Caridad social y Liberalismo cristiano de Concepción Arenal


Periodista, abogada y escritora, está considerada como la promotora del Feminismo y al mismo tiempo la primera gran precursora del trabajo social en España. Impulsora de reformas sociales y culturales, fue una de las personalidades más influyentes del siglo XIX español. Sus aportaciones teóricas intentaban superar la dicotomía entre pensamiento y acción desde la influencia de la Ilustración, el Humanismo liberal, el Cristianismo reformista, la defensa de la mujer y la visión caritativa de la pobreza.


RETRATO DE CONCEPCIÓN ARENAL


Concepción Arenal nació en 1820, en El Ferrol, durante el reinado de Fernando VII y pocos años después de la Guerra de la Independencia española. En aquella época, España volvía a abrazar el Antiguo Régimen, sin embargo las ideas liberales comenzaban a extenderse entre la sociedad, especialmente entre la burguesía y en las élites culturales. Por entonces, el Liberalismo no estaba únicamente vinculado a cuestiones económicas, sino también a aspectos políticos y sociales.

Su trayectoria vital y profesional se fue desarrollando en el proceso de implantación del Estado liberal, con las consecuentes tensiones ideológicas y políticas. De ahí su excepcionalidad debido a su condición de mujer y su empeño en incidir en unos ámbitos reservados a los varones como son las cuestiones sociales, el sistema penitenciario, el derecho penal y el derecho internacional.

Su madre era María Concepción de Ponte y Tenreiro, perteneciente a la pequeña nobleza gallega. Su padre era Ángel del Arenal y de la Cuesta, un militar de profundas ideas liberales, que había sufrido duramente la represión del rey Fernando y su Régimen absolutista. Murió en la cárcel, cuando Concepción tenía solo 8 años de edad.

Junto a su madre y dos hermanas, Concepción fue a vivir en Armaño (Cantabria), donde residía su abuela paterna. Pero fue a los 14 años cuando se trasladaron a Madrid, ayudados por su tío Antonio Tenreiro, segundo conde de Vigo. Este le ayudó en su formación religiosa, pero además facilitó la lectura de libros y la asistencia a reuniones de tipo cultural. Pudo disfrutar de su biblioteca familiar con lecturas de tipo religiosas en su mayoría (san Agustín, santo Tomás, santa Teresa, san Pablo, Bossuet, etc.). No se conformó con las enseñanzas superficiales que se impartían en el colegio privado de la calle Tepa, al que acudía junto a su hermana Tonina, y sus aspiraciones a unos conocimientos más serios le generaron discusiones con su progenitora.

 
RETRATO DE CONCEPCIÓN ARENAL


En 1841, tras recibir la herencia del mayorazgo paterno, que le garantizaba una renta, pudo orientar su vida a la consecución de un objetivo: el estudio de leyes en la universidad. En su época las mujeres tenían denegado el acceso a cursar estudios universitarios, siendo pionero su propósito.

Para poder asistir a las clases de la Faculta de Derecho de la Universidad Central de Madrid (Universidad Complutense), entre los cursos 1842-43 y 1844-45, tuvo que disfrazarse con atuendo masculino. No pudo matricularse, examinarse y obtener titulación alguna.

Durante su etapa como estudiante "clandestine" conoció a su futuro marido, Fernando García Carrasco, también abogado, periodista y escritor de profundas ideas liberales. A pesar de tener trece años mayor que ella, ambos se casaron en Madrid en abril de 1848. Su marido generó un gran aporte en el desarrollo de su pensamiento; si hasta entonces, había recibido la influencia del liberalismo moderado a través de su familia paterna, su marido la introdujo en los círculos del liberalismo progresista. Frecuentaban las tertulias de esta disciplina ideológica y política, como las del Café Iris.

Ambos colaboraron juntos en la elaboración del periódico madrileño de tendencias liberales llamado La Iberia, fundada por Pedro Calvo Asensio en 1854. Se llamaba así porque ya entonces una idea brotaba por los entornos culturales: la unificación de España y Portugal. El objetivo de esta publicación era el de convertirse en la referencia del mundo intelectual español, pero también en un punto de unión para los liberales españoles. Apoyaba la Revolución de 1854 y elogiaba la figura de Baldomero Espartero.

En estas páginas, Concepción dio sus primeros pasos profesionales desde 1855, tanto con artículos divulgativos propios como colaborando en la elaboración de los editoriales del periódico junto a su marido.

Realizaba sus primeros escarceos literarios en el ámbito de la poesía, el teatro y la prosa. Solo una obra conoció el éxito, Fábulas (1851), que fueron utilizadas durante varios años como libro de lectura en las escuelas primarias. Pero en todas había dejado constancia de su personalidad inquieta, en plena lucha entre la amplitud de sus aspiraciones personales y las limitaciones de condición femenina. Siempre trató de ser fiel a unos principios: la razón, la verdad y la libertad.

 
RETRATO DE CONCEPCIÓN ARENAL


En 1857, moría su esposo de tuberculosis, con el que tuvo a dos hijos, Ramón y Fernando. La nueva Ley de Imprenta, aprobada en mayo de 1857, obligaba a incluir la firma del redactor en los artículos sobre política, filosofía y religión. Los editores jefe de La Iberia consideraron inapropiado la firma de una mujer, por lo que en junio Concepción causó baja.

Tras este doble trágico suceso, Arenal decidió retirarse a vivir en Potes (Asturias) para escribir algunas obras que fueron presentandas a premios literarios. Su obra La fórmula más bella del progreso es la de la perfección moral, que ganó el concurso literario de la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País.

En esta época de madurez personal e intelectual, Arenal supo conjugar sus ideales sociales con sus creencias cristianas y, sobre la necesidad de establecer una solidaridad social.

En Dios y libertad, escrita en 1858 aunque publicada años después de su muerte, trató de establecer el diálogo entre dos culturas enfrentadas, la católica y la liberal, y preconizaba el estudio necesario para la constitución de una ciencia social que contribuyera con sus reformas al progreso moral, material y espiritual de la sociedad.

Gracias a la amistad con el músico asturiano José Monasterio, Concepción pudo conocer la obra asistencial de las Conferencias de San Vicente Paúl. Era una asociación de laicos católicos fundada por Federico Ozanam en París, en 1833, e introducida en España, en 1848, por el también músico Santiago Masarnau. Había encontrado en la asistencia social un terreno idóneo donde desarrollar sus ideas e intenciones reformadoras, por eso al año siguiente fundó la rama femenina de las Conferencias de San Vicente Paúl. La filosofía de actuación de este colectivo partía de la diferencia de concepto que para ella significaban los términos caridad, beneficencia y filantropía.

En su opinión, había que acercarse a los necesitados más allá de ofrecer recursos propios. Y es que el objetivo de esas conferencias era organizar grupos de tres personas con voluntad de adoptar a pobres y enfermos a los que visitar y cuidar en sus propias casas, conocer cuáles eran sus necesidades y cómo se podían cubrir. No sólo se trataba de dar limosna, sino también de aliviar sufrimientos y colaborar en la recuperación social de las personas a las que se ayudaba. Su filosofía tuvo éxito, ya que un año después se habían formado 70 grupos en toda España que habían realizado casi medio millón de visitas a los necesitados. El progreso, que ya había llegado a España en aquellas fechas, tenía esa doble cara, puesto que también creaba un grupo social de necesitados y pobres.

