hispano, que se pudo producir de haberse formado un colegio de obispos adopcionistas en Al-Ándalus, no llegó a materializarse: los sucesores de Elipando y sus adláteres fueron católicos y los mozárabes mantuvieron la fe ortodoxa, en comunión con el papa hasta el último momento. Aparentemente, las conversiones logradas lo habían sido únicamente por el ejemplo personal (en el caso de Félix) o la pura autoridad de un cargo (en el caso de Elipando), y desaparecieron con ellos. Otra consecuencia positiva fue la difusión de las obras de un teólogo hispano singular, Beato de Liébana, popularizado a partir de su refutación del adopcionismo y posteriormente admirado en toda la Cristiandad por su Apocalipsis.

En Hispania, la controversia sirvió como excusa para que el rey asturiano alejara a su iglesia de la influencia de la Iglesia mozárabe, ahora sospechosa de herejía y contagio de las enseñanzas mahometanas. Alfonso II el Casto (791-842) acercó a su reino la influencia franca del Imperio carolingio, al que envió tres embajadas. También la iglesia astur recibió las nuevas formas litúrgicas y teológicas romanas que se abrían paso en la Cristiandad latina, iniciando la ruptura con la Iglesia mozárabe mártir bajo el dominio de los emires de Córdoba. Elipando puede ser responsabilizado del inicio de este proceso que concluiría durante el reinado de Alfonso VI con la reconquista de Toledo, el fin de la iglesia mozárabe y el triunfo romano en la Iglesia española.

 

Aportaciones científicas, culturales, legislativas e historiográficas de Alfonso X


Alfonso X, rey de Castilla y León, fue un auténtico promotor cultural que reunió en su Corte a sabios y eruditos de las tres religiones peninsulares, creando escuelas de investigadores y traductores. Por ello, durante su reinado, la Escuela de Traductores de Toledo alcanzó su esplendor, y esta ciudad se convirtió en capital cultural de Europa.

Dejó una abundante obra escrita literaria, como Cantigas de Santa María, histórica, como Crónica General o General Estoria, científica, como Libros del saber de astronomía o Lapidario, y jurídica, con la promulgación del Fuero Real, las Leyes del Estilo y las Siete Partidas; este último código, de larga influencia en el ordenamiento castellano y español, supone la recepción del derecho romano en Castilla, incorporándose a la corriente europea del “derecho común”.

Este rey ilustrado fue el gran impulsador de la prosa medieval castellana, con su extraordinaria obra cultural y científica se crearon los cimientos de la lengua castellana y un vínculo entre la Europa medieval y la cultura árabe.


ALFONSO X EL SABIO


Fue rey de Castilla y de León, entre 1252 y 1284, guerrero y diplomático que reconquistó para la Cristiandad española, entre 1253 y 1262, las ciudades de Jerez, Medina-Sidonia, Lebrija, Niebla y Cádiz, e incluso continuó el avance frente al Islam pasando al norte de África, al enviar una expedición a Salé en 1260. Además eliminó una importante revuelta de los mudéjares de Murcia y el valle del Guadalquivir y repobló Murcia y la Baja Andalucía. Pero, sin duda, pasó a la Historia por su reconocida obra literaria, científica, histórica y jurídica.

Impulsó y participó en una intensa actividad cultural en su ciudad natal y Corte de su reino de Castilla, Toledo, convirtiéndose en la capital europea de la cultura, gracias a la labor de la Escuela de Traductores de Toledo.

Durante el reinado de Alfonso X, la ciudad de Toledo permitía la convivencia de las tres religiones en armonía y tolerancia y el intercambio de conocimientos y pensamientos, buscando la unidad del ser y del saber, en definitiva, algo opuesto a la tradicional confrontación bélica de la Reconquista. Por eso, esta institución reunió a los más reputados científicos y eruditos del momento pertenecientes a las tres culturas: cristianos, judíos y musulmanes. Se trataba de un conjunto de sabios en lenguas hebrea, árabe y latina que formaban el scriptorium (escritorio) de Alfonso X.


