Teorías sobre la Soberanía del Estado en la Edad Moderna


1. TEORÍA DEL PACTO ORIGINARIO

El Pactismo se convirtió, desde el siglo XIV, en toda una teoría política muy importante, mediante el cual se obligaba al monarca a jurar y respetar, previamente a su coronación, el ordenamiento jurídico interno.

En Aragón, el pacto cuajó en el Privilegio General de 1283, aceptado por Pedro III, cuando juró los fueros, usos y costumbres aragonesas, ante la alta nobleza local, que aseguraba el pacto originario de la fundación de este reino peninsular, mediante el acuerdo entre los cristianos refugiados en el Pirineo y el encumbrado rey.

En las Provincias vascas y en Navarra, el pacto originario también fue propio desde su fundación. Fue originario en Vascongadas incluso en su pacto de vinculación con el Reino de Castilla. Desde el siglo XVI, tras una revisión foral, los guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos estaban convencidos de que su incorporación a Castilla había sido fruto de un pacto, cuyas modificaciones deberían hacerse bilateralmente entre los representantes provinciales y los reyes castellanos. Esta es la teoría que apoyaron muchos historiadores de la época.

A principios de la Modernidad, surgieron varias teorías acerca del origen del pacto entre el rey y su comunidad humana.


 
FRANCISCO SUÁREZ

 
 
Hacia 1600, el principal teólogo español, el jesuita Francisco Suárez, desarrolló una teoría política por la cual toda comunidad humana, al constituirse como tal, recibía la autoridad de Dios y, mediante un pactum translations, esta se transmitía a un príncipe o a una corporación para que gobernase la misma. El pacto obligaba a gobernar conforme al derecho natural y respetar los términos concretos del contrato, tales como fueros, usos y costumbres.
 
Esta fue la doctrina política que más influyó en el pensamiento de los reinos cristianos europeos, tanto católicos como protestantes, durante la Edad moderna. Pero, en la Cristiandad, surgieron otras teorías sobre el Pactismo.
 
En la primera mitad del siglo XVI, el dominico Francisco de Vitoria expuso otra de las teorías políticas dominantes en la época, refiriéndose a la rex pública o autoridad de dominio público, independientemente de cual fuera la forma de gobierno elegido. Partiendo de la deposición de la autoridad de Dios en una comunidad política, al constituirse esta en origen, no pactaba con una corporación o persona externa a ella, sino que generaba en su propio seno una corporación o designaba una persona para que ejerciera el poder.

Mientras que la teoría de Vitoria afirma que la comunidad podía seguir siendo parte del poder y ejercer en el derecho, la teoría de Francisco Suárez afirma que es la comunidad la que se aparta del poder y autoridad, trasladándola fuera de sí misma hacia el soberano, el cual puede legislar como le pareciera oportuno con tal que respetara los términos del pacto. En ambos casos, la autoridad debía someterse a los términos contractuales en que se hubiera concretado la delegación de poder. Otra cosa es que unos términos contractuales fueran más duros que otros.


En base a estas teorías, el derecho público del Reino de Castilla, reconocía mayor alcance a la autoridad regia, que el que tenían los fueros de las Provincias vascongadas y la Corona de Aragón.

FRANCISCO DE VITORIA


2. TEORÍA DEL TIRANICIDIO

El Tiranicidio es la teoría que sostiene la licitud de la muerte al tirano y cuyo origen se remontan a los escritores griegos y latinos como Plutarco, Polibio y Cicerón. En el siglo XII esta teoría fue recogida por Juan de Salisbury para quien matar al tirano no solo era lícito, sino acción conveniente y justa.

La forma de gobierno en el reino de España durante la Modernidad fue la Monarquía, heredada de los Estados medievales y admitida unánimemente por la población y la teoría que prefería asimismo el carácter de hereditaria frente a la electiva, según disponían las leyes de los reinos.

La Monarquía española de la Modernidad fue una realeza de carácter absoluto, conforme a las ideas de la época, tendencia absolutista desarrollada desde la Baja Edad Media y consagrada por los principios heredados de la recepción como el principio cesarista romano “quod principi placuit, legis vigorem habet” que significa el rey ejercía los poderes por encima de todo.

Pero el carácter absolutista estuvo atemperado por otros principios como el de la sumisión del rey a las leyes prexistentes y a la felicidad de sus súbditos. Los filósofos y teólogos españoles del siglo XVI, como Domingo, Mariana, Vitoria, Suárez, Molina, De Soto, etc., son unánimes al entender que todo el poder venía de Dios, pero que es la comunidad la que lo delega y encomienda a su príncipe o soberano, justificándose de este modo el ulterior derecho de resistencia si el príncipe no lo utiliza en beneficio del bien común. De aquí que el rey deba sujetarse a las leyes divinas y naturales y a las leyes positivas, según Mariana y Márquez. 

La teoría española del tiranicidio distinguió entre tirano por ilegitimidad del título y el tirano por ejercicio inicuo del poder, y mientras algunos aconsejan respetar al tirano, como Covarrubias, Sepúlveda o Márquez, otros opinan que debe ser destituido y ejecutado, como Yañez, Mariana o Molina.

La más lograda defensa del tiranicidio fue elaborada por Juan de Mariana en su obra Del rey y de la Institución Real. La extensión de la doctrina fue tal que el rey Carlos III decretó el 23 de mayo de 1767 la prohibición en los centros de enseñanza, seminarios y universidades de enseñar la doctrina del tiranicidio.

  
JUAN DE MARIANA


3. TEORÍA DE LA RAZÓN DE ESTADO

En la Europa del siglo XVI, surgieron algunos pensadores como Maquiavelo, Bodino o Hobbes que sentaron las bases de lo que llamaron la Teoría del Estado absoluto, cuya legitimidad se fundamentaba en la Razón de Estado. Este pensamiento estaba muy influenciado con el ambiente de la Reforma protestante. El teólogo francés Bodin afirmaba la autoridad soberana del rey.

Mientras que la España austracista pasaba del Renacimiento al Barroco, prologaba la Contrarreforma con distinción clara entre Renacimiento y Barroco. Así, los tratadistas españoles intentaron formular una novedosa teoría del Estado renacentista. Durante el reinado de Carlos I se rompió el populus christianus medieval, y surgió una nueva organización político-jurídica, con poder independiente, que ejerció dominio sobre un grupo humano diferenciado, y se llamó Estado absoluto, porque ejerció dominio total sobre las personas. Del Autoritarismo de los Reyes Católicos se evolucionó al Absolutismo de los Habsburgo. 

La idea imperial quedó así sustituida por los Estados modernos, sin abandonar la concepción católica, que reconocía potestad indirecta de la Iglesia, distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, con separación de Iglesia y Estado, y superioridad del poder espiritual en lo religioso, hasta el punto de poder deponer al Príncipe y privarle de sus bienes si realizase algo contrario a la religión.

Al surgir Nicolás Maquiavelo fue preciso replantear la potestad indirecta, en 1559. Maquiavelo había descubierto una realidad política natural, regida por leyes, que llamó Razón de Estado. Estudió el Estado como realidad natural, sin preocuparse de la fe, por lo que los españoles identificaron su doctrina con el Naturalismo protestante y ateo. Surgiendo un Antimaquiavelismo español que propugnaba la armonía entre razón y fe, con ideología contrarreformista; proceso que aisló a España del resto de Europa.