 
MONUMENTO A CONCEPCIÓN ARENAL EN MADRID,
POR JOSÉ MARÍA PALMA BURGOS
 
 
Fruto de su experiencia y pensamiento fue la redacción en 1860 del texto de La beneficencia, la filantropía y la caridad, basada en los "principios que convendría seguir para enlazar la caridad privada con la beneficencia pública". Fue presentada al premio literario de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, aunque firmada con el nombre de su hijo menor de edad Fernando. Al obtener el premio, desveló su verdadera autoría, presentándose desde entonces a la vida pública como una mujer de gran valía.

En esta obra diferenciaba los tres conceptos: "Beneficencia es la compasión oficial que ampara al desvalido por un sentimiento de orden y justicia; filantropía es la compasión, filosófica, que auxilia al desdichado por amor a la humanidad, y la conciencia de su dignidad y derecho". O más concretamente: "La beneficencia manda al enfermo a una camilla, la filantropía se acerca a él, y la caridad le da la mano".

Sus reflexiones constituyen una muestra de su liberalismo reformista-organicista, que buscaba resolver la cuestión social mediante una reforma moral y la movilización de la sociedad civil. Pretendía un Estado armónico, basado en el ciudadano consciente de sus derechos y deberes y que no tuviera por qué asumir funciones que la sociedad civil pudiese desempeñar por sí sola, aunque sí le correspondía velar por el contrato social y favorecer la justicia mediante leyes. Además, ponía énfasis en la necesidad de una sociedad civil activa y sensibilizada hacia el desfavorecido, que pudiera movilizarse a través de asociaciones orientadas a remediar las diversas necesidades. Su pensamiento ideal de la beneficencia combinaba razón, sentimiento e instinto: la razón representada por el Estado, el sentimiento por las asociaciones filantrópicas y el instinto por la caridad individual.

Para orientar la actuación de los miembros de las Conferencias de San Vicente de Paúl y otras asociaciones caritativas ocupadas de los marginados escribió, en 1863, Manual del Visitador del Pobre, editado por iniciativa de Santiago Masarnau, presidente de las Conferencias. Era un tratado de atención domiciliaria a los pobres y desamparados en la sociedad liberal.

Sus ideas a propósito de los desheredados de la sociedad, que incluía a enfermos, pobres y presidiarios, se fundamentaban en la necesidad de que la sociedad articulara mecanismos de solidaridad social, un concepto que por entonces apenas se concebía pero que supo desarrollar. Pese a sus fuertes convicciones liberales, no dudó en reclamar al Estado la participación de esta labor. Y también la de la Iglesia, puesto que consideraba que debería imponerse la obligación de ejercitar la caridad a todas las asociaciones religiosas que quisieran actuar como tales.

Evidentemente, su posición no fue entendida por los liberales más extremistas, quienes tampoco aceptaron que su posición a favor de la mujer en las jerarquías eclesiásticas, pero también en las sociales. Como puesta en práctica de su pensamiento fue la fundación en 1869 del Ateneo Artístico y Literario de Señoras con la ayuda del teólogo y filósofo Fernando de Castro, uno de los grandes defensores, junto a ella, de la mujer como parte fundamental en el desarrollo de la sociedad.

Consideraba que la sociedad disponía de las herramientas necesarias para equilibrar las diferencias sociales. Incluso en algunos de sus trabajos advirtió del peligro de la formación de guetos de enfermos y pobres, una realidad que por entonces empezaba a percibir como posible foco de delincuencia, pero teniendo bien claro, que la "la pobreza no es un crimen y que el pobre no está fuera de la ley". Al contrario, la sociedad debía de preocuparse de que no se pudiera llegar a situaciones de exclusión social. Al mismo tiempo, tanto sus ensayos como en sus artículos mostraba un convencimiento científico en diversas ramas que no sólo asimiló como parte de su intelecto: tenía perfectamente clara la necesidad de que la ciencia se pusiera en auxilio de quienes requerían de sus avances. No encontraba en la ciencia impedimento alguno para desarrollar sus profundos sentimientos religiosos.

Durante esta etapa de su vida, Concepción desarrolló gran parte de su ideario social, y en cierto modo también político, que fue poniendo en práctica en sus diferentes labores. Se había instalado en La Coruña, donde tomaba parte de las tertulias de la condesa de Espoz y Mina y en su asociación filantrópica. Fue entonces cuando fue nombrada visitadora de prisiones de mujeres por el ministro de gobernación Florentino Rodríguez Vaamonde en abril de 1864.

Posiblemente, el hecho de que su padre muriese en la cárcel condicionase su voluntad, pero también la dura experiencia en la cárcel de La Coruña, fuese el motivo para impulsar una reforma del sistema penitenciario nacional y de su Código Penal, así como la elaboración de un plan de reinserción para presos. Ideas que quedaron expuestas en 1865 en su obra Cartas a los delincuentes. Propiciaron su destitución del cargo que ocupaba porque, según Concepción, "yo era una rueda que no encajaba con ninguna otra del engranaje penitenciario y debía suprimirse".

Aquellas cartas tenían un objeto pedagógico como enseñar el código penal a los delincuentes y fundamentar sus preceptos en la naturaleza de las cosas para moverles a su cumplimiento. En ellas ponía énfasis en la necesidad de educar al presidiario, pues para ella la mayoría de los delitos se cometían por ignorancia de la ley, mostrándose convencida de la dignidad de los presos, una idea básica de la reforma que planteaba. Para Concepción el delincuente no siempre era el problema, sino una víctima más cuya única culpa eran sus circunstancias desfavorables en las que vivía. Por eso una de sus frases fue: "Condena el delito, pero no al delincuente". Y es que, a pesar de ser religiosa, no creyó en la justicia divina, sino en la injusticia humana como motor de lucha para combatir los problemas.

 
SELLO DEDICADO A ARENAL POR EL GOBIERNO DE LA II REPÚBLICA
 
 
A propósito de la dignidad humana del preso, escribió en una de sus cartas:
"Yo no soy de los que creen que un hombre condenado a presidio no es un hombre ya, que no merece en nada la consideración que debemos a nuestros semejantes, ni puede ser tratado como un ser racional. Yo no soy de los que creen que en una prisión no se comprende ninguna idea de justicia, ni halla eco ningún sentimiento honrado, ni gratitud a ningún beneficio. Yo os considero como hombres, como criaturas susceptibles de pensar y de sentir, como hermanos míos, hijos de Dios formados a su imagen y semejanza, y en quienes la huella de la culpa no ha podido borrar a su noble origen."

Otra idea fundamental para la reinserción del delincuente era la introducción de un sistema de visitas al preso por parte de sus familiares. Estaba convencida de que el régimen de visitas, además de ser una cuestión humanitaria, era imprescindible para el proceso de rehabilitación del presidario en la sociedad.

