Conciencia común de España en la Edad Moderna


El origen común en el Reino hispano-visigodo y el enfrentamiento contra el Islam dio a los cristianos hispanos la conciencia de pertenecer a una comunidad humana superior a los reinos, llamada España. Esta identidad común hispánica y el entusiasmo por la reunificación de la España perdida produjeron el efecto de la unión de monarquías en 1469 mediante la unión matrimonial de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos del linaje castellano de Trastámara.

La Corona de Castilla englobaba formalmente una pluralidad de reinos, unos configurados en la Edad Media (León, Galicia, Castilla) y otros ganados a los musulmanes entre los siglos XI y XIII (Toledo, Sevilla, Córdoba, Murcia y Jaén). Todos ellos evolucionaron en un sentido netamente unitario y la mayoría se gobernaban por la misma ley y se representaban en unas únicas cortes.

La Corona de Aragón constituía una confederación de territorios heredados (reino de Aragón y condados de Cataluña) y conquistados o dominados militarmente durante el siglo XIII (reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia y Cerdeña) que poseían diversas leyes e instituciones particulares.

En el siglo XV, la autoridad del rey en Castilla estaba más limitada de hecho que de derecho por el enorme poder de la nobleza terrateniente y de las grandes ciudades, ya que la tradición goticista había inspirado un autoritarismo regio expansivo y unificador, reforzado por la aceptación bajomedieval del derecho romano, donde la voluntad del rey dictaba la ley sin muchas restricciones. Por el contrario, en los reinos orientales se había desarrollado un vigoroso foralismo "pactista" y las relaciones mutuas rey-reino se articulaban legalmente a través de las asambleas parlamentarias (cortes, parlamentos) y de sus comités permanentes (diputaciones, generalidades).


EXTENSIÓN TERRITORIAL DE ESPAÑA CON LOS REYES CATÓLICOS


Si en el Concilio de Constanza, de 1414, se había definido la natio hispana como una de las estructuras representativas y reconocidas por los padres conciliares; en el Concilio de Basilea, apenas dos décadas después, el obispo burgalés Alonso de Cartagena había realizado una notable actividad argumentativa sobre la historia de España, poniendo énfasis en la exposición de sus reyes como coronimia referible a épocas pretéritas muy diversas.

El humanista Rodrigo Sánchez de Arévalo escribió el Compendio historia hispánica en 1470, la primera historiografía de carácter humanista que estaba dedicada a la Edad Antigua, en donde el concepto de España giraba en el centro de la argumentación narrativa. Otros humanistas y discípulos suyos fueron Diego Rodríguez de Almela o Alonso de Palencia, los cuales continuaron el proceso de asentamiento de una puesta en valor de la España histórica.

Españoles se sentían todos los habitantes de la península que los romanos habían denominado "Hispania", como una referencia histórico-geográfica evidente y prestigiosa para todos sus habitantes.

El obispo gerundense Juan Margarit enaltecía la terminación de la Reconquista, que había acabado con la presencia musulmana que provocó "el gran reino de España tanto oprobio y daño". Y de los Reyes Católicos dijo: "Con vuestro enlace matrimonial habéis devuelto (a España) aquella unidad que desde los tiempos de los romanos y de los visigodos había pedido".

El humanista sevillano Nebrija escribió que "todos los miembros separados de España se unieron en un solo cuerpo". Y fray Íñigo de Mendoza agradecía a Dios porque "soldaste las quebraduras de nuestros reynos de España". El portugués Camoes afirmó que "castellanos y portugueses, españoles somos todos", mientras que el tortosino Cristófer Despuig insistía en 1557 que Cataluña "no sols es Espanya mas es la millor Espanya". Amabas citas son explicadas por R. García Cárcel en El concepte d´Espanya als segles XVI i XVII.

El bachiller Palma, por su parte, manifestaba su entusiasmo con estas palabras:
"Agora alçad los ojos, tened los rreynos, ensanchad la tierra, derrocad los valles, tirad los puertos, pasad las lindes e monjes. ¡Quién vido a Espanna, un rreyno, un prinçipado tan grande! ¡Qué unión maravillosa! ¡Qué sacramento tan grande!"

GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, POR ANTONIO NEBRIJA


Sin embargo, los reyes Isabel y Fernando se plantearon en el seno del Consejo Real de 1479 la cuestión del título que debían ostentar, proponiendo algunos de sus consejeros que se aplicase el título de reyes e señores de España. De hecho estuvo en su pensamiento adquirir tal título al abarcar entre ambos monarcas la inmensa mayoría del espacio peninsular. Frente a esta opción modernizadora, prefirieron continuar con la tradición medieval consistente en enunciar las distintas unidades territoriales integradas en sus coronas. Así lo explica la Crónica de Fernando del Pulgar, sobre cómo se se intitulaban los Reyes Católicos:
"Platicase asymismo en el Consejo del Rey e de la Reyna cómo se debían intitular; e como quiera que los votos de algunos de su Consejo eran que se yntitulasen reyes e señores de España, pues subçediendo en aquellos reynos del rey de Aragon eran señores de toda la mayor parte Della, pero determinaron de lo no hazer, e yntituláronse en todas sus cartas en esta manera: “Don Fernando e doña Isabel, por la graçia de Dios, rey e reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Cecilia, de Toledo, de Valençia, de Galicia, de Mallorca, de Seuilla, de Cerdeña, de Córdoua, de Córcega, de Murcia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, de Gibraltar, conde e condesa de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, duques de Atenas e de Neopatria, condes de Rosellón e de Cerdania, marqueses de Oristán e de Giçiano."
En cambio, otros cronistas los titularon reyes de España en sus textos, como Andrés Bernádez, Mártir de Anglería o fray Fernando de Talavera.