Este Antimaquiavelismo provocó en España la erudición de una importante literatura política, de estilo barroco, alejada de la universidad, escrita en castellano, publicada en manuales, sin orden sistemático ni lógico, pero de contenido práctico: orientar al gobernante, y captar y educar al lector. Fue una literatura paralela a la literatura del Arbitrismo económico, dirigida a rescatar las haciendas del Estado de su absoluta quiebra. 

Sus principales representantes fueron Andrés Mendo, Juan Marquez, Diego de Tovar y Valderrama,
y Juan Orozco y Sebastián de Covarrubias. Este último fue escritor de Emblemas morales (Segovia, 1589), siendo el emblema una especie de aviso o advertencia para hacer comprender las ideas. En cambio, el pensamiento de Pedro de Rivadeneyra valoraba el carácter ejemplar de los casos concretos. Su obra más importante fue Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados (Madrid, 1595), escrita contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de su tiempo enseñaban. Para Rivadeneyra el buen reinado pasaba por la aplicación de la doctrina católica, pues hay dos razones de Estado: "una, que del Estado hace religión; otra, que de la religión hace Estado".

Los tratadistas españoles del siglo XVII no se preocuparon ya del origen ilegítimo del poder, sino de que se realizase un poder justo. Como hombres barrocos utilizaron el ingenio, no aprobaron el tiranicidio, y consideraron la educación como el medio para crear el tipo de hombre más adecuado a una República cristiana. Todos los nacionales debían poseer la misma religión, por lo que en la práctica apoyaron la religión como razón de Estado.


 
SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS


4. TEORÍA DEL PRÍNCIPE CRISTIANO

La literatura política sobre el Príncipe cristiano comenzó en la Edad Media con los tratados De regimene principum y los libros derivados de ellos, entre ellos el Vergel de príncipes de Rodrigo Sánchez de Arévalo y el Speculum principum de Pedro Belluga.
 
En el Renacimiento proliferaron también los tratados políticos sobre la educación de príncipes y reyes, que constituyeron parte importante en las preocupaciones políticas de los erasmistas: entre los que podemos citar El espejo del príncipe Cristiano de Francisco de Monzón, el De regni Regisque institutione de Sebastián Fox Morcillo y la Institución de un rey cristiano colegida principalmente de la Santa Escritura y de los Sagrados doctores de Felipe de la Torre.
 
También se ocuparon de este tema El príncipe de Maquiavelo y la reacción antimaquiavelista, siendo este tema clave de la Teoría del Estado de la Contrarreforma. 
 
Fue frecuente la afirmación de que el Príncipe es el alma del pueblo, tratando también del óptimo Príncipe Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo. 
 
El tema preocupó en el Renacimiento, no ya sólo como ejemplaridad moral, sino también como técnica y arte. Fue en la imagen del Príncipe maquiavélico donde se introdujo el arte político como forma de gobernar el Estado, y en ella el Príncipe olvidaba ya su salvación personal para subordinarlo a su fin político.
 
Los escritores españoles consideraron que eso era una impiedad que perjudicaba al Príncipe como gobernante, y defendieron que el Príncipe debía poseer virtud como persona pública, siendo una de sus funciones hacer virtuosos a sus súbditos y a la sociedad que regían. Por eso, subordinaban la política a la ética, surgiendo el Tacitismo sin romper con los planteamientos escolástico, tal y como siglos atrás Santo Tomás de Aquino habló del ars gubernativa. No aceptaban que el Príncipe tuviese que ser malo para adaptarse a la maldad del ambiente, pero tampoco predicaron la bondad del género humano; admitían por eso que el Príncipe debía conocer la malicia humana, armándose del arte político para vencerla. Y Francisco Garau, en El sabio instruido de la naturaleza (1677), dijo textualmente: "El Príncipe con las armas es uno; con las artes es un Reino."


DIEGO SAAVEDRA FAJARDO


El autor español más importante de esta idea fue Diego Saavedra Fajardo, embajador de España en la Corte pontificia duranrte las primeras décadas del siglo XVII, además de consejero de Indias. El libro que más fama le dio fue Idea de un príncipe político-cristiano representada en cien empresas (Munich, 1640), pero inspirándose en los Emblemata política (1618) de Jacobo Brock Augermount escribió también Corona gótica, castellana y austriaca (Münster, 1645), República literaria (inédita), Introducción a la política y razón de estado del Rey Católico don Fernando (inédita también), y el folleto Locuras de Europa. Era antimaquiavélico, y en todas sus obras había un tono de moderación y equilibrio.

El género de las empresas tuvo gran éxito en España, en obras como Emblemas morales (1589) de Juan Orozco y Covarrubias y los Emblemas moralizados (1599) de Hernando de Soto. Por lo que Saavedra Fajardo utilizó también las empresas para tratar de la educación del Príncipe, demostrando su experiencia vivida y el carácter platónico y ejemplarizante de su pensamiento.

Las virtudes morales del Príncipe Cristiano fueron pues tema fundamental en todos los tratadistas políticos españoles del siglo XVII, que insisten en la prohibición de mentir, aunque aceptan la disimulación. También prestaron atención a la justicia, distinguiendo la conmutativa (relaciones de los ciudadanos o partes del reino) y la distributiva (relaciones entre el todo y las partes). Primando en ambas la igualdad ante la ley, y debiendo ser también el Príncipe liberal y buen administrador, imagen de Dios.


HERNANDO DE SOTO


5. TEORÍA DEL TACITISMO

En la Teoría Contrarreformista del Estado los escritores españoles citan con tanta frecuencia a Cornelio Tácito, que originaron el movimiento llamado Tacitismo.

Durante el siglo XVII, se construyó el Estado absoluto, y Maquiavelo delimitó el Estado autónomo y regido por leyes propias, ajenas a la ética, a lo que llamó razón de Estado. Pero los tratadistas españoles prefirieron a Tácito, que llegó a adquirir tal popularidad que español y tacitista fueron sinónimos en la Europa transpirinaica.

Tácito y Maquiavelo se oponían, pues mientras Maquiavelo representa el dogmatismo y la inflexibilidad estatal, Tácito utiliza el aforismo como un producto inductivo de la experiencia histórica, favorecedor de la flexibilidad y la maleabilidad; aunque unos escritores se sirvieron de Tácito para introducir maquiavelismo, otros combatieron a Tácito tanto como a Maquiavelo, y unos terceros se sirvieron de Tácito para captar la realidad política.

En realidad Tácito fue el descubridor del naturalismo político, realizando una labor política muy parecida a la de Aristóteles: poner de relieve el plano de la naturaleza como el de un orden autónomo, con leyes propias: en lo que su pensamiento tiene parentesco con el de Maquiavelo. El maquiavelismo se aprendió pues en Tácito, aunque con la religión cristiana en Maquiavelo, y la pagana en Tácito. Por eso el antimaquiavelismo hispano va unido a la condena de Tácito, sin que puedan equipararse maquiavelismo y tacitismo, pues Tácito inquiere la realidad política con la razón natural, por lo que ocupa un lugar intermedio entre Erasmo y Maquiavelo. Los antimaquiavelistas se sirvieron pues de Tácito sólo para rechazar a Maquiavelo.