ALFONSO X EN EL ESCRITORIO REAL CON SUS COLABORADORES


Aunque esta escuela ya existía desde 1124, conoció en su reinado sus años de mayor esplendor aglutinando a diversos eruditos europeos que atraídos por la existencia de numerosos manuscritos árabes formaron una auténtica congregación en diferentes proyectos de traducción cultural demandados por todas las cortes de la Europa cristiana.

Alfonso X hizo trasladar a Toledo los restos de la biblioteca cordobesa de Al Hakam II, cuyos fondos fueron traducidos. Allí se asentaron las antiguas escuelas y academias judías de Córdoba y Lucena expulsadas de Al-Ándalus por el fanatismo almohade.

La escuela toledana desarrolló una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad y al traducir textos árabes y hebreos, no sólo al latín, sino de manera definitiva también al castellano y al francés, de hecho, dejó una extensa erudición en lengua castellana. Como ejemplo preclaro es la obra árabe Libro de la Escala, que recoge una serie de leyendas relativas a un viaje recorrido por Mahoma en el infierno y el paraíso. Aquella obra fue traducida al castellano por Alfonso X antes de 1264, y posteriormente por Buenaventura de Siena, quien la tradujo al francés y al latín. Dante se inspiró en esta traducción al francés para establecer la base argumental de su Divina Comedia.


ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO


También realizó la primera normalización ortográfica del castellano, lengua que se adoptó como oficial, en detrimento del latín, convirtiéndola en lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. El propósito del monarca era que el castellano tuviera preeminencia en su Corte porque era la que comprendían sus vasallos. Su afán por la divulgación de la lengua “porque los omnes lo entendiessen meior et se sopiessen dél más aprovechar” le llevó a traducir al castellano la Biblia, el Corán, el Talmud, la Cábala, los Libros del Tesoro de Brunetto Latini, una colección de cuentos ejemplares (o exempla) llamada Calila y Dimna, etcétera. Por ello, está considerado el fundador de la prosa castellana.

Era el mecenas de toda aquella erudición, concebía el plan de cada obra, ponía los medios para realizarla, daba las instrucciones precisas sobre su estructura y contenido, y revisaba el trabajo final, incluso se interesaba por detalles como precisar los dibujos e ilustraciones que debían ilustrar el texto. La intervención del rey fue a veces directa y a veces indirecta, pero indudablemente fue el arquitecto de estas obras.

Así lo dejó escrito en la General estoria:
“El rey faze un libro non por quel él escriva con sus manos mas porque compone las razones d'él e las emienda et yegua e endereça e muestra la manera de cómo se deven fazer, e desí escrívelas qui él manda. Peró dezimos por esta razón que el rey faze el libro.”


GRANDE E GENERAL ESTORIA


Esta preocupación por la obra bien hecha se manifiesta también en el prólogo del tratado inaugural de los Libros del saber de astrología, que es el Libro de las figuras de las estrellas fixasversión revisada acometida en 1276 de una primera traducción realizada en 1256. Allí se dice que el rey ordenó la traducción del texto a Yehudá ben Mosê y a Guillén Arremón de Aspa en 1256:
“E después lo endereçó e lo mandó componer este rey sobredicho, e tolló las razones que entendió que eran sobejanas e dobladas e que non eran en castellano derecho, e puso las otras que entendió que cumplían, e quanto al lenguaje endereçolo él por sí. E en los otros saberes ovo por ayuntadores a maestre Joan de Mesina e a maestre Joan de Cremona e a Yhudá el sobredicho e a Samuel. E esto fue en el año XXV de su reinado.”

La labor de la Escuela de Traductores de Toledo ayudó a transmitir al Occidente cristiano importantes elementos de la cultura oriental y de sus raíces clásicas. Pero no sólo se recopilaba y se traducía, sino que también se investigaba, se enseñaba y se creaba mucha obra original en todas las materias: medicina, filosofía, cosmografía, historia, derecho, literatura, etc. Los maestros eran judíos y mozárabes y la materia impartida consistía en el conocimiento islámico. Básicamente se enseñaba filosofía, astrología y artes mágicas, ya que fueron los árabes quienes conservaron y transmitieron a Europa la tradición del saber griego y romano a través de España.