En 1480, el historiador y humanista Diego de Varela ofreció su Crónica abreviada de España a la reina Isabel, la presentaba como una solución híbrida entre la práctica medieval y la innovación unificadora: "doña Isabel, reyna de Espanna, de Seçilia e de Cerdeña, duquesa de Athenas, condessa de Barcelona". Escribió sobre los Reyes Católicos:
"Es profetizado de muchos siglos acá que no solamente seréis señor de estos reinos de Castilla y Aragón, que por todo derecho vos pertenecen, más avreis la monarchia de todas las España y rreformays la silla Ymperial de la ínclita sangre de los godos donde venis, que de tantos tiempos acá está esparzida e derramada."

REYES CATÓLICOS EN LA RENDICIÓN DE GRANADA


De esta manera, en las primeras décadas de la Edad Moderna, España innovaba un concepto de sí misma basada en un proyecto político, en muchos casos manifiesto de una preexistencia histórica. Era la constatación de una realidad política, "la monarquía de todas las España", la que exigía el conocimiento histórico de su evolución política precedente.

Esta concepción histórica de dos Españas, la del presente de los Reyes Católicos y la del pasado de los reyes visigodos, fue referida por D. Rodríguez Almela en su obra Letra sobre los matrimonios de los reyes:
"Los vemos reyes e señores monarcas de toda España en uno con la provincia de Tanjar hasta los Montes Claros, como lo fueron los nobles reyes godos de España pasados, sus progenitores."
El cronista Bernáldez reivindicó un concepto político de una España engrandecida comparándola con lo que había significado Roma. Vinculaba así la perspectiva histórica pasada y la realidad política de su tiempo, al establecer equivalencias entre lo que significaba España en su tiempo y lo que significó Roma en su máximo apogeo:
"Ansí como Roma en su imperio floresció en tiempos del emperador Octavio Augusto, que fue en tiempo del nasçimiento del Nuestro Redemptor, que poco menos fue é señor de todo el mundo, e fueron numeradas e obedientes a su imperio en aquel tiempo noventa mil y trezientas y cochenta çiddades, dexando los otros lugares e lo tuvo todo en paz e obediencia de Roma e suya el tiempo que vivió, e Roma fue entonçe más triunfante que antes ni después, ansí España fue en tiempo destos bienaventurados rey e reina don Fernando e doña Isabel durante el tiempo de su matrimonio, más triunfante e más sublimada, poderosa, temida y onrrada que fue."
Desde el punto de vista de la estructuración interna del territorio de la Monarquía hispánica, se trataba de una reunión de diversas realidades históricas y políticas con un carácter federativo, que en cualquier caso hacía posible una cierta idea de nación de la Edad Moderna. Esta idea era comparable a otros perfiles nacionales europeos como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, que durante los siglos XV y XVI surgieron como realidades emergentes de integración política y territorial.

Esta concepción fue expresada por el filósofo Baltasar Gracián en referencia a lo que él entendía como Monarquía de Fernando el Católico:
"La monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, assí como es menester gran capacidad para conservar, assí mucha para unir."
El carácter federativo de la España de los Reyes Católicos constituía una integración de realidades heterogéneas. Anglería puso de relieve una idea de coordinación compatible a una situación diferente: "el rey y la reina que gobiernan las dos España con perfecta justicia".

Y lo mismo quiso decir el gran humanista Antonio de Nebrija en el prólogo que dedicó a Isabel la Católica "Reina i señora natural de españa e las islas de nuestro mar", en su Gramatica de la lengua castellana de 1492:
"I assi crecio hasta la monarchia e paz de que gozamos, primeramente por la bondad e prouidencia diuina, despues por la industria e trabajo e diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna e buena dicha de la cual los miembros e pedaços de España que estauan por muchas partes derramados, se reduxeron e aiuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazon del cual assi esta ordenada que muchos siglos, iniuria e tiempos no la podran romper ni desatar."
Nebrija entendió a la Monarquía hispánica como un conjunto de "miembros" que formaban un solo “cuerpo” unido e irrompible tras siglos de Reconquista. Esta era la visión compartida por los Reyes Católicos, que fundamentaron la unidad sobre la diversidad en buena medida del pensamiento corporativo del Medievo cristiano. Y esta diversidad en la unidad es la que también explica que muchas veces se hable de España en plural: "las Españas".