JUAN LUIS VIVES


El Tacitismo fue así erasmista por racionalizar la vida y la sociedad con criterios socioempíricos, y aplicarlos a la política. Por eso Juan Luis Vives tuvo una alta valoración de Tácito, cuya lectura recomendó por su utilidad para la vida civil. El neoestoicismo supuso cierto revival de las tendencias erasmistas, y por tanto hay también cierta afinidad entre tacitismo y neoestoicismo. Justo Lipsio y Juan Antonio Martín Rizo convirtieron a Séneca en un modelo de política tacitista.

Tácito fue importante para los escritores españoles del Barroco por los siguientes motivos:
1- por atenerse al plano natural de la experiencia
2- por desarrollar con inteligencia una técnica de observación
3- por emplear con frecuencia el método inductivo
4- por usar la matización psicológica en materia política

Por eso Tácito estuvo también presente en Italia junto a Maquiavelo, cuyas obras se imprimieron en Roma en 1515, con privilegio de León X; y fue divulgado por Andrés Alciato en las ediciones de Milán (1517) y Basilea (1519), publicando
también Annotationes in Tacitum y Emblemata (1531), ambas de gran repercusión en nuestros escritores. Mientras Trajano Boccalini, Scipione Ammirato y Justo Lipsio estuvieron también influidos por Tácito.

Francisco Sánchez, el Brocense, comentó a Alciato en Commentarii in Andrea Alciati (Lyon, 1573), y su discípulo Diego López en Declaración magistral sobre los Emblemas de Andrés Alciato (Nájera, 1615).
 
FRANCISCO SÁNCHEZ, EL BROCENSE


A principios del siglo XVII el tacitismo ya había tomado carta de naturaleza en España, como demuestra también la Doctrina política civil (1604) de Eugenio de Narbona, primera manifestación del tacitismo político en la literatura española. Antes Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue tacitista, y autores como Furió Ceriol, Alamos de Barrientos y Antonio de Herrera.

Juan de Salazar, en Política española (1619), describió una España providencial que perduró hasta que tomaron primacía los motivos políticos, con el movimiento tacitista. Durante la decadencia política española se siguió a Maquiavelo sin caer en el maquiavelismo, en una modernidad que no rompió con la tradición, y posibilitó la difusión del tacitismo.

Entre los tacitistas españoles más importantes de esta época se encuentran Juan Alfonso de Lancina por sus Comentarios políticos a los Anales de Cayo Cornelio Tácito (Madrid, 1687), y en Baltasar Alamos de Barrientos (1555-1640), erudito español de Medina del Campo (Valladolid), arrestado en 1590 por amigo de Antonio Pérez, casado con una descendiente de Cristóbal Colón, influido por el duque de Lerma, Antonio Pérez y el conde-duque de Olivares, autor de Tácito español ilustrado en aforismos (Madrid,1594), y coautor de Norte de Príncipes, virreyes, consejeros y embajadores, con advertencias políticas muy importantes sobre lo particular y público de una Monarquía, fundada para el gobierno de Estado y Guerra (1603), y Discurso político al rey Felipe III al comienzo de su reinado. Tacitista porque defiende la idea de que los príncipes se apoyan en los súbditos y no en las instituciones, la política es volitiva, y es partidario de una política ajena a la moral, aunque relacionada con ella, siendo el punto primario de reflexión para todo político el hombre, por lo que se impone la necesidad de una teoría política basada en la experiencia histórica.

Mateo López Bravo (2ª mitad del siglo XVI-1627) fue escritor moralista y político socialista, gobernador de la Sierra de Gata (hasta 1616), juez extraordinario de Ocaña y Vélez (1617) y juez de obras y bosques y alcalde de Casa y Corte (1623-1627), influido por los Anales de Tácito y autor de Del rey y de la razón de gobernar (Madrid, 1616), en tres volúmenes (Del rey; De la razón de gobernar y la justicia; Del arte de gobernar, o sobre la abundancia de los bienes). Es un pensador radical que critica el sistema económico y social de España desde una actitud tacitista, siguiendo la idea de racionalización que había iniciado Furió Ceriol y habían continuado Alamos Barrientos y López de Vega. Considera la justicia virtud por excelencia, y fue partidario de una clase media que constituyera la mayoría de la población, así como de un hombre nuevo, desprendido del lujo y del afán de posesión, solidario con el prójimo.



PEDRO DE RIVADENEIRA


6. TEORÍA DEL CONSEJO 

La teoría de la razón de España forjada en la España del siglo XVII fue la del Consejo Real. Estadistas y tratadistas políticos basaron sus fundamentos en tres pilares:
1. las Sagradas Escrituras
2. la razón natural
3. la conveniencia práctica
 
Muchas fueron las alusiones que justifican la toma de consejo en las Sagradas EscriturasLa razón natural fue citada por Juan de Madariaga en su Del Senado y de su Príncipe(Valencia, 1617) y por Pedro de Rivadeneira en Tratado del príncipe. Y la conveniencia práctica es la teoría que defiende que los asuntos de Estados deben ser bien estudiados y clarificados por el rey mediante la ayuda de consejeros.

El Consejo constituye por eso una pieza esencial en la organización del poder político, aunque los tratadistas discutiesen la forma de ponerlo en práctica: elección de consejeros, número adecuado, tiempo en el cargo, etc.

En su Del Senado y de su PríncipeMadariaga llamó Senado al Consejo y lo consideró como “ayuntamiento de ciertas personas escogidas que, siendo acordadamente llamadas y convocadas, se congregan en uno con autoridad pública para tratar del bien común”. Todo Consejo debe ser minoritario y aristocrático, expresamente citado, y congregado en uno, lo que quiere decir emitido unánimamente y en común, y realizado con autoridad pública y competente.

Los tratadistas admitieron por eso que el Consejo debe ser establecido por el Príncipe y formado por aquellos que demuestren mayor sabiduría, lealtad, prudencia y libertad en la exposición de sus opiniones, debiendo ser pocos los consejeros. Además, Madariaga propuso el modo de entrada y salida del Consejo, el orden de las votaciones, el voto público o secreto, el voto de los ausentes, el secreto obligado sobre lo tratado, la posibilidad de rectificar el voto, el número de votos para el acuerdo, etc.

Respecto a la obligación del Príncipe de aceptar el consejo unos opinan que debe aceptarlo, y otros que no; siendo mayoría los que opinan que el Príncipe tiene obligación de oír al Consejo, pero quedando en libertad moral y jurídica de aceptarlo o no. Pedro de Rivadeneira, por ejemplo, fue de los que permitían la libre elección del Príncipe para aceptar los consejos.

En la Monarquía española los Consejos Reales tuvieron una gran importancia en la toma de decisión de gobierno, su número amplio, y fueron ordenados en función de su jurisdicción territorial (Consejo de Castilla, Aragón, Italia, Indias, Flandes, etc.), o según las funciones que desempeñaban (Inquisición, Guerra, Hacienda, Ordenes militares, etc.). Teniendo predominio el Consejo de Estado, presidido por el Rey.


FADRIQUE FURIÓ CERIOL

 
El más firme defensor de la teoría del Consejo Real como método de gobierno fue el valenciano Fadrique Furió Ceriol, quien escribió El Concejo y consejeros del Príncipe (Amberes, 1559). Fue historiador y cronista de Felipe II, considerado como humanista erasmistas por su apasionada defensa de las traducciones de la Biblia en lengua vulgar.

Su doctrina parte de la Paraclesisde Erasmo, y asegura que la verdadera teología consiste en conocer a Dios y a Cristo. Su proyecto político es pues racionalista, ofreciendo una concepción laica del Estado. Antirracista, se mostró contrario a los estatutos de limpieza de sangre, siendo el primero que clamó en defensa de la solidaridad y de la razón durante la segunda mitad del siglo XVI. Planteó la reforma política en términos institucionales, rechazando que le Príncipe debiera establecer una organización de gobierno según Cristo. Defendió por eso la neutralización de la religión, y separó siempre lo religioso de lo político. Fue por tanto tacitista, fundando la solidaridad en la razón, libre de toda clase de prejuicios nacionales, sociales o religiosos. Anticipó pues la separación de poderes, siendo siempre partidario de racionalizar el funcionamiento del gobierno.
 

Cantares de Gesta de la Reconquista


Durante la Reconquista, el apóstol Santiago el Mayor se convirtió en patrón y protector de la España cristiana frente al islam. Aquel apóstol cristianizó la Hispania romana. Los restos del apóstol fueron descubiertos el en Campo de Estrellas que denominan Compostela, en el monte Libredón. Para los reinos cristianos este hallazgo generó en un impulso en la lucha por recobrar la España perdida. Beato de Liébana fue uno de los premonitores de tal hallazgo quien dedicó estos versos:
Oh muy digno y muy santo apóstoldorada cabeza refulgente de Hispania;Sé nuestro protector y natural patrono…

Su imagen está representada en esculturas y pinturas de las iglesias, como Santiago apóstol patrón de España quien cristianizó estas tierras, como Santiago peregrino del camino que lleva a su templo desde todos los rincones de Europa, y como Santiago matamoros el apóstol que se convirtió en guerrero ecuestre contra el islam. Representando en su caballo blanco, armado con espada y escudo, la mitología de la época lo situaba en la vanguardia el ataque cristiano, aplastando los cuerpos de los moros y degollando sus cabezas. Un santo defensor del Cristianismo hispánico, caudillo de los ejércitos en las más importantes batallas de la Reconquista.

La presencia de Santiago en el imaginario de los pueblos cristianos aportó un aliciente y moral en su empresa contra el invasor islámico. Esta mentalidad fue llevada a la literatura épica como siglos más tarde hizo Gerardo Diego:
Un caballo de nieve los cielos eléctricos cruza;las estrellas salpica: galopa, galopa, galopa,y el jinete, oro y fuego, es el hijo del trueno divino.Descabalga, Santiago, en el porche de la Catedral eterna,que alas abiertas, te aguarda el águila santa,inmóvil en un dulce éxtasis de Apocalipsis.

IMAGEN DE SANTIAGO MATAMOROS


El rey Alfonso III de Asturias inició la idea imperial en el siglo IX, siendo llamado magnus imperator. Consolidó el Duero como frontera meridional del reino, en torno a las plazas fuertes de Toro y Zamora. Luchó enérgicamente contra los musulmanes, a los que derrotó en 
Polvoraria, rechazando la yihad del rebelde omeya Ibn al-Qitt. En la Crónica Albeldense hay un épico poema de alabanza al rey Alfonso III el Grande:
Tú también, claro rey, antes nombrado,llamado Alfonso, perfecto, erguido,del reino alto don por tus virtudes guerrerasinsigne para los astures,fuerte para los vascosy duro vengador para los árabes. 
Defensor de tus súbditos.Sea dado a tal príncipe la sagrada victoria.Y sea siempre Cristo su luminoso guía.El triunfo se le entrega y se le adorna el Reino.


A principios del siglo XI, de la raíz regia de Sancho III el Mayor de Navarra partieron cuatro de los cinco reinos cristianos hispánicos que entonces ya predominaban sobre el islam, justamente cuando el Califato de Córdoba se descompuso: León, Castilla, Navarra y Aragón. Fernán Pérez de Guzmán, cronista y poeta castellano del siglo XV, sobrino del canciller de Ayala y tío del marqués de Santillana, escribió sobre la descendencia de Sancho III el Mayor los siguientes versos con el título Loores de los claros varones de España:
De Navarra subcedierona Castilla los que oy sonnobles reyes de Aragón:desta línea descendieron.Los castellanos ovierona su fijo don Fernando;al que, en Aragón reinando,don Ramiro le dixieron.Gran razón es que se leae relate por fazañaque si en los reinos de Españael menor Navarra sea,es de gran gloria que veaquien de su generacióna Castilla et Aragónlas impere y las posea.


Manuel Machado evocó El destierro del Cid, enfrentado a sus hermanos cristianos y aliado de los reyezuelos hispanomusulmanes:
El cielo sol se estrellaen las duras aristas de las armas,llaga de luz los petos y espaldaresy flamea en las puntas de las lanzas. 
El ciego sol, la sed y la fatiga…por la terrible estepa castellana,al destierro, con doce de los suyos,polvo, sudor, y hierro, el Cid cabalga.

La literatura épica española propiamente dicha tuvo origen durante el período de la Reconquista, y engloba a las largas narraciones en verso en las cuales el mester de juglaría describía las hazañas de los héroes nacionales. Estas narraciones épicas son denominadas cantares de gesta. Eran recitados con apoyo musical ante el público por los juglares que actuaban en las plazas de los pueblos y ciudades, y en los castillos o en las estancias de la corte, a cambio de un pago por sus servicios.

Tenían un carácter popular, pues su objetivo era entretener e informar al pueblo, una temática basada en los hechos de armas y heroicas hazañas que encienden el sentimiento nacional de los castellanos, y un trasfondo histórico, tomados como documentos históricos en muchas ocasiones, pues servirían para recoger los hechos que más tarde se prosifican en las primeras crónicas de los reinos cristianos hispánicos.
Pero de toda España Castilla es la mejorporque fue de las otras el comienzo mayorpor honrar y temer siempre a su señorquiso engrandecer así el Creador. 
Aún Castilla la Vieja, según mi entendimientomejor es que lo otro, pues que fue su cimientoy conquistaron mucho con poco poblamiento;así lo podéis ver en el acabamiento.

Se trataba de obras anónimas, como este Poema de Fernán González escrito en 1250, pero realistas pues se compusieron en fechas cercanas a los hechos que cuentan. Sin duda, fueron escritas por personas letradas o de gran cultura literaria, aunque al ser trasmitidas por vía oral entre generaciones sufrían modificaciones.
Desque los españones a Jesucristo conocieron,desque en la su ley bautismo recibieron,nunca en otra ley tornar quisieron,mas por guarda de aquesta muchos males sufrieron.

Dentro de esta épica destaca el Poema de Mío Cid, epopeya que evoca las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar en la polvorienta estepa castellana del siglo XI. Fue escrito en 1207 y se conserva casi completo:
Por todas aquellas tierras pronto corrían mandadosque el Cid y Campeador, allí se había sentado,que vino a tierra de moros, saliéndose de cristianos.Por aquellas vecindades ya no se cuidan los campos.Alegrándose va el Cid, también todos sus vasallos.El castillo de Alcocer ya va sus parias pagando.


CID CAMPEADOR


Otros cantares de gesta fueron La historia del Rey Rodrigo o de la pérdida de España, que trata la invasión islámica y la caída del reino hispano-visigodo; La leyenda de Bernardo del Carpio en relación a la segunda batalla de Roncesvalles; y La historia de los siete infantes de Lara, aparecida en la crónica de 1344 de Pedro de Barcelos e incluido en el ciclo de temas relativo a los condes de Castilla.

El Poema de Alfonso XI, del siglo XIV, incluye a todos pueblos de la mitad norte de España en la empresa común de la Reconquista:
E ricos omnes de gran guisade Castilla la real, infanzones de Galiciae cavalieros de Portugal.Lioneses, asturianos, gallegos, portogaleses,biscaynos e guipuzcoanos,e de la montaña e alaveses.

La participación de los españoles de las distintas regiones en las grandes hazañas de las guerras contra el islam fue reunida en obras como, por ejemplo, la Jerusalén conquistada de Lope de Vega. Cita hasta los nombres de un capitán por región e insiste con estos versos:
Ya la hidalga Vizcaya se apercibe,los fuertes asturianos y leoneses,la gente que entre el Segre y Turia vivey en Duero y Miño algunos portugueses,ya la imperial Toledo los recibey de rojo color cruzado arneses…pasa la puente el batallón gallardo.

Al comienzo del siglo XIII las lenguas románicas de la península, y concretamente el castellano, habían alcanzado un grado de madurez relativamente alto. Así, tras una fase dedicada al estudio de su gramática, sobre la base del latín, los clérigos pudieron elevar el castellano al rango de lengua literaria, o sea, de lengua culta, apta para la escritura de todo tipo de obras literarias. Esta herencia lingüística es venerada por Dámaso Alonso en Nuestra heredad:
Hermanos de mi lengua, qué Tesoronuestra heredad, oh amor, oh poesía,esta lengua que hablamos, oh belleza.

La superioridad de Castilla entre los reinos hispánicos y otras hazañas serían exaltadas por Juan de Mena:
Será de reyes, e rey de señores,sobrando e vençiendo los títulos todose las fazañas de los reyes godose rica memoria de los sus mayores.

RECONQUISTA POR SANCHO VII EN LAS NAVAS DE TOLOSA 


Y mientras Castilla lideraba la empresa común en la lucha contra el islam y ampliaba su reino hacia el sur con la intención de recomponer la unidad perdida, Aragón se expandía por el mar Mediterráneo, estableciendo rutas comerciales gracias a la acción de los mercaderes catalanes. Esta aventura expansiva sería heredada más tarde por los Reyes Católicos, defendida por los Habsburgo y cantada por Jacint Verdaguer en su Oda a Barcelona:
Dio Condes a Provenza, también Duques a Atenas,y por bandera a España de la suya un girón,nunca cruzó del mar las anchuras serenasun pez que no luciese las barras de Aragón.Siempre fue para España el lucero de Oriente,de Gutenberg la llama con una nación dio,con la otra carriles; y un hijo de su mentefue quien primero al rayo por mensajero envio.

La noticia del final de la Reconquista fue celebrada en toda Europa, en las catedrales de sus capitales y en Roma doblaban campanas, y dentro de ellas se ordenaban misas en gratitud por la victoria. España había cumplido con su cometido: salvar la Cristiandad europea de la amenaza islámica por el suroeste continental y recomponer la unidad hispánica. Mientras tanto, un vencido Boabdil salía camino del exilio en compañía de su madre, la vengativa Aixa. Al coronar uno de los cerros que anticipan la sierra, Boabdil descendió del caballo, se giró y, mientras contemplaba compungido el perfil de Granada al atardecer, con sus palacios y torres reflejando la delicada luz dorada que baña la ciudad los días de invierno, se echó a llorar. Es entonces cuando Aixa le recriminó "llora, llora como mujer lo que no supiste defender como hombre".

Sus lágrimas siguen hoy inspirando a poetas, como es el caso de Juan Ramón Jiménez en el Generalife:
…hablan las aguas y lloran,bajo las adelfas blancas;bajo las adelfas rosas,lloran las aguas y cantan,por el arrayán en flor,sobre las aguas opacas.¡Locura de canto y llanto,de las almas, de la lágrimas!

LA RENDICIÓN DE GRANADA, POR PRADILLA


Era época de destierros y de la pérdida de la "España de las tres Culturas". Los nazaríes de Granada abandonan los últimos vestigios de la España islámica, los judíos sufrieron el destierro de su Sefarad, y los moriscos eran condenados al éxodo llorando la pérdida de la gloria andalusí. Por último, erasmistas como Luis Vives, los hermanos Valdés o Miguel de Molinos, y pensadores reformistas sufrieron el destierro ante la intransigencia católica de los Habsburgo y de la Santa Inquisición, retratados mediante palabras por fray Luis de León.

Prolífico poeta-músico castellano, verdaderamente un trovador, Juan del Encina compuso un respetable número de romances, cantatas, villancicos y églogas. En castellano de la época compuso el bello romance renacentista ¿Qu´es de tí, desconsolado? dedicado a la toma Cristiana por sus católicas majestades y al último rey nazarí de Granada Muhammad XII, Boabdil el Chico para los castellanos, a quien refiere como "desconsolado":
¡O Granada noblecida,por todo el mundo nombrada!...¿Qu´es de ti, desconsolado?¿Qu´es de ti, desconsolado?¿Qu´es de ti, rey de Granada?¿Qu´es de tu tierra y tus moros?¿Dónde tienes tu morada? 
Reniega ya de Mahomay de su seta malvada,que bivir en tal locuraes una burla burlada. 
Torna, tórnate, buen rey,a nuestra ley consagrada,porque si perdiste el reynotengas ellalma cobrada;de tales reyes vencidoonrra te deve ser dada. 
¡O Granada noblecida,por todo el mundo nombrada!,hasta aquí fueste cattivay agora ya libertada. 
Perdióte el rey don Rodrigopor su dicha desdichada;ganóte el rey don Fernandocon ventura prosperada,la reyna doña Ysabel,la más temida y amada,ella con sus oracionesy él con mucha gente armada. 
Según Dios haze sus hechosla defensa era escusada,que donde Él pone su manolo impossible es quasi nada.

Esta literatura patriótica fue una moda que se extendió también a todos los escritores y poetas del siglo XVI. Cantaban los triunfos y los hechos gloriosos medievales con un sentido nacional y no regional, fueron “fazañas” españolas contra el enemigo común, lo mismo si se refiere a Alfonso VIII y Fernando el Santo que a Jaime el Conquistador o que a los almogávares de Roger de Flor.

Lógica simbólica de Pedro Hispano


Filósofo, teólogo, médico que pasó a la historia del pensamiento hispánico por escribir una obra de gran relevancia en el campo de la Lógica como fue Summulae logicales.


PEDRO HISPANO


Pedro Hispano, cuyo nombre en latín Petrus Julianus, nació en 1226 en Lisboa, aunque algunas fuentes aseguran su origen en ciudades de la Corona de Castilla o incluso en Estella, en el Reino de Navarra. Estudió humanidades, filosofía y teología en la Universidad de París, siendo discípulo de Juan de Parma y de Guillermo de Shyreswood, de quien heredó su entusiasmo por la Lógica, y sucesor de San Buenaventura. También estudió medicina en la Corte de Federico II, en Sicilia, con maestros de la escuela de Salerno.

En 1246, impartía clases de medicina en el Estudio General de Siena, y escribió libros sobre medicina y uno sobre el género filosófico de la lógica Summulae logicales, siendo deán de Lisboa en 1261 y arcediano de Vermuy en 1268. No tomó posesión del arzobispado de Braga en 1273. Gregorio X le nombro su protomédico, y después cardenal-obispo de Tusculum, llevándole al Concilio de Lyon, donde recibió la consagración episcopal.

Fue elegido Papa de Roma en el Conclave de Viterbo, con el nombre de Juan XXI. Logró la paz entre Felipe el Atrevido y Alfonso de Castilla, se pronunció a favor de Carlos de Anjou para el Sacro Imperio, preparó una nueva Cruzada e intervino en diversos Concilios, intentando reconciliar la Iglesia latina de Roma con la griega de Constantinopla. Reprimió las corrientes heterodoxas de la Universidad de París desde 1250, y que habían sido condenadas en 1270. Fomentó la obra misional y concedió numerosas becas a universitarios clérigos y seglares.

La época de su Pontificado coincidió con las luchas anti-aristotélicas. Por eso, en 1276, tomó medidas contra la enseñanza del Aristotelismo en la Facultad de Artes de París, a instancias de Etienne Tempier, y ordenó una encuesta en la Facultad de Teología. Mediante su Bula de 1277, favoreció el Agustinismo, es decir la corriente teológica de San Agustín, lo que equivalía a condenar que el alma no fuera forma del cuerpo.

El 14 mayo 1277, estando en su palacio de Viterbo, le cayó una techumbre quedando sepultado entre los escombros.


PEDRO HISPANO
 

La importancia de Pedro Hispano reside en su obra médica y en su aportación a la lógica y la filosofía. Es empirista y aristotélico, en medicina se remite a Avicena, y en teología fue fiel a San Agustín. Heredero y seguidor de Aristóteles, Boecio, Avicena, prevalece en su metodología científica lo empírico sobre lo racional, tomando de Aristóteles, en el plano racional, la abstracción interpretada con la iluminación de Avicena. El gran número de copias manuscritas e impresas de sus obras es un buen indicador de su éxito en la baja Edad Media y el comienzo de la Moderna.

Entre sus obras de medicina y de ciencias naturales la más célebre es Thesaurus pauperum, una especie de breve enciclopedia médica que estudia las enfermedades de mayor difusión y los remedios para combatirlas. Estaba destinado para el uso de estudiantes de medicina pobres que no podían adquirir las voluminosas obras de la materia. Escribió también diversos comentarios médicos a Hipócrates, Galeno, Aristóteles, Humayn ibn Ishaq, Isaac Israel¡, etc., aparte de algunos tratados originales sobre oftalmología como De oculis, Regimen sanitatis, etc.

Sobre filosofía y teología destacan sus comentario aristotélicos De anima, Parva naturalia, Historia Animalium. así como Scientia libri de anima y Exposiçao sobre os libros do beato Dionisio Aeropagita.

Dentro de sus comentarios y tratados sobre el alma merecen Scientia libri de anima, Quaestiones libri de anima y Expositio libri de anima, que junto con el Liber de morte el vita y el Liber naturalis de rebus principalibus naturarum.

En teología siguió la línea tradicional del Agustinismo contra el Aristotelismo averroísta, rechazó expresamente el Monopsiquismo. Suyo es Exposigáo sobre os livros do beato Dionisio Areopagita, que es un comentario al pseudo Dionisio. Otra obra teológica son los Sermones praedicabiles.

TRACTATUS (SUMMULAE LOGICALES MAGISTRI)

Su obra cumbre fue Tractatus, más tarde conocido como Summulae logicales magistri Petri Hispani, que alcanzó gran difusión gracias a que su contenido concordaba perfectamente con la solución gnoseológica del realismo moderado, predominante en las principales corrientes filosóficas de la época. Este tratado fue un importante manual de lógica que se utilizó en las universidades europeas desde el siglo XIII hasta el XVII, cuando fue desbancado por la filosofía y la ciencia modernas. Los iniciadores de esta tendencia estaban en la Facultad de Arte de la Universidad de París fueron Guillermo de Shyreswood y Lamberto de Auxerre, de los que Pedro Hispano fue discípulo. Se hicieron 48 ediciones de su Summulae logicalis, aunque con diversos títulos y contenidos.

El carácter meramente formal de su doctrina lógica hizo que fuese compatible con las diversas tendencias filosóficas, consiguiendo una gran aceptación de este compendio como texto escolar. De ella derivan los versos y palabras mnemotécnicas de la lógica formal clásica.

La lógica simbólica es un sistema formal que analiza los signos y lo que designan. Tradicionalmente, la Lógica positiva entiende que el significado es la relación que existe entre las palabras y las cosas, y su estudio tiene un fundamento empírico: puesto que el lenguaje es un reflejo de la realidad, sus signos se vinculan con cosas y hechos. Por el contrario, la Lógica simbólica de Pedro Hispano usa una notación matemática para establecer lo que designan los signos, y lo hace de forma más precisa y clara que la lengua también constituye por sí misma un lenguaje, concretamente un metalenguaje (lenguaje técnico formal) que se emplea para hablar de la lengua como si de otro objeto se tratara: la lengua es objeto de un determinado estudio semántico.


PEDRO HISPANO
 

Súmulas de lógica tiende a fijar la significación de los términos de la lógica y el valor de los argumentos con vistas a la disputa escolástica, con recursos nemotécnicos para el aprendizaje, por lo que pone en dísticos latinos diversas reglas de lógica, inspiradas en Aristóteles, Profirio y Boecio, pero reelaboradas por él.

Esta obra puede dividirse en dos partes principales. La primera versa sobre las doctrinas de la “lógica antigua” (logica vetus) y la “lógica nueva” (logica nova), y la segunda parte contiene doctrinas que han sido tratadas por la lógica moderna, esto significa que discurre sobre las propiedades de los términos.

No solo fue una de las obras más editadas en la Edad Media, sino también comentadas. Fueron insignes comentaristas Simón de Faversham, Roberto Anglicus y Guillermo Arnaldi, en el siglo XIII, y Juan Versor, Gerardo de Harderwijk, Pedro Tartareto, Juan Buridan y Marsilio de Inghem en el XIV. Continuaron sus comentarios en los primeros siglos de la Edad Moderna, época que viajó hasta América y a otras partes, gracias a las órdenes misionales, como por ejemplo Domingo de Soto, Alonso de la Vera Cruz o Tomás de Mercado.
 
No es para menos pues, las Súmulas de Pedro Hispano junto con la Suma de lógica de Lamberto de Auxerre y las Introducciones a la lógica de Guillermo de Sherwood, fueron los textos que mejor recogieron el legado medieval de la Lógica.
 

Filosofía especulativa de Averroes

Filósofo y médico andalucí, está considerado como el representante más destacado de la filosofía hispanoárabe, la cumbre del pensamiento almohade y cima del Aristotelismo medieval. Fue el penúltimo eslabón de la Filosofía especulativa andalusí (Falsafa). Además de maestro de filosofía y leyes islámicas, hizo aportaciones a las matemáticas, astronomía y medicina.


IMAGEN DE ESCULTURA DE AVERRORES

 
Averroes, cuyo nombre en arábigo es Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd, nació en Córdoba en 1126. Pertenecía a una familia de juristas malaquies y asentada en la estructura legislativa de Córdoba durante la dinastía almorávide. Estudió filosofía, medicina, y derecho en la Universidad de Córdoba.

Llegó a ser cadí (juez mayor) de la taifa de Sevilla, desde 1169 hasta 1171, cargo que también ocupó su padre y su abuelo. Ibn Tufayl lo introdujo en la Corte del califa de Córdoba Abu Yaqub Yusuf. Tras la muerte de Tufayl, fue sustituído como medico de cámara de Yasuf, y después de su successor Yaqub Al-Mansur, dedicándose además a la medicina y al estudio de las ciencias naturales. Hasta entonces había gozado de la protección de las autoridades almohades, pero durante el califato del Al-Mansur la especulación de la falsafa fue prohibida en 1195. Se conderaron sus obras, se le destituyó de sus cargos y fue desterrado a Lucena, cerca de Córdoba. A los dos o tres años, recobró su libertad, pasando a la Corte de Makaresch (Marruecos), donde murió en 1198. Posteriormente, sus resto fueron enterrados en Córdoba.

Se le atribuyen 96 escritos seguros, 21 apócrifos y 9 dudosos. Tiene comentarios menores, medios y mayores. Muchos de sus originales se han perdido, conservándose su traducción latina. Averroes ha pasado a la historia del pensamiento humano por distintas aportaciones. Escribió sobre derecho, medicina, filosofía, astronomía y teología.

En filosofía destacan sus Comentarios a Aristóteles y Destructio destructionis; además son notables Sermo de substancia orbis, De anima beatitudine, De conexione intellectus abstracti com homini, Quaesita in logicam Aristotelis, Doctrina decisiva y fundamento de la Concordia entre la Revelación y la Ciencia, Exposición de los caminos que conducen a la demostración de los artículos de la fe, etc.


Averroes rompió con el magisterio de Avicena por sus concesiones a la religion, para acercarse a Aristóteles, siguiendo tendencias que ya estaban en Avempace e Ibn Tufayl. Abrió el camino a la filosofía y ciencias europeas a través del contacto cultural entre los reinos cristianos y el Islam andalusí.


Una de sus principales características fue la de haber defendido la independencia y legitimidad de la Razón como supremo medio de conocimiento, también con respecto a la religión, lo que hizo especialmente en su obra central Refutación de la refutación (Destructio destructionis, en latín; Tahafut al-tahafut, en arábigo). En ella defendía la filosofía aristotélica, refutando con todo énfasis los ataques que el filósofo y místico Algacel (Al-Ghazali) había dirigido contra la Razón en su libro Destrucción de los filósofos (Destructio Philosophum). Para Algacel, la filosofía está en contradicción con la religión y supone, por tanto, una afrenta a las enseñanzas del Islam.


AVERROES, POR ANDREA DI BONAIUTO


El filósofo cordobés establecía una diferencia específica entre Ciencia y Religión, afirmando que lo que puede ser una verdad científica no necesita serlo en el ámbito de la Fe, y al contrario. Esta idea hizo que tanto la ortodoxia islámica como cristiana le acusase de proclamar una "doble verdad". Averroes estaba lejos de rechazar la religión, pero la entendía sobre todo como necesaria para la educación y guía moral del pueblo. En cambio, la fuente suprema del conocimiento estaba reservada al ámbito de la Filosofía, y no de la Teología. En este contexto acusó a los teólogos de fomentar el error, la superstición y la incredulidad mediante sus interpretaciones arbitrarias y fantásticas de la religión. Filosofía Pura y Religión no son incompatibles, sino que debidamente comprendidas, constituyen una sola y misma verdad.

La ley religiosa, según escribió Averroes en su Refutación, proporciona la misma verdad que alcanza el filósofo indagando en la causa y la naturaleza de las cosas. Por ello, de alguna manera la filosofía termina actuando en los hombres cultos como el sustituto de la religión: "los filósofos creen que las religiones son construcciones necesarias para la civilización…". Pero a su vez, la existencia de la religión es también necesaria para la integración del filósofo en la sociedad civil.

Uno de los múltiples aspectos de su pensamiento se centró sobre la política, ideas que quedaron escritas en su Exposición de la República de Platón, en sus Comentarios a la Ética a Nicómaco, y en tres tratados filosófico-religiosos Fasl al-magal, Damina y Manahiy. En su reflexión política, Averroes prefirió las propuestas de Aristóteles sobre las de Platón, y supo desarrollarlas ideas del gran filósofo político oriental Alfarabi. Reconocía el papel de la Ley canónica como Ley ideal, y por tanto, concedió importancia a la función sociopolítica de la religión. Por otra parte, se apartó del solitarismo de Avempace y, sobre todo, de Ibn Tufayl, pues pensaba que el camino hacia la verdad lo cumple mejor el ser humano en su medio natural, que es el social, regulado por el Estado, cuyo fin ha de ser cumplir los fines individuales. Para Averroes, el Corán es el texto sagrado para establecer la verdad, y si hay conflicto con las verdades establecidas por la razón se debía recurrir a interpretaciones alegóricas.

Por pensar así, llegó a ganarse una imagen de impío o ateo, que tan solo fue una leyenda, e incluso no le fue atribuible la "doble verdad", propia de los averroístas posteriores.
 

ESTATUA DE AVERROES EN CÓRDOBA

 
En su Exposición de la República de Platón, el cordobés escribió: "Para adquirir su perfección un sujeto necesita la ayuda de otras gentes. Por esto el hombre es por naturaleza político". Pero el gobernante debe reunir cualidades para lograr que la sociedad, regida por el poder político, consiga esa perfección colectiva humana. Y así describió un perfil ideal del buen gobernante: "que se incline naturalmente al estudio de las ciencias teóricas..., que tenga buena memoria y no sea descuidado..., que ame la búsqueda del saber, de la verdad..., que esté libre de apetitos sensuales..., que no apetezca el dinero..., que tenga amplitud de ideas..., que sea valeroso..., que esté dispuesto a desarrollar la inclinación tanto hacia el bien y la belleza como a la justicia y las restantes virtudes..., que sea elocuente..., que tenga buen estado y perfeccionamiento físico..., y que además su ley religiosa particular no puede estar distanciada de las leyes humanas naturales."

Gran conocedor y admirador de la filosofía aristotélica, escribió varios Comentarios a las obras de Aristóteles, también llamado Gran comentario, por lo que tras su muerte fue conocido como el "Comentador de Aristóteles". En ella, partía de la división aristotélica entre dos intelectos: el nous pathetikós (intelecto receptivo) y el nous poietikós (intelecto agente), que permitió desligar la reflexión filosófica de las especulaciones míticas y políticas.

Averroes dividió a los hombres en vulgo, teólogos y filósofos, y sus pruebas de la existencia de Dios son aristotélicas: las del movimiento, el orden y la finalidad.

Estableció un sistema filosófico del conocimiento y de la capacidad de pensamiento humano, intentado conocer cómo es posible la formulación de verdades universales y eternas. Distanciándose de Aristóteles, pudo evaluar la función sensorial de los nervios y al reconocer en el cerebro la localización de algunas facultades intelectivas como la imaginación o la memoria. Para el filósofo cordobés, el conocimiento humano (intelección) comenzaba en la percepción de los objetos a través de los sentidos con el objetivo de conocer el universo (universalización) que no existe fuera del alma. El proceso consiste en percibir, imaginar y, finalmente, captar el universal. Ese universal existe porque es particular, y es la capacidad humana intelectual (entendimiento) es la que proporciona la universalidad de las cosas sensibles.