ALFONSO X DIALOGA CON MÉDICOS ÁRABES
 

Alfonso X promovió la creación de Estudios Generales de latín y de arábigo, tanto en Sevilla como en Valladolid, que posteriormente se convertirían en Universidades.

Igualmente, fundó en 1269 la Escuela de Murcia, una escuela de investigadores y traductores, dirigida por el matemático Al-Ricotí, que como las demás, se convertiría en Universidad. Se trata de la primera escuela interconfesional del mundo donde enseñaban sabios judíos, cristianos y musulmanes, los "bani oud".

Además supo dar un nuevo impulso a los Estudios Generales de Salamanca y de Palencia otorgándoles el rango de Universidad en 1254 y 1262 respectivamente. La Universidad de Salamanca fue la primera en adquirir esta titularidad en toda Europa.


ESTORIA DE ESPAÑA


La actividad historiográfica de Alfonso X se concretó en las dos grandes compilaciones historiográficas que la España medieval nos dejó: la Estoria de España y la Grande e General Estoria.

La General Estoria es una enciclopedia de historia universal. La Estoria de España, conocida como Crónica General, constituyó la primera historia nacional escrita en lengua romance en 1270. Su contenido alberga desde los orígenes bíblicos y legendarios de España hasta la inmediata historia de Castilla bajo Fernando III.

El propósito de Alfonso X lo dejó escrito:
“Donde por todas estas cosas, yo, don Alfonso, después que hube hecho juntar muchos escritos y muchas historias de los hechos antiguos, escogí dellos los más verdaderos e los mejores que supe; e hice también hacer este libro, y mandé poner en él todos los hechos señalados tanto de las historias de la Biblia como de las otras grandes cosas que acaecieron por el mundo… Todos los grandes hechos que acaecieron por el mundo a los godos y a los gentiles y a los romanos y a los bárbaros y a los judíos y a Mahoma, a los moros de la engañosa fe que él levantó, y todos los reyes de España, desde el tiempo en que Joaquín casó con Ana y que Octavio César comenzó a reinar, hasta el tiempo que yo comencé a reinar, yo, don Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Castilla.”

SELLO DE ALFONSO X


Sobre su literatura lírica hay que destacar las 453 composiciones poéticas de Las Cantigas que  permiten considerarlo como el primer lírico en lengua gallega. De ellas las más conocidas son las de carácter religioso, conocidas como Cántigas de Santa María. Son de 427 poemas líricos reunidos en cuatro códices de pergamino que narran milagros de la Virgen. Están escritas en galaico-portugués, la lengua fundamental de la lírica culta durante el siglo XIII en Castilla. Están acompañadas de notación musical y unas vistosísimas ilustraciones que se hallan entre lo mejor de la pintura de su tiempo, ya que reflejan toda la sociedad del siglo XIII.

Es una obra colectiva en la que participó el propio monarca, y está considerado como el repertorio musical europeo más importante de la lírica medieval. Un material único que ha permitido ahondar en las fascinantes raíces del folclore musical europeo.

Hizo instalar un observatorio astronómico en el castillo toledano de San Salvador; a partir de las observaciones realizadas, se elaboró en 1272 el Libro del saber de la Astronomía, conocido como Tablas Astronómicas Alfonsíes, un completo tratado de astronomía de posición Las Tablas Alfonsíes sirvieron para calcular las efemérides planetarias, tomando como referencia las elaboradas en el siglo XII por el astrónomo cordobés Azarquiel. Sustituyeron a las obsoletas tablas que el greco-egipcio Ptolomeo elaboró en el siglo II y que todavía tres siglos más tarde admiraría Copérnico. En esos días se hizo famosa la frase del rey cuando comentando el orden de las esferas dijo: “Si hubiese estado al lado de Dios cuando creó el universo, le habría dado algún valioso consejo”. En 1935, se le reconoce como astrónomo nombrándole en su honor el cráter lunar Alphonsus.