ESCUDO DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL COLEGIO SAN GREGORIO DE VALLADOLID


Otro reflejo claro de tal concepción se encuentra en el escudo de armas de Isabel y Fernando, en el cual se integran las armas de los distintos territorios, protegidos por las alas del águila de San Juan Evangelista.

Más allá del carácter heterogéneo, España se proyectaba como una sola entidad política en la dimensión internacional. Así lo expresó Rodrigo Fernández Santaella a su reina Isabel:
"A vos por quien vuestros reynos han sido restaurados y reformados en todos los estados a la integridad de la fe y de la religión y sanctas costumbres por quien España ha recobrado la corona, fama y gloria entre todas las naciones."
La consolidación del concepto de España en la Edad Moderna fue debido a su dimensión internacional que adquirió durante las Guerras de Italia contra Francia. Las fuerzas militares de los Reyes Católicos gritaban "España, España" en la envestida al enemigo. Existen varias referencias hechas por Bernáldez a propósito de las campañas italianas cuando aludía al "exercito de España", "armada de España" o al general Gonzalo Fernández de Córdova como "onrra de España".

Dado el relieve internacional que fue adquiriendo la Monarquía hispánica, el concepto de la España moderna fue tomando parte por extranjeros. Entre los principales viajeros y diplomáticos que visitaron la corte regia en las últimas décadas del siglo XV, también usaron la expresión rey, reina o reyes de España, como por ejemplo Nicolás Popielovo o Jerónimo Münzer. Este último en su memoria del viaje se refería a los "reinos de España" como un agregado de distintas unidades políticas, haciendo juicios positivos sobre la realidad del momento en frases como "España florece en la mayor tranquilidad, y no hay por qué temer revueltas", o aludiendo a Isabel y Fernando como "los salvadores de toda España".



TERCIOS DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA EN ROCROI, POR FERRER-DALMAU


Esta concepción política de España fue percibida especialmente por italianos. Francesco Guicciardino valoró la coordinación castellano-aragonesa bajo la autoridad de Fernando, al que refirió como rey de España: "Comune era il titolo di re di Spagna, comunemente gli ambasciatori si spedivano, comúnmente gli eserciti si ordinavano."

Los italianos vieron en España un proyecto integrador, en contraste con una Italia descompuesta en diferentes reinos y repúblicas que, además, se disputaban Francisco I de Francia y Carlos I de España.

Según Pedro Mártir de Anglería: "Italia se desangraba en opuestas tendencias, mientras que España estaba completamente unificada." Llegó a afirmar en una epístola que "creo que actualmente España es el único país feliz", y en otra incluso que "no quisiera vivir en ninguna otra parte, de no ser en España".

El cronista aragonés Vagad ofreció un extenso testimonio en su obra histórica sobre la incorporación de un concepto político de España, como realidad tangible plenamente asumible desde la perspectiva aragonesa. Reivindicó un liderazgo político internacional, "que bien hoy tenga la Hespaña el ceptro y regimiento del mundo…, pues quién dexara de reconocer y sentir que la sola Hespaña es hoy el reparo, salud, esperanza, remedio y la vida de toda nuestra cristiandad?"

Y entre los pontífices también dieron tratamiento de reyes de España, como Inocencio VIII o Alejandro VI. Este último, en 1496, entregó a Isabel y Fernando un título papal con la distinción de Reyes de las Españas Catolícos, por su esencial apoyo en su conflicto con Francia.



CARLOS V Y FELIPE II


Durante el discurso de Carlos V en las Cortes Castellanas de 1534 celebradas en Madrid, el emperador resaltaba el papel de los españoles en el Ejército imperial, que aunque la participación en número no era grande, la calidad de aquellos Tercios de Infantería los convertían en los mejores soldados de su ejército:
"...porque aunque el número de los ejércitos que S.M. (su majestad) juntó para resistir y ofender al dicho enemigo (se refiere a los turcos), como se hizo, fuese grande, la que tenía de la Nación española daba mucha reputación y ánimo a toda la demás y ponía temor a los enemigos, y fue de las primeras en seguir y alcanzar los que de ellos fueron muertos, desbaratados y perdidos por tierra..."
Los Austrias Mayores, Carlos V y Felipe II, se intitularon Reyes de España o de las Españas, como se observa en varios sellos. También Felipe II utilizó, además de la larga lista de territorios en su intitulación, esa otra de "Philippus Hispaniarum Princeps" o "Philippus, Dei gratia Rex Hispaniarum...."

Durante los siglos XVI y XVII, varios historiadores denominaron a España con términos como "Monarquía Católica" y "Monarquía Hispánica", haciendo referencia a la fe sobre la que se asienta la Monarquía y la Universalidad. Porque, en tiempos donde el Imperio español no se ponía el Sol, tanto Catolicidad como Hispanidad eran conceptos que expresaban Universalidad.



BANDERA DEL IMPERIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA