Determinismo de Domingo Bañez


Aunque también cultivó la filosofía y el derecho, fue uno de los principales teólogos españoles del siglo XVI, defensor del Tomismo y de la enseñanza tradicional escolástica. Pasó a la historia del pensamiento español por liderar a los dominicos en relación con la libertad de acción humana y predestinación divina frente a los jesuitas de Luis de Molina, en la llamada Controversia de Auxiliis.


DOMINGO BÁÑEZ


Domingo Báñez nació en Valladolid, en 1528. A los 15 años comenzó a estudiar artes en la Universidad de Salamanca. En 1546, ingresó en el convento de San Esteban de Salamanca, centro de gran prestigio por la presencia de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, entre otros. Tras ingresar en la orden de los dominicos, estudió teología entre los años 1548 y 1552, teniendo por maestros a Diego de Chaves, Melchor Cano, Pedro de Sotomayor o Domingo Cuevas, y por discípulo a Bartolomé de Medina.

En 1552, con 24 años de edad, comenzó a enseñar artes en San Esteban. Entre 1555 y 1561, profesó la teología como lector, tras lo cual recibió el grado de licenciamiento de la orden.

En 1565, fue destinado a la Universidad de Ávila, en el convento dominico de Santo Tomás. En esta ciudad conoció a Teresa de Jesús, a la que asesoraba en sus proyectos reformadores y a la que aconsejó que escribiese su Camino de Perfección. Durante toda la vida mantuvo muy cordiales relaciones con la insigne fundadora.


Durante algunos años, fue pasando por varios centros como rector: el Colegio de San Gregorio de Valladolid en 1569, el Colegio de Santo Tomás de Ávila en 1570, el Convento de San Esteban de Salamanca en 1571, y , de nuevo, el Colegio de San Gregorio de Valladolid en 1573.

En 1576, fue sometido a una investigación por parte del tribunal de la Inquisición debido a razones disciplinares. Las sospechas inquisitoriales debilitaron el ánimo y la salud de Báñez, aunque todavía tuvo fuerzas para opositar a la cátedra de Durando. En esta ocasión, triunfó sobre su oponente, Juan de Guevara, convirtiéndose así en catedrático con 49 años y ocupándose durante cuatro años.


En 1580, Báñez ganó la cátedra de prima de Teología, la más prestigiosa de la Universidad de Salamanca, que profesaría hasta 1599.

Durante estos años, Báñez trabajó en la Reforma gregoriana del calendario. Además, publicaba sus obras principales, la más notable fue una serie de comentarios escolásticos de la Suma teológica de Santo Tomás, que reunió en sus Decissiones de iure et iustitia (Decisiones de ley y justicia).

De nuevo, Báñez sufría un proceso inquisitorial, después de que fray Luis de León denunciase que algunas de sus afirmaciones sobre la eucaristía conducirían al error de Lutero. Pero tampoco en esta ocasión Báñez resultó condenado. Y tal era su prestigio por estos años que se ganó la confianza del propio Felipe II.


DECISSIONES DE IURE ET IUSTITIA


Báñez pasó a la historia del pensamiento español por liderar a los dominicos acerca de la libertad de acción humana en relación con la libertad y predestinación divinas que promulgaban los jesuitas de Luis de Molina, en la llamada Polémica de Auxiliis. Los dominicos de Domingo Báñez apoyaron que Dios, como ser absoluto, infinito y omnipotente, no puede tener límite en su voluntad.

Por eso, criticó la idea de concausalidad o concurso simultáneo, que defendía un concurso divino previo y determinante que mueva físicamente a la causa segunda y la aplique al acto, a la manera de un artesano (causa primera) que mueve una herramienta (causa segunda). Según esta concepción tradicional, toda acción buena tiene como causa eficiente a Dios, quien mueve al hombre a su realización, y este 
coopera a la acción con causalidad subordinada a la de Dios. El hombre es libre, porque libremente acepta secundar a Dios, y si la moción divina es eficaz.

Por reacción contra la doctrina luterano-calvinista que negaba toda acción libre del hombre, Báñez afirmaba la libertad humana en su esencia. Para Báñez, cuando Dios mueve al hombre hacia algo, necesariamente el hombre se mueve libremente hacia ello. Tanto Dios como el hombre concurren como causas eficientes coordenadas; el efecto resultante, es decir, que la moción divina consiga o no el efecto depende de la libertad de acción humana. La predestinación se realiza en previsión de los méritos.

Molina y Báñez también entendieron de diferente modo la distinción teológica tradicional entre gracia suficiente y gracia eficaz. Para Molina la gracia suficiente puede ser eficaz o ineficaz dependiendo del libre arbitrio: si el hombre se decide a obrar de acuerdo a la gracia suficiente, ésta se convertirá en eficaz, y en caso contrario, será gracia ineficaz.

Mientras que para Báñez la gracia suficiente no es suficiente para que el hombre se convierta, sino que tan sólo inspira al hombre el recto camino. Por ello, el hombre necesita otro auxilio eficaz para su conversión. Sin embargo, aunque la gracia suficiente no sea suficiente para la conversión del hombre, el simple hecho de haberla recibido hace que el hombre sea culpable por haber permanecido en la infidelidad, aunque la gracia suficiente no baste para su conversión.

Su salud sufrió grandes quebrantos a causa de la gran contienda, por lo que Báñez se jubiló en 1599, retirándose a morir al convento de San Andrés en Medina del Campo. Allí expiraría el 22 de octubre de 1604, sin llegar a conocer si el pontífice romano en su veredicto final se habría de mostrar favorable a sus tesis o, por el contrario, a las de Molina.




COMMENTARIA THOMAE


El padre Báñez no gozó en su tiempo fama de escritor castizo, pero sí de poseer claro talento natural y envidiable memoria, unidos a una profunda erudición teológica y filosófica. 
Muchas de sus obras fueron publicadas casi simultáneamente en varias ciudades europeas como Venecia, Roma, Bolonia, Duaci, Lyon o Colonia.

En sus obras teológicas no abordó tesis novedosas, sino que simplemente se dedicó a comentar de manera personal las doctrinas aceptadas hasta el momento. Sin embargo, lo hacía en un estilo brillante y claro. La profundidad de la metafísica, la lógica del discurso y la persuasión del silogismo lo convierten en uno de los grandes genios de la historia de la teología. Su genio metafísico supera el de sus maestros, tanto es así que Diego de Chaves, al criticar los Comentarios de Báñez, expuso que:
"Me parece que al Angélico doctor Tomás de Aquino le ha nacido un intérprete digno de él. Un doctor máximo ha conseguido también un máximo comentador."
Ocupa lugar preeminente en la historia de la filosofía española, y entre sus escritos sobresalen:

Scholastica commentaria in lam partem angelici doctoris D. Thomae usque ad 64 
quaestiones (Salamanca, 1584)

Scholastica commentaria super caeteras lae partis quaestiones (Salamanca, 1588)

Scholastica commentaria in IIam IIae... usque ad quaestiones 
XLVI (Salamanca, 1584)

Scholastica commentaria in IIam IIae a quaestiones 
LVII ad LXXVII... (Salamanca)


Relectio de merito et augmento charitatis anno MDLXXXIX Salmanticae in vigilia pentecostes solemniter pronuntiata (Salamanca, 1590)

Institutiones minoris dialecticae e In Aristotelis dialecticam (Salamanca, 1599)

Respuesta contra una relación compuesta por los padres de la Compañía de Jesús de Valladolid (Medina del Campo, 1602, Ávila).

Algunos autores le suponen autor de un tratado de Premoción fisica, generalmente atribuido a Santo Tomás.