CÁNTIGAS DE SANTA MARÍA

CÁNTIGAS DE SANTA MARÍA

LIBRO DEL SABER DE LA ASTRONOMÍA


En los Libros de los relogios se hace la primera mención en Europa de un reloj de pesas y eso que los primeros relojes de cuerda no hacen su aparición hasta el año 1450.

Su apelativo de “el sabio” hace honor a sus aportaciones en la cultura porque le interesó prácticamente todo y quiso hacer enciclopedias de todo. Una de ellas es El Lapidario, un tratado pseudocientífico, a mitad de camino entre la medicina y la magia, en el que se describen y analizan 500 piedras preciosas, metales y otras sustancias en relación con la astronomía judaica y sus cualidades terapéuticas. Por último, el Libro de los juegos trata de temas lúdicos como el ajedrez, los dados y las tablas. El juego era considerado como el deporte de la nobleza y toda una filosofía en la épocas.


 LIBRO DE LOS JUEGOS
 
LIBRO DE LOS JUEGOS


Una de las facetas más importantes de su reinado fue su labor legisladora, ligada a la introducción del sistema jurídico de los glosadores de Bolonia y de los canonistas. Bajo su impulso se organizó un formidable corpus de textos  jurídicos, tanto doctrinales como normativos.

En Castilla y León la lucha entre el Derecho viejo y el nuevo generó muchos quebraderos de cabeza. El padre de Alfonso X, Fernando III el Santo, comenzó otorgando como ley a todas aquellas ciudades que iba reconquistando el viejo código visigodo, llamado Fuero Juzgo, que marcó un hito en la legislación de aquella época pues determinó los delitos y los castigos a los que se hacían acreedores quienes vulnerasen las prohibiciones. Era la traducción en romance del Liber Iudiciurum promulgado por Rocesvinto a mediados del siglo VII (revisado en 681 por Ervigio), toda una compilación usada en los reinos feudales de la península en la alta Edad Media.

Alfonso X se dio cuenta de que había que renovar y unificar los diversos fueros que regían las villas y ciudades de su reino. Para conseguirlo, comenzó refundiendo este Código visigodo con preceptos del Derecho romano y formó el Fuero Real de Castilla, que quiso conceder a cada una de las ciudades para lograr una unidad jurídica en su reino.
 
 
LAPIDARIO


Su objetivo era formar una enciclopedia del derecho como la que hizo de la astronomía o de la historia. Por eso, el Espéculo, promulgado en 1255, sería la primera redacción de un código legal unificado, en la línea del Fuero Real.

Un año más tarde, bajo su supervisión decidió que su equipo de juristas redactase el Libro de las Leyes o Las Siete Partidas. Se trata de un nuevo código legal ampliado y basado en el Espéculo y en el Derecho romano-canónigo, elaborado entre 1256 y 1265. Se considera que Las Partidas tienen la misma calidad y transcendencia exterior en el ámbito del Derecho que la obra de Santo Tomás de Aquino en el campo de la Teología.

La reacción de la nobleza y de las ciudades en contra del nuevo Código fue general y violenta, ya que los privilegios nobiliarios se veían amenazados por la creciente intervención del Estado en las legislaciones privativas. Como era inteligente, en 1272 Alfonso X derogó sus leyes y reconoció la vigencia del viejo Fuero Juzgo. Desde entonces y hasta mediados del siglo XIV el viejo derecho popular de los fueros rigió en su plenitud junto con las leyes dictadas por el rey y las Cortes.

Pero Las Siete Partidas aunque no tuvieran fuerza legal, inspiraron las decisiones del tribunal supremo del rey y formaron la mentalidad de los nuevos juristas, aspiraron a codificar y dar unidad a la vida normativa del reino y trascendieron sus propios límites. Tal es así que las Partidas fueron aplicadas a la América española, se aplican hoy en día por los tribunales de San Luis, en Estados Unidos, como herencia de la legislación que llevaron a América los españoles a partir del siglo XV, y en Brasil hasta la época de las codificaciones del siglo XIX.
 