GRAN COMENTARIO A LAS OBRAS DE ARISTÓTELES


En su obra Refutación, exponía la necesidad de que la Ciencia tenía que adecuarse a la realidad concreta y particular, pues no puede existir conocimiento directo de los universales.

La concepción del intelecto en Averroes es cambiante, pero en su formulación más amplia distingue cuatro tipos de intelecto, que son cuatro fases por las que atraviesa el entendimiento durante su proceso del conocimiento: material (receptivo), habitual (que permite concebirlo todo), agente (causa eficiente y formal de nuestro conocimiento, intrínseco al hombre y que existe en el alma) y adquirido (unión del hombre con el intelecto).

Averroes hizo distinción entre dos sujetos del conocimiento humano:
1. intelecto verdadero: el sujeto mediante el cual los inteligibles son verdaderos
2. intelecto material: el sujeto mediante el que los inteligibles son un ente en el mundo
Como consecuencia de su actuación el sujeto de la percepción sensorial existe fuera del alma, y el sujeto del intelecto existe dentro.

El entendimiento agente de Averroes es interpretación del entendimiento de Aristóteles en su obra De anima, y por eso distinguía entre entendimientos agente y material, y la virtus imaginativa, por la que cada ser humano recibe el influjo del entendimiento agente.
 
Averroes también fue influenciado por el Neoplatonismo de la Escuela de Alejandría, especialmente por Plotino.
 
Su concepción del universo de componía de una síntesis entre Racionalismo y Panteismo materialista. La materia primera y originaria es eterna, pre-existente e increada, por tanto incompatible con una creatio ex nihilo. Y tan eterna como la materia es el movimiento, motor y principio del paso de la potencia al acto, proceso nunca interrumpido que constituye la auténtica Creación.

Existen 38 esferas concéntricas giratorias, animadas por un alma inteligente. La primera es el cielo de las estrellas fijas, después las de Saturno, Júpiter, Marte, etc., hasta llegar a la Luna, cuya forma es el Entendimiento agente, del que proceden todos los movimientos que se originan en el mundo terrestre. La Tierra está en el centro.
 
Definió a Dios como ser por excelencia, acto puro perfectísimo, uno, único y simplicísimo. Se aparta de Avicena en lo de la distancia real entre esencia y existencia, y la consideración de la existencia como accidente de la esencia, aunque admitiendo identidad necesaria de esencia y existencia en Dios. Criticó la creación de seres contingentes, pero después admitió que el mundo es contingente, y su creación eterna y necesaria. El mundo ha existido siempre, pero con existencia recibida de Dios. Sólo Dios es Acto puro. La creación del mundo es necesaria, pero su esencia es contingente. La materia es también eterna, pero no creada por Dios. Excepto Dios, todos los seres están compuestos de materia y forma, aunque hay que distinguir entre materia celeste y terrestre.
 
IMAGEN DE AVERRORES EN EL FRESCO LA ESCUELA DE ATENAS, POR RAFAEL

 
Además de escribir sobre filosofía, teología y política, también dejó reflejados sus conocimientos en otras materias no menos importantes como jurisprudencia, astronomía y medicina. Elaboró una enciclopedia médica Kulliyat, cuyo título fue Kitab al- kulliyyat al-Tibb (Libro de las generalidades de la medicina).

Sobre teología compuso un tratado decisivo sobre la concordia de la Religión y la Filosofía llamado Kitab fasl al-maqal (Sobre la armonía entre Religión y Filosofía). Otra faceta importante fue la recopilación de antologías literario-históricas, como las de Ibn al-Abbar y las de Ibn Said, apologistas del legado cultural andalusí. Hizo comentarios a Ptolomeo, Alejandro de Afrodisias, Nicolás de Damasco, Galeno, al-Farabi, Avicena y Avempace.

En su libro Averroes et l´averroisme, Renan le calificó de “librepensador”. Quizás por eso, en la fase final de su vida, la ortodoxia musulmana condenó su doctrina y logró que quemaran sus libros y confiscaran sus bienes. A finales del siglo XII, una ola de fanatismo integrista islámico almohade invadió Al-Ándalus

Muchas de sus obras de lógica y metafísica se han perdido definitivamente como consecuencia de la censura. Gran parte de su obra sólo ha podido sobrevivir a través de traducciones en hebreo y latín, y no en su original árabe, especialmente las efectuadas por Jacob Anatoli del árabe al hebreo en el siglo XIII. Su principal discípulo fue Ibn Tumlus de Alcira, autor de una Introducción al arte de la lógica, quien le había sucedido como médico de cámara del quinto califa almohade Al-Nasir. Con dicho alumno, terminó la Filosofía especulativa andalusí. De entonces, la aportación hispanoárabes sobre la filosofía griega rebrotará en el Judaísmo y en el Cristianismo, mediante traducciones al hebreo o al latín en las que se basó el Averroísmo europeo.

También la Iglesia católica criticó sus enseñanzas, tanto por su Aristotelismo como por sus tesis de la "doble verdad". Esta condena por parte de los Papas no impidió que el Averroísmo ejerciera una profunda influencia sobre la Escolástica, empezando por Alberto Magno y Tomás de Aquino, aunque en determinados puntos ambos le contradijeran en su respectivos escritos Contra Averroistas, y De unitate intellectus contra Averroistas.

A pesar de la condena de 219 tesis averroístas por parte del obispo parisino Étienne Tempier en 1277 a causa de su incompatibilidad con la doctrina católica, muchas de éstas sobrevivieron en la literatura posterior de mano de autores como Giordano Bruno o Giovanni Pico della Mirandola. Estos autores efectuaron una defensa de la superioridad de la vida contemplativa-teórica frente a la vida práctica, en línea con lo defendido por Aristóteles en su Ética a Nicómano. Además reivindicaron el carácter político-instrumental de la religión como una doctrina destinada al gobierno de las masas incapaces de darse una ley a sí mismas por medio de la razón.
Sus escritos influyeron en el pensamiento cristiano de la Edad Media y el Renacimiento. De hecho, su irradiación filosófica perduró hasta bien entrado el siglo XVII.

Varios han sido los filósofos que han estudiado su pensamiento con posterioridad, describiéndolo como un creyente musulmán y racionalista inspirado en Aristóteles, que significó para del Islamismo algo similar a lo que fue Maimónides para el Judaísmo o Santo Tomás para el Cristianismo. De hecho, para Averroes tanto Mahoma como Moisés y Jesús fueron profetas del mismo Dios, cuyos mensajes no se contradicen, aunque considerase a Mahoma superior a Moisés y Jesús.

Ernesto Renán lo presentó como un racionalista y librepensador defensor de la religión como buena para el vulgo. L. Gauthier insistió también en el Racionalismo de Averroes, con primacía de la filosofía sobre la revelación, y la razón sobre la fe. Miguel Asín Palacios lo describió como un creyente ortodoxo del Islamismo, lo que no impidió el desarrollo de su espíritu filosófico, tratando de armonizar las verdades de la filosofía con las creencias de la religión.