El nuevo gobierno de la Revolución de 1868, la "Gloriosa", volvió a requerir sus servicios nombrándola inspectora de la Casas de corrección de mujeres, cargo que ocupó hasta 1873. Desde entonces trabajó sin descanso en pro de reformas penales y penitenciarias inspirándose en su humanismo cristiano y la corriente del correccionalismo que se estaba fomentando en Europa. Para ello contó con destacadas personalidades como el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Salamanca, Pedro Dorado, el médico y escritor criminólogo Rafael Salillas y el político liberal Salustiano Olózaga, y otros como Fermín Caballero y Ramón de la Sagra.

 
PELÍCULA LA VISITADORA DE CÁRCELES


Durante este tiempo, Concepción escribió sus experiencias y pensamientos tanto en libros como El visitador del preso, Estudios penitenciarios, La llamada cárcel modelo, como en numerosos artículos de periódicos, especialmente en el semanario La voz de la caridad, que fundó junto a la condesa de Espoz y Mina, en 1870. En esos textos denunció las pésimas condiciones de los establecimientos penales, la larga permanencia de los reclusos en prisión preventiva, la incompetencia de muchos funcionarios penitenciarios, la explotación del trabajo de los internos, las injustas leyes penales, e incluso la ineptitud de muchos jueces, así como el rechazo social que experimentaban los presos una vez volvían a la libertad. Proponía una nueva organización de las prisiones, bien dotadas en recursos y con un personal preparado para que respetasen la dignidad de los reclusos, y para su educación en favor de su reinserción social.

En La voz de la Caridad publicó Cartas a un obrero, un serial con una enorme relevancia, consiguiendo predilección en la derecha liberal en una época donde el Marxismo comenzaba a tener un gran impacto en una Europa que asistía a la eclosión del Comunismo. Aquellas cartas ofrecían un aire renovador:
"No debes recurrir a la violencia. Está más interesado en el orden el pobre que el rico… La miseria es efecto de múltiples y complejas causas, y se combaten elevando el nivel moral e intelectual de la sociedad. Hay que reformar las cosas sin que se tenga que reformar a las personas."

Pero en esta publicación también expresaba sus ideas sobre el sistema penalista, proponiendo que solo una orientación educativa y no represiva lograría reformar al delincuente en lugar de castigarle. Estas ideas ejercieron influencia incluso en el sistema penitenciario inglés.

Durante el Sexenio Democrático (1868-1874), Concepción empezó a defender algunas ideas del Krausismo, corriente filosófica a favor de la tolerancia académica y la libertad de cátedra en la universidad. Estableció relaciones intelectuales y profesionales con krausistas como el rector de la Universidad de Madrid, Fernando de Castro, y los políticos Giner de los Ríos o Gumersindo de Azcárate. Existían muchos aspectos comunes entre los planteamientos de Concepción y la filosofía krausista, basados en la tolerancia y progreso de la sociedad. Hechos de colaboración mutua fueron el apoyo al programa de educación a las mujeres impulsado desde el Ateneo Artístico y Literario de Señoras de Madrid por el rector Castro en 1868, o la participación de Giner, Azcárate y Arena en la Junta para la Reforma penitenciaria de 1873. Además, Azcárate trabajó en el La Voz de la Caridad, llegando a dirigir el semanario en 1877, mientras que Arenal contribuía en la redacción del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza.

 
PLACA DE LA CALLE CONCEPCIÓN ARENAL EN MADRID


En 1875 vivía en Gijón, pero manteniéndose cerca de su Galicia natal. Su hijo Fernando García Arenal era el ingeniero responsable de las obras del puerto de esta ciudad asturiana. Su otro hijo, Ramón, era militar que estuvo destinado en las colonias y murió en 1884. En su madurez personal y profesional, Arenal llevaba estilos de vida austeros, mantenía costumbres católicas y vestía oscuros ropajes de viuda con los que mostraba su inmaculada moral, ganándose el respeto en ámbitos políticos y culturales de administración masculina.

Para Arenal, la educación de las mujeres siempre fue una preocupación por la que luchó desde joven, revelándose contra la discriminación que sufría este género para cursar estudios universitarios. Pero fueron sus actividades caritativas y sus trabajos en las prisiones las que la llevaron a profundizar sobre las situaciones de las mujeres pobres, enfermas, prostitutas o delincuentes. La causa principal de tales miserias fue la falta de educación y formación. Esta escasa o nula instrucción de la mujer española, motivo principal de su baja situación en todos los ámbitos de la vida social, fue denunciada por Arenal durante el ciclo de Conferencias dominicales para la mujer, en el Paraninfo de la Universidad de Madrid, en el curso 1869-70, organizado por su gran amigo y colaborador el recto Fernando de Castro.

El contenido de aquella crítica constructiva, elaborado durante años de reflexión, fueron publicadas en La mujer del porvenir en 1869. Se trataba de un manifiesto que definitivamente abría el debate sobre la emancipación femenina, que consideraba esencial para poder reformar a la sociedad en su conjunto. Intentaba contrarrestar las teorías frenológicas de F. J. Gall sobre la menor capacidad intelectual femenina debida al menor tamaño de su cerebro. Combatía estos errores y prejuicios, tan en alza en aquella época, basándose en las cuestiones culturales y no orgánicas y físicas, causantes de la discriminación femenina. Puso por caso contradictorio que una mujer pueda ser reina y jefa de Estado, pero se impedía a todas las demás acceder a profesiones. Y por caso discriminatorio que el Derecho Civil tratase de forma distinta a hombres y mujeres, pero el Derecho Penal se aplicase por igual.

Para Arenal, la mejor manera de superar estas adversidades pasaba por el reconocimiento de todos los derechos de la mujer, su acceso a la educación y a las profesiones y oficios. Pero, paradójicamente, no aconsejaba aún la introducción de la mujer en el ejército y la justicia, incluso en la política debido a su "natural dulzura", aunque si en la Iglesia. Por lo tanto, Arenal no reivindicaba una total integración de la mujer en la vida social y profesional, no reclamaba una igualdad plena de derechos entre ambos géneros, sino la complementariedad de papeles del hombre y mujer en la familia, la cual consideraba como la unidad básica de la sociedad.

Algunas de estas ideas fueron explicandas en La mujer de su casa (1874), Estado actual de la mujer en España (1884) y La educación de la mujer (1892). Esta última obra fue presentada por Emilia Pardo Bazán en el II Congreso Pedagógico Hispanoamericano en Madrid, sustituyendo a Arenal por su delicado estado de salud.

 
RETRATO DE CONCEPCIÓN ARENAL
 
 
Durante esta etapa de su vida en Vigo, siguió poniendo en práctica sus ideales, manteniendo el contacto con círculos reformistas y krausistas, ayudando en los hospitales de campaña organizados por la recién fundad Cruz Roja durante la III Guerra Carlista, y escribiendo artículos para revistas, especialmente en La Voz de la Caridad. También daba continuidad a su carrera como escritora, publicando obras dedicadas a resolver problemas sociales como Cartas a un obrero y Cartas a un señor, reunidas bajo el título La cuestión social (1880), La instrucción del pueblo (1878), y a asuntos jurídicos y penitenciarios. En este ámbito, escribió Ensayo sobre el derecho de gentes (1879) y sus comunicaciones a los Congresos internacionales de Estocolmo (1878), Roma (1885), San Petersburgo (1890) y Amberes (1892). Con Juicio crítico de las obras de Feijoo obtuvo otro premio literario.
Según explicó el historiador José María Lacalzada:
"Concepción Arenal fue el último liberal ilustrado y el primer regeneracionista. Dentro de las tendencias españolas quedó situada en un cruce de perspectivas, pues instigó a la reforma intelectual de la burguesía y del obrero en unos términos que no correspondían ni a la moralidad del sistema dominante, ni a las expectativas que abría la Internacional obrera. Las formulaciones que dio a la moral, a la religiosidad y al derecho proyectaron su obra más allá de su propio contexto histórico, no solo en el espacio, sino en el tiempo."