 
LAS SIETE PARTIDAS 


En el terreno económico, Alfonso X facilitó el comercio interior con la concesión de ferias a numerosas villas y ciudades. Estableció un sistema fiscal y aduanero avanzado que potenció los ingresos de la Hacienda regia y reformó el sistema monetario.

Como rey sabio, Alfonso X inició un proceso reformador de las estructuras políticas y económicas que desembocaría en el Estado Moderno de época de los Reyes Católicos. Concedió numerosas ferias y creó el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores en 1273, un gremio que aglutinaba los intereses de la ganadería trashumante de todo el reino. Fue su gran fuente de riquezas, basada en una poderosa sociedad ganadera que explotaba enormes rebaños de oveja merina entre Andalucía, Castilla y Extremadura lo que favoreció el comercio de la lana con los centros textiles de Flandes, Inglaterra y Francia. A cambio, les otorgó prerrogativas y privilegios como eximirles del servicio militar, de testificar en los juicios, derechos de paso y pastoreo, etc.

Con parte de los beneficios, el monarca ayudó a construir las impresionantes catedrales góticas que dieron esplendor arquitectónico a la Edad media hispana: las catedrales de Burgos, Segovia, León y Burgo de Osma.


ESTATUA DE ALFONSO X EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

Cortes parlamentarias de León de 1188


Los precedentes democráticos tienen su origen en Grecia. Roma alumbró su propio principio democrático por el cual “lo que involucra a todos tiene que ser aprobado por todos” (quod omnes tangit ab ómnibus appobetur). Ese precepto de Justiniano se consideraba como la base del concepto de bien común. Las asambleas de hombres libres de los germanos, el thing, fue una forma de democracia asamblearia.

En la temprana Edad Media hubo otros ejemplos de democracia primaria, asambleas de hombres libres reunidos para resolver problemas locales: en el mundo franco existía el placitum; en el anglosajón, el shirey el hundred; en la España visigoda, el conventus publicus vicinorum. La gran innovación consistió en que esos hombres libres se incorporan a los grandes órganos de decisión política junto a los magnates y los nobles.

La sociedad medieval europea se estructuraba en estamentos; era un orden social jerarquizado y segmentado. La concepción de la sociedad como articulación de estamentos era una constante de la cultura política europea desde Sócrates, que ideaba la República como un cuerpo dotado de una cabeza, un pecho y un vientre. Cada parte del cuerpo representa un estamento social: la cabeza (la razón, el pensamiento) la forman las clases rectoras; el pecho (la fuerza, el coraje) la forman los soldados; y el vientre (el alimento, el trabajo, la reproducción) la forman los trabajadores o productores.

Esa estructura jerárquica determinaron la formación de los estamentos medievales: oratores, bellatores, laboratores. La división en estamentos era una plasmación, en lo social, de ese orden ideal: los religiosos, los nobles y los campesinos. A cada uno de estos estamentos se le reconocía una función social específica y, en consonancia, una condición jurídica singular.


PIRÁMIDE DE ESTAMENTOS SOCIALES MEDIEVALES


Este orden no se tradujo en instituciones representativas generales, donde cupieron todos, hasta que el estado llano entró en las asambleas, gracias a la aportación intelectual de la Iglesia. Son los teólogos quienes, hacia los siglos XII y XIII, reactualizan la visión socrática de la comunidad política y la compaginan con el concepto latino de bien común. Santo Tomás de Aquino lo expresó de manera inmejorable: a la hora de garantizar el bien común, será bueno hacerlo por “gobernantes elegidos por el pueblo de entre el pueblo”. Así aceptan junto a los magnates y caballeros del estado nobiliario, junto a los prelados y abades del estado eclesiástico, los patricios de las villas y ciudades.

Las circunstancias de la Reconquista española determinaron aquella efeméride. Los reinos cristianos hispánicos que se fundaron después de la invasión musulmana empezaron a construir su estructura de poder sobre bases muy elementales: el rey, los nobles y los clérigos. Pero a medida que la Reconquista fue tomando impulso, se formaron nuevos núcleos de población y grupos humanos con una personalidad política singular: hombres libres que han construido ciudades que se gobiernan a sí mismas, con tierras que cultivan para sí, que organizan mercados, con una vida económica y social independiente del poder feudal. Esa libertad implica el reconocimiento de un cierto número de derechos de naturaleza colectiva. Y como estas comunidades de hombres libres son la base de los reinos de la Reconquista, los reyes no tardan en convocarlos.

Por otra parte, el Reino de León vio frenada su expansión geográfica hacia el sur, la Corona precisaba de mayores ingresos y, a fin de obtenerlos, creó nuevos impuestos, lo que produjo un alza de precios. Por ello, la clase ciudadana quiso obtener alguna contrapartida y regular el gasto regio para reorganizar nuevas campañas bélicas contra los moros. Antes estas necesidades económicas fue el rey quien solicitó la incorporación de elementos populares.


Así es como, en 1188, a la Curia regia de León se incorporan elementos procedentes del estamento popular, exclusivamente ciudadano, representantes de las ciudades y principales villas del reino de León. Estos eran los procuradores, también llamados personeros u “hombres buenos”, elegidos por los ciudadanos de sus correspondientes villas para su representación política en la curia.



CLAUSTRO DE SAN ISIDORO EN LEÓN
 
En 1188, en la ciudad de León, se realizan las primeras Cortes Parlamentarias de Europa. Fueron las famosas Cortes Democráticas de 1188, reunidas en el Claustro de San Isidoro de Sevilla, sito en la ciudad de León. En estas Cortes, además de ampliar los Fueros de Alfonso V del año 1020, se promulgaron nuevas leyes destinadas a proteger a los ciudadanos y a sus bienes contra los abusos y arbitrariedades del poder de los nobles, del clero y del propio rey. Este importante conjunto de decretos ha sido calificado con el nombre de Carta Magna Leonesa.

Fue el inicio de un nuevo marco político por el que se regirían las cortes de otros reinos y condados cristianos medievales de Europa, extendiéndose durante los siglos XIII y XIV. A Cataluñallega en 1218; Castilla en 1250; Aragón en 1274; Valencia en 1283; Navarra en 1300.


Alemania aplicó el ejemplo leonés en 1232; Inglaterra regula la presencia de los representantes del tercer estado en 1265; Francia incorpora la presencia institucional de las ciudades francesas en los primeros Estados Generales de 1302.

La curia regia conserva sus funciones consultivas, que sólo ampliará más adelante, y en ellas el elemento popular está claramente diferenciado. Los miembros de los tres estamentos sociales (clero, nobleza, representantes de las ciudades) eran elegidos con la finalidad expresa de votar en una dirección concreta, y todos los miembros valían igual, teniendo atribuciones muy amplias. Aquellas Cortes parecen como un diálogo entre el rey y la curia, por un lado, y los representantes de las ciudades y villas por otro, sin oposición a que cada estamento se consolide por separado.

Las Cortes apruebaban leyes, consignaban impuestos, atendían las reclamaciones contra cualquier trasgresión del orden, y tenían la facultad de requerir al rey para que jure las libertades particulares de los súbditos, como condición necesaria para aceptar la soberanía regia. El juramento de libertades y cartas pueblas significaba algo de un valor trascendental: que ningún ciudadano perdería sus derechos y que el rey aceptase mantener el estatus jurídico de sus territorios, lo cual garantizaba el mantenimiento del orden colectivo.

Aquellas Cortes no formaban una asamblea fija y estable, sino que se reunían con periodicidad discontinua y previa convocatoria del rey, para disolverse tras haber realizado su tarea. Cada reino poseía su Diputación General, tratándose de una comisión permanente con la función de velar por el cumplimiento de los acordado en las Cortes y que nadie violase los Fueros municipales.

Así se fundó la Diputación del General de Catalunya a partir de 1359; también en Navarra, bastante tiempo después, ya dentro de la unidad española, llamándose Cámara de Comptos.




CATEDRAL DE LEÓN
 

Teoría cuantitativa del dinero por Martín de Azpilcueta


Miembro de la Escuela de Salamanca, economista, jurisconsulto y teólogo, el doctor Navarro Martín de Azpilcueta fue uno de los precursores de la Economía moderna gracias a describir, por primera vez, la relación entre el aumento de la cantidad de dinero en circulación y el aumento de los precios en un país, originando la Teoría Cuantitativa del Dinero y la Teoría del Valor-Escasez, dos de los principios básicos de la macroeconomía moderna. 

Considerado como uno de los más importantes intelectuales de su tiempo, también fue célebre en Europa por su importante labor tanto en el terreno de la docencia como en el de las letras y el Derecho canónico.


MARTÍN DE AZPILCUETA

Martín de Azpilcueta Jaureguízar nació en 1492 en la localidad navarra de Barasoain, perteneciente a una familia agramontesa de Baztán. Estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá desde 1509 y derecho canónigo en la de Toulouse desde 1513. Se ordenó sacerdote y se dedicó a impartir clases de esta disciplina en esta universidad y en la de Cahors.

Regresó a España en 1523 y a través del prior de Roncesvalles, Francisco de Navarra, entró en la Universidad de Salamanca al año siguiente. Allí accedió a la cátedra de prima en cánones e impartió derecho canónigo durante catorce años, desde 1524 hasta 1537, dejando como discípulos a ilustres como Diego de Covarrubias, Arias Pinelo, Francisco Sarmiento y Pedro de Deza.

Durante su estancia pudo conocer en persona al emperador Carlos I, con el que debatió sobre del origen democrático del poder. Pero sería por su pensamiento y por sus aportaciones a la Escuela económica de Salamanca por lo que pasó a ser uno de los precursores de la economía moderna, muy anteriores a los fundadores de la Economía Clásica inglesa del siglo XVIII encabezada por Adam Smith. Considerado teólogo, jurisconsulto y economista, Azpilcueta fue autor de numerosos ensayos sobre diferentes campos del saber y uno de los fundadores de la escuela salmantina junto a Francisco de Vitoria.

Fue el mismo monarca quien le recomendó pasar a la Universidad de Coimbra para dedicarse a la actividad docente en cánones. Además tomó participación en la vida pública portuguesa como consejero y confesor de personalidades ilustres. Fue consultado acerca de diversos asuntos por los tribunales de la Inquisición española.


En la ciudad lusa publicó, en 1553, su obra más conocida, Manual de confesores y penitentes, escrita en latín como 
Manuale confessariorum et paenitentium. Una obra sobre moral que llegó a tener más de 50 ediciones y en diversas lenguas: español, portugués, italiano, francés, latín, etc.

Como pensador iusnaturalista, defendió la tesis por la cual "el reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la misma comunidad y no del rey, por lo cual no puede la comunidad abdicar totalmente en ese poder". Tesis defendida cuando aún estaba en auge el espíritu de los comuneros de Castilla ejecutados por Carlos I. Su pensamiento era opuesto a la deriva absolutista que las Monarquías europeas estaban desarrollando en sus Cortes, incluyendo a la hispánica de los Habsburgo.

Después de dieciséis años de docencia en aquella universidad, en 1555, decidió regresar a España para retomar sus escritos, y dedicarse al estudio y a la publicación de sus obras, muy estimadas por teólogos y canonistas de todos los tiempos.



CASA NATAL DE AZPILCUETA
Sus dos grandes obras sobre pensamiento económico fueron Comentario resolutorio de cambios y Comentario resolutorio de usuras, publicadas ambas de 1556, que en realidad fueron apéndices de la principal Manual de confesores y penitentes.

Azpilcueta pasó a la historia de la economía por analizar las actividades mercantiles y los efectos monetario que se estaban produciendo en su tiempo derivados de la llegada de metales preciosos desde América. Estableció el concepto, funciones y valor del dinero, manifestándose por una concepción del dinero metalista. Estudió la diferencia del valor de las monedas nacionales de distintos países en relación con la abundancia o escasez relativa de metales preciosos, siendo por ello precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero. Defendía la idea de que la moneda es una mercancía más, y por ello, sufre las mismas variaciones que cualquier otro producto. Según el navarro:
"La moneda de oro, por su particular falta, puede valer más de lo que valdría si hubiese abundancia de ella."

En su Comentario resolutorio de cambios explicó que:
"En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se vee que en Francia, do ay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos; y aun en España, el tiempo, que avia menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y los trabajos de los hombres, que despues que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es, que el dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia."

Debido a sus análisis de precios, pudo concluir que el aumento del nivel de precios de los productos españoles (inflación) estaba directamente relacionado con la afluencia de metales preciosos traídos de América, como consecuencia de una mayor abundancia de dinero.

Hasta hace unas décadas, se consideraba al francés Jean Bodin como el primer economista que había formulado la llamada Teoría Cuantitativista de la moneda. Sin embargo, la aparición de la obra de Larraz y, más tarde, la de Grice-Hutchinson sobre los escolásticos de la Escuela de Salamanca de mediados del siglo XVI, ha dejado claro que dicha teoría fue formulada por primera vez por el doctor navarro.

El Comentario resolutorio de usuras de Azpilcueta, publicado en 1556, no sólo apareció doce años antes de la Réponse de Jean Bodin, en 1568, sino que además, el autor navarro desarrolló su primera teoría cuantitativa de una forma más completa que el teórico francés, empleándola como punto de partida para elaborar una teoría de paridad de poder adquisitivo del dinero en los cambios internacionales.

Azpilcueta relacionó la diferencia existente entre la capacidad adquisitiva del dinero en los distintos países según la abundancia o escasez de metales preciosos que hubiera en ellos.
Definió así lo que se llamó la Teoría del Valor-Escasez en los siguientes términos:
"Toda mercancía se hace más cara cuando su demanda es más fuerte y su oferta escasea."

Analizó y dividió los tipos cambios entre monedas nacionales, concluyendo que el aumento de la inflación nacional también fue motivada por la especulación cambiaria y el movimiento de dinero. Por eso, se posicionó a favor de cierto intervencionismo político y la elaboración de una teoría del dinero como base para una regulación moral de las relaciones económicas entre ciudadanos del mismo país y con los de otras naciones.


UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

También reconoció la productividad del dinero, tratando de precisar racionalmente los elementos objetivos que determinan el interés de los préstamos. Hizo una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se valoran más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del Concepto de Interés de la Escuela Austríaca, que lo considera uno de sus precursores.

Desde un análisis precapitalista, se preocupó también de la moral económica. Ayudó a eliminar el estigma de la usura y del cobro de intereses, así como a erradicar la tesis aristotélica sobre la esterilidad del dinero. Abordó los problemas morales derivados de las operaciones mercantiles y transacciones económicas de la Modernidad conciliándolos con la moral tradicional. Y defendió la licitud del cobro de intereses en préstamos, contra el criterio de la Iglesia católica de entonces.

En 1569, aparecieron unas Additiones al Manual, acompañando a De Usuras y Simonía, en las que el autor justificaba la licitud de los préstamos con interés. También conocido es su Tratado sobre las rentas de los beneficios eclesiásticos que alcanzó numerosas ediciones a partir de su primera publicación tres años antes en Valladolid.

Más tarde fue consejero de Felipe II, el cual lo envió a Roma en 1577 para defender al también navarro Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo y cardenal primado de España, acusado de herejía ante el tribunal de la Inquisición. Gracias a la brillante defensa del Doctor Navarrus, Carranza, fue al fin absuelto de los cargos que se le imputaban y Azpilcueta consigue el aprecio de las sedes vaticanas de Pío V, Gregorio XIII o Sixto V quien le nombra consultor de la Sagrada Penitenciaría y materias diversas.


Con posterioridad a su muerte en Roma en 1586, aparecieron sus obras completas publicadas en Venecia en 1598 bajo el título de Compendium horum omnium Navarri operum.



MARTÍN DE AZPILCUETA