El 4 de febrero de 1893, Concepción Arenal fallecía en Vigo, cuya noticia tuvo enorme repercusión en la prensa, especialmente en medios de tendencia liberal y republicana. El Ateneo de Madrid organizó un homenaje a su personalidad científica y humana, con intervenciones de Azcárate, Salillas y Sánchez Moguel. Su obra y pensamiento fue reivindicada por la Iglesia integrista, que destacaba su concepto de caridad basado en su religiosidad frente a la ideología liberal. Tanto, católicos como liberales, se aprovecharían de la figura de Arenal durante el siglo XX, a los que habría que añadir a las feministas. Pero, ya en 1993, durante el I Centenario de su muerte, fue estudiada sin apropiaciones interesadas y analizado en profundidad su pensamiento liberal y reformista. Su epitafio tiene grabado el lema póstumo: "A la virtud a una vida y a la ciencia".
 
ESTATUA A ARENAL EN ORENSE, POR ANICETO MARINAS (1898)

Ideal de la Hispanidad


La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten la lengua española (o castellana) y poseen una cultura relacionada con España. En ella se incluyen 29 naciones y algo más de 472 millones de personas, en África, América, Asia, Europa y Oceanía.

El Día de la Hispanidad es el 12 de octubre de 1492, día del descubrimiento y llegada de los primeros españoles a América. Esta fecha marca el nacimiento de una nueva identidad producto del encuentro y fusión de los pueblos y culturas indígenas existentes en el continente americano y en España.

El concepto de la Hispanidad se fue desarrollando como un movimiento filosófico, histórico y cultural que integra a todas las naciones y etnias de habla hispana a ambos lados del Atlántico. No incluye ninguna nota racial que pueda señalar diferencias poco agradables entre los diversos elementos que integran a las naciones hispánicas. Todas ellas han heredado un patrimonio común, transmitido por antepasados comunes, aunque luego cada una haya aumentado su herencia con nuevos bienes y nuevas glorias, que constituyen el patrimonio intangible y soberano de cada una de las naciones hispánicas.

La Hispanidad reúne a todos los pueblos hispánicos este aspecto agradable y simpático de nuestra gran familia de naciones, aunque con distintos nombres y significaciones.
 
BANDERA DE LA HISPANIDAD


El primer antecedente de la Hispanidad fue ideado por Ramón de Basterra y Zabala, considerado la voz del futurismo, trabajó como vate oficial de la revista Hermes.

A través de su poesía fue manifestando Basterra su peculiar arte e  ideología. Su deseo de renovación española tras el desastre del 98 y la liquidación de las últimas colonias del Imperio, su ideal de nuestra cultura vinculada a Roma, el concepto de la hispanidad, en suma, de todos los pueblos de la Península y de América, hermanos en lengua, fe y tradición: la SobreEspaña, antecedente de la Hispanidad que cincelarían años después Zacarías Vizcarra y Ramiro de Maeztu.

El ideal de vida representado en el siglo XVIII por los ideales Ilustrados y Liberales y que Basterra denomina Carlotercismo, refiriéndose al reinado de Carlos III, es el símbolo de la renovación española que el poeta propuso, puesto que para él, el esplendor de la cultura europea se produjo en el siglo XVIII, es decir, en pleno racionalismo.

La hispanidad que Basterra relataba en sus obras en prosa, como La obra de Trajano escrita en Rumanía, y Los Navíos de la Ilustración escrita en Venezuela, hacía referencia a los marinos ilustrados del siglo XVIII, hombres de ciencia y guerra, que llevaron en sus barcos los ideales liberales y progresistas con destino a las Américas. En estas obras, Basterra meditaba sobre la España imperial heredera de los valores de Roma.

En Los Navíos de la Ilustración Basterra empezó a transformar el panorama cultural. Basterra se encontró en Venezuela con los papeles de la Compañía Naviera Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728, y vio que los barcos del conde Peña Florida y del marqués de Valmediano, de cuya propiedad fueron después partícipes las familias próceres de Venezuela, como los Bolívar, los Toro, Ibarra, La Madrid y Ascanio, llevaban y traían en sus camarotes y bodegas los libros de la Enciclopedia francesa y de la Ilustración española. Por eso atribuyó Basterra la independencia de América al hecho de haberse criado Bolívar en las ideas de las Sociedades Económicas Amigos del País de aquel tiempo. Su error fue suponer que acaeció solamente en Venezuela lo que ocurría al mismo tiempo en toda la América española y portuguesa, como consecuencia del cambio de ideas que el siglo XVIII trajo a España.

Juan Ramón Jiménez comentaba de Basterra que:


"Se viste su uniforme diplomático, se echa a la Plaza de San Pedro en Roma, húmedo bloque central, y se pasea allí, columnas y fuente bajo los nublados cárdenos, siempre nostálgico de la palabra mujer española, buscando en los crepúsculos el brazo de Goethe como romano universal."


Eugenio d’Ors lo consideró imprescindible en la biblioteca de todo joven con ambiciones culturales, y Gerardo Diego lo incluyó en la edición de su antología canónica Poesía española contemporánea en 1934.


RAMÓN DE BASTERRA

La decimoquinta edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua (1925) explicaba que la voz Hispanidad era todavía un sinónimo de Hispanismo o modo peculiar de hablar español que se aparta de las reglas comunes.

En la llamada Generación del 98, cuyo origen estuvo en la pérdida de los restos ultramarinos del antiguo Imperio español (1898), la pregunta sobre nuestra identidad fue casi obsesiva. En la definición y desarrollo del ideal de la Hispanidad toman parte varios intelectuales, literatos y filósofos pertenecientes a esta Generación: Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra, Ramón de Basterra, Miguel Unamuno, Manuel García Morente, Eloy Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado, etc.

En enero de 1913, la Unión Ibero-Americana de Madrid, inspirada por su presidente
Faustino Rodríguez San Pedro, propuso instaurar el Día de la Raza
entendida como Fiesta de la Raza española y refiriéndose a los españoles de ambos mundos. Difundió unas hojas tituladas Fiesta de la Raza, en las que podía leer:
"Es aspiración fomentada por la Unión Ibero-Americana, y para cuya realización se propone efectuar activa propaganda en 1913, la de que se conmemore la fecha del descubrimiento de América, en forma que a la vez de homenaje a la memoria del inmortal Cristóbal Colón, sirva para exteriorizar la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados. Ningún acontecimiento, en efecto, más digno de ser ensalzado y festejado en común por los españoles de ambos mundos, porque ninguno más ennoblecedor para España, ni más trascendental en la historia de las Repúblicas hispano-americanas. De no haber sido ineludible el amoldarse a la organización oficial de los agasajos que se celebraron en honor de los Delegados ibero-americanos en las fiestas del Centenario de Cádiz, se hubiera celebrado el té con que les obsequió la Unión el día 12 de octubre en vez del 13, pues tal era el propósito de nuestra Sociedad, el de hacer coincidir con esta fecha el honor de recibir en ella a los emisarios ibero-americanos."


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


En 1917 la República de Argentina tomó la iniciativa y estableció durante la presidencia de Irigoyen la celebración del 12 de octubre como su Día Nacional "en homenaje a España, progenitora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua, una herencia inmortal". El Día de la Raza es el nombre que fueron recibiendo en un principio las respectivas fiestas nacionales de la mayoría de los países hispanoamericanos.

Al año siguiente, en 1918 el gobierno de Antonio Maura, durante el reinado de Alfonso XIII, hizo oficial el 12 de octubre el día nacional de España con el mismo término.

El primero en utilizar el término Hispanidad fue el sacerdote, radicado en Argentina,
Zacarías de Vizcarra y Arana, quien en 1926 propuso en Buenos Aires que se utilizarse el término Hispanidad para sustituir al de Raza, en el sentido de Día de la Raza, por el de Día de la Hispanidad, y obtuvo amplia difusión en los ambientes hispanistas. El argumento utilizado fue que:
"Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"
Para Vizcarra era importante definir las dos acepciones análogas de la palabra Hispanidad:
 
1-significa el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía. Era de índole geográfica.
 
2-expresa el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos católicos de estirpe y cultura hispánica. Tenía un carácter ético.
 
A Vizcarra se le atribuye la creación de la palabra Hispanidad, descrita en su publicación La hispanidad y su Verbo (1926) en Buenos Aires. Escribía en dicha publicación:

"de que no existe palabra que pueda sustituir a Hispanidad... para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás... significa, en primer, lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica."


Por esta definición, la inclusión del imperio portugués en la hispanidad parece clara, hasta porque no hay presencia española relevante en Oceanía, pero no es bien así. En 1936, el monseñor concretó que:

"...tenemos que España y su estirpe, es decir, toda la Hispanidad, debe cumplir todavía dos brillantes misiones en la Cristiandad, para salvar a la Humanidad en su más terrible crisis..."

 
ZACARÍAS VIZCARRA


No es extraño que fuese un portugués, Antonio Sardinha, quien pase por ser otro pionero en el uso de la palabra Hispanidad. Portugal nunca renegó de su condición hispana. El concepto de Hispanidad acuñado por Sardinha tendría su influencia en poetas iberoamericanos como Rubén Darío, y en otros hombres de la cultura como Sánchez Chocano y Menéndez Pidal. El vocablo Hispanidad surgía a semejanza de la palabra Cristiandad, para referirse a una comunidad de pueblos extendidos por todo el orbe cuyo origen común está en la península Ibérica.

Sin embargo, mientras que en unos textos Sardinha empleaba la palabra hispanidade en otros como en su obra Madre-Hispânia de 1924 habla de lusitanidade. Y en 1922, en su texto O Pan-Hispanismo, sin fijar la palabra, supo definir muy bien el concepto:

"O pan-hispanismo nos surge daqui, como conclusão lógica, constituído por dois elementos estruturais: o espanholismo e o lusitanismo, "voz clamorosa de la sangre contra el pan-americanismo" - foi como definiu o pan-hispanismo no ano passado, por ocasião da Festa da Raça, no seu famoso discurso no Teatro Real de Madrid, o conde de la Montera, D. Gabriel Maura Camajo, acrescentando em seguida que "los pueblos que no se agrupen en organizaciones más amplias que la sociedad nacional, sucumbirán bajo el imperialismo."



Uno de los pioneros defensores de la Hispanidad fue el filósofo y escritor Miguel de Unamuno y Jugo. Fue catedrático y rector de la Universidad de Salamanca y afiliado al Partido Socialista. En 1927, Unamuno publicó un comentario a la obra La restauración nacionalista, del argentino Ricardo Rojas, en el que con el término Hispanidad definía la comunidad de pueblos de habla española y encerraba en él "aquellas cualidades espirituales, aquella fisonomía moral, mental, ética, estética y religiosa".

 
Unamuno ya prefería referirse a la Hispanidad en lugar de Españolidad dejándolo escrito en un artículo, en él que afirmaba:
"Digo hispanidad y no españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania que abarca toda la Península Ibérica para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que han hecho el alma terrena y a la vez, celeste de Hispania”. Unamuno se sentía “doblemente español, por vasco y por español."

Unamuno presentó la creación de una identidad hispana como un proyecto a largo plazo, basado en la relación de diferenciación e integración que existe entre España y las otras naciones del mundo hispánico, destaca el papel primordial que desempeñó la lengua castellana en la construcción de esta identidad.

MIGUEL DE UNAMUNO

Mientras que Miguel de Unamuno razonaba el concepto de la Hispanidad de origen puramente español, y concretamente vasco, otro español y vasco llamado Ramiro de Maeztu lo lanzaba en su obra Defensa de la Hispanidad. Mientras Unamuno razonaba su concepto de Hispanidad como exiliado en Hendaya, Maeztu lo defendía como embajador en Buenos Aires.


Ramiro de Maeztu fue un observador de la realidad española, que sufrió el hundimiento de los negocios de su familia en Cuba cuando la isla se emancipó de España en 1898. Vivió el Desastre del 98 en primera persona. Desde la relativa distancia de ser hijo de inglesa, estar casado con una inglesa y haber vivido quince años en Inglaterra, el gobierno del general Primo de Rivera le nombró en 1928 embajador de España en la Argentina.

Allí tuvo ocasión de tratar con Zacarías de Vizcarra, el introductor en 1926 de la idea de la Hispanidad, de quien recibió gran influencia de su filosofía y de este movimiento cultural emergente. Pero es al regresar a España cuando Maeztu comenzó a desarrollar su defensa de la Hispanidad, precisamente el mismo año en el que se proclamó la República.

El 15 de diciembre de 1931, Maeztu fundó en Madrid la revista católica y monárquica Acción Española. En su primer número publica un artículo titulado La Hispanidad que comienza:
"La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"
"El 12 de octubre, (día del descubrimiento de América) mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad. El concepto Hispanidad debe comprender y caracterizar a la totalidad de los pueblos hispánicos."

A lo largo de 1932 y 1933 Maeztu fue definiendo su idea de la Hispanidad, que quedó materializado en la primavera de 1934, cuando editó su libro Defensa de la Hispanidad. Se trataba de una recopilación de artículos editados en la revista Acción Española. Aquella defensa influyó de manera determinante en la consolidación de una alternativa política hispánica frente a las pretensiones globalizadoras del comunismo soviético.

Para él, la Hispanidad es el resultado del Imperio español, una Monarquía misionera a la que el mundo designaba propiamente con el título de Monarquía católica.

"La Patria es espíritu. Ello dice que el ser de la Patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan."

Maeztu adoptó las dos acepciones geográfica y ética, que había propuesto con anterioridad Vizcarra, en un texto conciso y riguroso: 
"La Hispanidad aparece dividida en veinte Estados lo que no logra destruir lo que hay en ellos de común y que constituye lo que pudiera denominarse la hispanidad de la Hispanidad."

RAMIRO DE MAEZTU


Fernández de la Mora analizó el pensamiento hispanista de Maeztu, quien redujo el ideal hispánico a un pensamiento radical: "la igualdad esencial de todos los pueblos de la tierra". Esta tesis antropológica tiene un corolario ético: "los hombres son iguales en punto a libertad metafísica". Ambas aserciones laicas y racionales tienen una traducción religiosa y dogmática que, además, es católica: "todos los hombres si quieren pueden salvarse". Según Maeztu, lo propio de los mejores hispanos del Siglo de Oro español fue entregarse a la defensa de esa alta concepción del hombre.

Para Maeztu, la Hispanidad se debe emplear para referir también al pueblo portugués y al mundo lusófono, como lo hace con el pueblo español y al mundo hispánico, porque este concepto abarca a dos realidades históricas y culturales distintas: la lusitanidad y la españolidad.
"No veo inconveniente en aceptar la distinción entre hispanidad, lusitanidad y castellanidad. Más aún, creo que será necesario complementarla con otra: la de hispanidad y españolidad, porque hay españoles, como los vascongados, que no nos sentimos incluidos en la castellanidad, pero sí en la españolidad y más aún en la hispanidad..."

Advertía, Ramiro de Maeztu para lo siguiente:

"...estar siempre prevenidos de que hispanidad tiene dos sentidos: el más amplio, que abarca también los pueblos lusitanos, y el más restringido, que los excluye."



El 12 de octubre de 1934, Zacarías de Vizcarra aprovechó el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires en el teatro Colón para convencer de la consolidación necesaria en la idea de la Hispanidad, su origen, denominación y conceptos, tomando las ideas de Maeztu y que se concretaban en una declaración titulada Apología de la Hispanidad:
"América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que lo repudie."

A aquel congreso asistió el Arzobispo de Toledo y Primado de España Isidro Gomá Tomás e intervino en el mismo preguntándose qué era la raza hispana:

"Se ha llamado a este día, 12 de Octubre, el día de la raza. ¿De qué raza? ¿Qué es la raza? La raza, la hispanidad, es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. 
Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia,… de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal. 
La hispanidad es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad…, es el temperamento moral e histórico español, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española…"


DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, 12 DE OCTUBRE DE 1492


Finalmente, el 12 de octubre de 1935 fue celebrado en Madrid como nuestra Fiesta Nacional con el nombre de Día de la Hispanidad. Ramiro de Maeztu pronunció un discurso en la Academia Española de la Lengua sobre el descubrimiento y la colonización de América. Y con el título El Día de la Hispanidad publicó un artículo en el número inaugural de Hispanidad, revista quincenal cuyo primer número está fechado precisamente el 12 de octubre de 1935. En el segundo número de esa revista puede leerse:
"La conmemoración de la fiesta de la Hispanidad. Con gran brillantez se ha celebrado este año el día de la Hispanidad. Toda España se ha sumado a su conmemoración. Y no solamente en España. En América, ni qué decir. En cuanto al extranjero, allí donde existe un núcleo de españoles se han reunido y han brindado por la cultura española." (Hispanidad, nº 2, 1 noviembre 1935, pág. 26.)

Ese mismo día de la Hispanidad, en Sevilla, se inauguró el XXVI Congreso Internacional de Americanistas.

El día siguiente, 13 de octubre de 1935, se inauguró una estatua del Cid Campeador en el centro de Buenos Aires con la presencia del presidente de Argentina, del embajador de España y de otras representaciones. Pronunciaron los obligados discursos oficiales dos oradores que no llevaban apellidos de origen español pero que supieron sentir y proclamar el ideal de la Hispanidad.

El historiador argentino Ricardo Levene explicó el significado de la presencia del Cid en América:

"El concepto espiritual de la hispanidad es común a todos los hispánicos, aunque no hayan heredado sangre española. Es una actitud acerca de la fidelidad, acerca de la defensa del desvalido, la dignidad del caballero y el honor del hombre; no sólo el honor exterior, que nace obligadamente en las relaciones con los demás, sino el honor íntimo o profundo, que tiene por juez supremo a la conciencia individual."
"Los héroes españoles e hispanoamericanos son de su noble linaje, que en América transvasó la desbordante vitalidad de la Edad Medía española, corriéndose impetuosamente por el tronco y las ramas la savia de la raíz histórica..."
"La hispanidad no fue nunca la concepción de la raza única e invariable, ni en la Península ni en América, sino, por el contrario, la mezcla de razas de los pueblos diversos que golpeaban en oleadas sobre el depósito subhistórico."
"La hispanidad ha dejado de ser el mito del imperio geográfico, no es forma que cambia, ni materia que muere, sino espíritu que renace, y es valor de eternidad: mundo moral que aumenta de volumen y se extiende con las edades, sector del universo en que sus hombres se sienten unidos por el lado del idioma y de la historia, que es el pasado. Y aspiran a ser solidarios en los ideales comunes a realizar, que es el porvenir."
Para la contemplación artística y enseñanza moral de los habitantes, la figura legendaria del Cid Campeador, hijo de nuestra directa España, duro, recio e indómito como las llanuras de Castilla que le vieron nacer, bravío guerrero de las gestas más mentadas al través de los siglos en los campos de batalla y docto en las Cortes ciudadanas, defensor del débil, paladín de la honra, libertador de pueblos, sostén del derecho y de la justicia, paradigma y síntesis, en fin, de las nobles, de las grandes, de las profundamente humanas virtudes españolas.



DEFENSA DE LA HISPANIDAD, POR RAMIRO DE MAEZTU


Un año después, en octubre de 1936, Ramiro de Maeztu fue asesinado en Aravaca (Madrid) por el bando republicano durante una saca de la cárcel de las Ventas tras el estallido de la Guerra Civil. La Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu volvió a publicarse en 1938, durante la guerra civil, y su idea sentó una de las bases ideológicas de la España levantisca y alzada contra quieres pretendían convertir España en una república comunista y subordinada a la Unión Soviética.

Miguel de Unamuno fue desposeído del cargo como rector de la Universidad de Salamanca por el Gobierno de la República al dar su apoyo al bando franquista. El 12 de octubre de 1936 tuvo un grave enfrentamiento con el general Millán Astray, solucionado rápidamente por la intervención de doña Carmen Polo de Franco. El 31 de diciembre de 1936, falleció en Salamanca el polémico, original, desbordante, a veces contradictorio, tanto en su pensamiento como en su actividad política, Miguel de Unamuno.

Durante ese mismo año del estallido de la Guerra Civil, otro gran español llamado Manuel García Morente desarrolló la idea de la Hispanidad también en Buenos Aires. García Morente simboliza la "índole íntima del hombre hispánico" en la figura del "Caballero Cristiano", y esa figura la toma de otro vasco que no es un vasco cualquiera: San Ignacio de Loyola. El caballero hispánico es simbolizado entre el caballero cristiano del vasco universal San Ignacio de Loyola y el hombre de acción que Baroja describe en Memorias.
MANUEL GARCÍA MORENTE


También el escritor, catedrático de literatura española en el Instituto del Cardenal Cisneros de Madrid y académico de la Lengua, Ernesto Jiménez Caballero dio su personal versión del término:
"Una palabra sacra y milenaria, de origen ibérico (Hispal o Hispan), la primordial Sevilla (desde donde se partiría para América recién descubierta). Hispal o Hispan, vocablo ibérico que garantizaría a Portugal y Brasil su iberismo y el resto del vocablo pura ‘latinidad’: el sufijo ‘latem’. Por consiguiente, sin necesidad de recurrir a la América ‘ibérica’ ni a la ‘latina’, esta última inventada por los celtizados franceses. La palabra Hispanidad es, por tanto, milenaria y sagrada. La empleó ya en el siglo I antes de Cristo -Hispanitatem- el cónsul Polion aplicada al español Quintiliano, y restaurada por los humanistas del renacimiento, como Filelfo y hasta el místico español Alejo de Venegas. 
El designar ‘Hispanidad’ como constelación espiritual superadora de la ‘Región’ y de la ‘Nación’, a base de lengua y literatura fue afirmado en 1909 por Miguel de Unamuno, seguido por el P. Zacarías de Vizcarra en 1926; defendido por Ramiro de Maeztu en 1934. Y consolidado por los Institutos de Cultura Hispánica en todo el mundo."

Tras el final de la guerra, el 12 de octubre de 1939 tuvo lugar en Zaragoza la celebración oficial del día de la Raza con una especial devoción a la Virgen en el día del Pilar, pero sobre todo como Día de la Hispanidad, símbolo de la nueva política interior y exterior. En esta celebración participaron representantes de algunas naciones hermanas.

Germán Vergara, encargado de Negocios de Chile encabezó el discurso:

"Las fiestas de la Hispanidad han tenido en Zaragoza un escenario incomparable. El significado profundo de las fiestas fue la compenetración íntima del homenaje a la Raza y la devoción de Nuestra Señora del Pilar, es decir, el símbolo de la unión cada vez más estrecha de América y España. Chile participa con fervor en el homenaje que se rinde a la Hispanidad y se enorgullece de su origen y de sus firmes tradiciones hispánicas."

Continuó Juan F. Marcos Aguirre, ministro plenipotenciario del Ecuador:

"En los albores de la España Nueva, de la España Fuerte, de la España Grande, ha tenido lugar con más significación y solemnidad que nunca la Fiesta de la Raza. El Ecuador, ante la significativa solemnidad de este día, no puede menos de sentirse íntima, profundamente unido a España en la ruta hacia el futuro enorme. Hacia la meta grandiosa y clara que expresa: Hispanidad."

En 1943 la celebración oficial en España del Día de la Hispanidad fue objeto de especial atención, por cuanto se vinculó a la reinauguración de la Ciudad Universitaria, destruida durante la guerra:

"Hoy, Día de la Hispanidad. Con la solemne inauguración de la Ciudad Universitaria y el curso académico 1943-44, se celebra el Día de la Hispanidad."

Aunque, legalmente, el Día de la Hispanidad no alcanzó reconocimiento en la España del franquismo hasta 1958, cuando un decreto de la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 estableció:

"Dada la enorme trascendencia que el 12 de Octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de Octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de Día de la Hispanidad."

En 1981, tras la instauración borbónica y en vigor la Constitución española de 1978, el Real Decreto 3217/1981, publicado en el primer Boletín Oficial del Estado del año 1982, refrendó el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad.

Pero en 1987, la Ley 18/1987 (BOE 241/1897) ratificaba como festividad nacional de España el día asociado al Descubrimiento, y establece el Día de la Fiesta Nacional de España en el 12 de octubre, frente a quienes pretendían elevar de categoría la conmemoración del 6 de diciembre, Día de la Constitución de 1978. Prescinde de la denominación Día de la Hispanidad, término desprestigiado entre una progresía resentida y revanchista que, en el mejor de los casos, estaba preparando las celebraciones del V Centenario sometida al yugo ideológico del Encuentro.

 
MAPA DE LA HISPANIDAD

Neoplatonismo judío de Avicebrón


Filósofo y poeta hispanojudío, Avicebrón influenció de gran manera en la Escolástica cristiana medieval, abarcando casi todas las ramas literarias con gran erudición. Su obra teológica La Fuente de la Vida fue la que tuvo mayor repercusión porque intentó adaptar las ideas del Neoplatonismo a la tradición teológica judía.


AVICEBRÓN


Avicebrón, cuyo nombre judío es Salomón ben Yehuda ibn Gabirol nació en la judería de Málaga en 1020, por eso se firmaba en algunos de sus poemas como malaqí. Su nombre en árabe era Abú Ayyub Sulaymán ibn Yahya ibn Jabirul.

Vivió un periodo de revueltas producidas tras la muerte de Almanzor y la caída del Califato de Córdoba. Siendo niño se trasladó junto a su padre a Zaragoza, donde recibió su educación. De salud enfermiza y sin recursos económicos, pudo dedicarse al estudio y a la creación literaria gracias a la protección que, entre 1036 y 1040, le ofreció su mecenas Yekutiel ben Isaac, maestro de Talmud y visir judío del Mundir II de Zaragoza, a quien dedicó buena parte de sus poemas. También utilizó la poesía como medio de expresión de su tristeza y melancolía causada por la muerte de sus padres, quedando huérfano tan joven. En la Corte zaragozana recibió la influencia intelectual de al-Himmar.

Tras la caía de la dinastía de los tuyibíes de Mundir y el asesinato de Yekutiel en 1040, Avicebrón tuvo que buscar nuevos mecenas. En Granada encontró la protección del poderoso Samuel ha-Nagid, visir de Badis ibn Habus. Allí se encargó de la educación de su hijo Yosef durante unos años, hasta que las diferencias personales le hicieron regresar a Zaragoza. El enfrentamiento con sus correligionarios concluyó con su expulsión en 1045.

La última etapa de su vida la pasó en Valencia, al amparo de Nissim ben Jacob ibn Shanin. Allí sufrió un paulatino estado de debilidad física hasta su fallecimiento en 1560.

Avicebrón es el paradigma literario de la "España de las Tres Culturas", una convivencia de las religiones cristiana, judía y musulmana en la geografía peninsular de la Edad Media, permitiendo la conexión cultural entre ellas y su difusión mediante las traducciones en los tres idiomas latín, hebreo y árabe.

El pensamiento filosófico de Avicebrón se configura a partir del Neoplatonismo de Filón y de Plotino, de la Escuela de Abenmasarra, de las obras teológicas de Aristóteles, la teología árabe y el monoteísmo y moralismo judío-bíblicos.

Fue autor de numerosos panegíricos y elegías, pero también cultivó la sátira y el autoelogio, géneros habituales entre los poetas árabes de su tiempo, pero no entre los hebreos. Alternó la producción lírica con la filosófica y cosmogónica. Sus proverbios y máximas eran citados de vez en cuando bajo su nombre latinizado de Avicebrón.



ESTATUA DE AVICEBRÓN EN MÁLAGA


Su poesía religiosa es de carácter neoplatónico y místico, ensalzando la fusión del alma humana con lo infinito y la unión mística con Dios, muchas de las cuales han pasado al ritual de los judíos sefardíes. A este género innovó nuevas formas métricas, introduciendo en hebreo la variedad de metros árabes. Por su aportación a la lírica medieval, Avicebrón tiene una importancia capital en la literatura medieval hispánica, creando un novedoso modelo de escribir poesía que fue imitado por los literatos sefarditas.

La principal obra lírica en este sentido es el extenso poema místico Corona real, escrito en hebreo Keter Malkut y traducido al árabe Mekor Hayyim, en el que resumió de forma lírica su pensamiento teológico. Se trata de una especie de ascenso progresivo hacia las cimas de lo divino, que supone una síntesis entre las creencias tradicionales judías (Salmos) y la metafísica neoplatónica, con grandes aportaciones de astronomía árabe. En este lírico itinerario hacia Dios, efectuó una impresionante reflexión filosófica de la grandeza y poder de Dios al contemplar su universo creado, pero lamentada el déficit moral del ser creado humano.

Para llegar a este modelo lírico, Avicebrón partió de formas clásicas, que utilizó a los dieciséis años cuando escribió su primera obra El collar, Anaq. Es un elogio a la lengua hebrea, considerada como la única digna para la elaboración de poesía.

La Selección de perlas es una colección de sentencias morales, escrito en hebreo Azharot, y traducido al árabe Mukhtar al-Giawahir. Utilizó una forma métrica clásica de la lírica sefardí conocida como piyut, popularizándose estos versos hasta la actualidad de tal manera que son cantados por la comunidad hebrea en diversas ceremonias.

La poesía secular de Avicebrón fue más innovadora que la religiosa, debido a que incorporó estrofas de origen árabe, hasta entonces no utilizadas en poesía hebrea, con la consiguiente originalidad. Esto hizo en uno de los más bellos versos de la cultura sefardí Bi-Ymei Yekuti'el Asher Nigmaru, dedicado al asesinato Yekuthiel, su mecenas en Zaragoza:
Fíjate en el sol al atardecer, rojo como revestido de un velo de púrpura; va destapando los costados del norte y el sur, mientras cubre de escarlata el poniente; abandona desnuda a la tierra al buscar en la sombra de la noche albergue y cobijo; en ese momento el cielo se oscurece, como si se cubriera de saco por la muerte de Yekutiel.

Además cultivó la poesía homoerótica, sobre el amor, la belleza, los placeres, etc; habitual entre los poetas judíos y musulmanes coetáneos de Al-Ándalus.

El tratado El perfeccionamiento de las cualidades del alma, escrito en lengua árabe Kitab Islah al-akhlaq, es de carácter ético y moral, pero de orientación ascética.

La otra gran obra de Avicebrón es el tratado Libro de la corrección de los caracteres, escrito en 1045 en lengua árabe con el título Tiqqun Middot ha-Nefes, y un siglo más tarde fue traducido al hebreo Tikkun Middot ha-Nefesh. Es un tratado que establece un sistema ético y moral para el comportamiento del hombre.

También ha recaído la autoría sobre Avicebrón del Sefer Al ha-Nefesh (conocido a partir de su traducción latina, Liber de anima) y de la colección de Mihvar Peninim.



ESTATUA DE AVICEBRÓN EN ISRAEL


Pero la principal obra filosófica de Avicebrón es el tratado neoplatónico La fuente de la vida, escrito en árabe como Yanbu´ al-hayat, traducido al hebreo como Meqôr hayyîm y al latín como Fons vitae en 1150. Fue concebido en forma de diálogo entre el maestro y el discípulo, sobre el origen y la constitución de los seres. Basada en Salmos XXXVI, está dividida en cinco tratados:
1. explicación inicial de las nociones de forma y materia universal
2. descripción de la materia espiritual subyacente bajo las formas corporales
3. demostración de la existencia de las sustancias simples
4. análisis de las formas y materias de las sustancias simples
5. análisis de las formas y materias universales que existen en sí mismas

Fuente de la vida fue in intento de adaptar las ideas platónicas a la tradición filosófica hebrea. A pesar de su identidad judía, tuvo más repercusión en las culturas islámica y cristiana que en la hebrea, lo que explica que los escolásticos creyeran durante siglos que su autor fuese un filósofo árabe. Es significativo que no contenga referencias textuales ni a la Biblia cristiana ni al Pentateuco y el Talmud judíos, pero son perceptibles las influencias de la religión hebrea, del Aristotelismo y del Neoplatonismo.

Su mérito está basado en ser la primera obra que expuso de forma sistemática la doctrina del Neoplatonismo en la Europa medieval. Fue traducida al latín por Juan Hispalense y Domingo Gundisalvo, dos reputados traductores de la Escuela de Toledo. Desde entonces, esta obra ejerció una notable influencia sobre la Escolástica cristiana medieval y en pensadores como Guillermo de Auvernia, Alejandro de Hales, San Buenaventura y Juan Duns Scoto, quien tenía en el pensamiento de Avicebrón uno de sus principales referentes de conocimiento. Por el contrario, la escuela dominicana, hegemónica en la Escolástica con Alberto Magno y Tomás de Aquino como máximos exponentes, fue crítica con el Neoplatonismo de esta obra. Por eso, el pensamiento neoplatónico de Avicebrón fue eje de debates entre los franciscanos platónicos y los dominicos aristotélicos durante la Baja Edad Media. Durante la Edad Moderna, también ejerció influencia en el Panteísmo de escritores como Giordano Bruno, Benito Spinoza y Jourdain.

Su cosmovisión está influenciada por el Emanantismo de Plotino. Partía del concepto de materia universalis: la materia universal es el substrato de todo lo que existe en el universo. Esta idea es la aportación más original de la filosofía de Avicebrón, lo que explica que Ernst Bloch le haya incluido en lo que él llama “izquierda hegeliana”. Pero la materia universal concebida por el filósofo hispanojudío no se limita al mundo físico (substancias corpóreas), sino que incluye también la existencia espiritual (substancias simples). La materia spiritualis sirve de eslabón entre la substancia divina y la substancia física. Esta otra idea está muy próxima al concepto de “materia noética” o “materia divina” de Plotino.

Por tanto, la universalidad de la materia se puede reducir a tres categorías: substancia primera, materia y forma, mundo físico; abarcando desde las más altas formas de la espiritualidad a los más bajos límites del mundo terrenal. Pero cuanto más se aleja la materia de su primer origen, menos espiritual es.

La metafísica de Avicebrón sostiene que Dios es la factor primus (primera realidad) del universo, es simplicidad y unidad absoluta y posee forma de ser humano. De él derivan los factor factus (resto de los seres), que son múltiples y compuestos, por creatio ex nihilo (creación de la nada). La materia y la forma son los elementos creados por Dios desde la eternidad, externo a su ser.

La materia es pura posibilidad, divisible y múltiple, subsistente por sí, y tiene la función de sostener las formas; la forma, por el contrario, subsiste en la materia, y tiene la función de dar a las cosas su propio ser y de perfeccionar su esencia. Por tanto, la materia es el género que comparten los seres, la forma es el principio de diferenciación entre todos ellos. Los seres están definidos como materia dotada de forma (materia informada), y ordenados según una escala de nivel de perfección (distancia con respecto a Dios).